En el nombre de la rosa
El eco de un Umberto, que resonará siempre entre nosotros, me hace recordar otras rosas y otros ecos de hombres y mujeres que también se dejaban hechizar por el nombre de esa flor hermosa y espinada. Ciertamente ya no vivimos en el sórdido universo del siglo XIV que se describe en la exitosa novela, pero el turbulento ambiente de entonces tiene también su parangón en los tiempos que corren. Por tanto, -si me lo permiten- este micrófono cerrado se abre a una Rosa que pudo ser y no fue, y a un proyecto que fue pero ya no es… Mas la rosa es así.
Proceder de una centenaria formación cuyo emblema era una rosa (además del puño) y llamarse como tal, fueron desde un principio malos augurios para una brillante política vasca, que de súbito descubrió -ya entrada en años- su españolidad después de haber sido, entre otros muchos cargos, consejera de Turismo del Gobierno Vasco. Cualquier botánico lo sabe: las rosas florecen efímeras y su aroma sólo pervive en nuestra memoria, o en esos versos juveniles que tanta vergüenza causan a los poetas noveles.
Sin duda, UPyD se podría considerar un verso suelto de nuestra política, pero su autora, de nombre tan profético, no era una poetisa inédita precisamente, aunque sí muy personal. De esta suerte, su aparición supuso un chorro de aire fresco en un panorama político que ya olía a rancio, dominado por formaciones anquilosadas, donde la corrupción germinaba sin que se estremecieran los cimientos de la verdad oficial. Unión Progreso y Democracia apostaba por una España centralista e igualitaria, donde todos los españoles presuntamente fuéramos iguales en derechos, deberes y oportunidades. Y ya se sabe que la igualdad es la mayor de las utopías... Tan utópica como la rosa.
En Murcia, esta veleidosa flor dio también sus frutos, algunos de mucha talla, que a buen seguro hubieran merecido más fortuna. Hace cinco años, UPyD constituía el mejor ejemplo de lo que hoy llamaríamos un partido emergente. En las elecciones autonómicas y municipales de 2011, se quedaron en el umbral de la Asamblea con cerca de 30.000 votos (4,5%), y además obtuvieron representación en cinco ayuntamientos, entre ellos el de la capital. Sin embargo, hoy el paisaje de UPyD en la Región se ha quedado sin figuras. Asolados por las guerras intestinas, desmoralizados por los nefastos dividendos de las elecciones locales, regionales y generales de 2015 y desnortados por la defenestración de sus líderes, el partido ha entrado en estado terminal.
No ha mucho tiempo, tuve el placer de charlar en antena con José Antonio Sotomayor, su cabeza de lista en las pasadas elecciones generales, y me causó una grata impresión extraña. Por un lado, me parecía de una osadía y gallardía extremas, por otro me ofrecía una desvaída imagen de romántico trasnochado. No era su culpa, ya sabía que la flor se marchitaba; y conocía de sobra que presentarse a unas generales de esta guisa no sonaba sino al canto del cisne. Todo lo romántico que quieran, pero una canciòn fúnebre al fin y al cabo.
Sotomayor ha pasado, en una exhalación, de exconcejal en Murcia a candidato por la Región en las elecciones generales, y de candidato a coordinador liquidador de una gestora regional, que se ‘autoincinera’ en la hoguera de las vanidades. De sus cuatro miembros, únicamente resiste él; impertérrito, aún conserva si no su fe, al menos, su orgullo; y no cree que la fuga en masa sea el procedimiento para finiquitar un proyecto, cuya ideología política defenderá mientras tenga un hálito de esperanza. Él manifiesta, a quien le quiera oír (para su desgracia, cada vez son menos) que busca una “retirada ordenada”, una retirada a tiempo, como la única victoria posible que le resta a su UPyD del alma.
Ya no tienen cargos públicos en la Región; ni sede, cerraron sus oficinas de Platería; es un partido más virtual que real, pero a sus militantes hay que tenerles respeto. Y admiración, añadiría yo. La suerte está echada, el nombre de la Rosa ha proyectado una sombra demasiado alargada, y ha consumado su maldición. Sotomayor, no obstante, se mantiene en pie; y aguarda el final con digno estoicismo, mientras en su mente resuenan, una y otra vez, las malas nuevas de la baja de Rosa Díez y Andrés Herzog, y esos otros cantos de sirena que anuncian la disolución del partido.
Es el fin de la rosa, UPyD se queda sin pétalos. De su magenta influencia, únicamente queda el pasado; ya no hay presente, nadie piensa en el mañana. Sólo las espinas del ayer se amontonan en el recuerdo. El tiempo –la Historia- creen que les hará justicia. Yo no estaría tan seguro, de injusticias están repletos los anaqueles de Cronos.





















