Fierabrás o la reforma laboral
Hablar con uno mismo ya es lo único que le queda al parado, lo poco que no le pueden hurtar en esta crisis que él no ha provocado. Gritar y rumiar para sí mismo lo que no puede decirle a más de uno, se convierte en una cansina terapia. Puede que, de ahora en adelante, las calles se pueblen de personas hablando solas, a voz en grito, cantándole las verdades del barquero al lucero del alba: ésa puede ser la tónica dominante del parado en un futuro inmediato, quizá su última salvaguarda ante la locura que le envuelve. En esta sociedad globalizada hasta el hartazgo, al final uno se encuentra a solas consigo mismo. Entonces, el alma aflora a la superficie... Y también la rabia.
Yo, afortunado con empleo, ahora estoy apoyado en la barra del bar de siempre, y no dejo de conversar conmigo mismo, síntoma evidente de que se apodera de mí el terrible temor a perder mi precioso tesoro en forma de trabajo. Y no precisamente de 37 horas y media a la semana... -¿De qué se quejan nuestros privilegiados funcionarios de cálido trabajo seguro?- No es extraño que me embargue este miedo cerval; acabo de masticar a duras penas la misma noticia que he visto, oído y leído por enésima vez: el paro que nos arrasa, el paro que nos lleva al país de nunca jamás... Leer en la prensa los mismos datos de siempre, y las mismas declaraciones altisonantes, pone la piel de gallina al más audaz grumete del 'Costa Concordia'. Y sólo nos queda la esperanza de la reforma laboral… Pues vaya consuelo. 'Camarero, una copita de Fierabrás', que todo lo cura.
Después de la EPA, que cifraba en casi 200.000 los parados en Murcia, vinieron las notas del Servicio Público de Empleo del mes de enero: un nuevo suspenso colectivo, que confirmaba la maligna tendencia mostrada en los meses postreros del último año. En concreto, en enero se contabilizaron 147.220 desempleados, 4.299 más que en diciembre. Y todavía hay quien se congratula. El director general del Servicio Regional de Empleo y Formación, Ginés Martínez, se felicitaba por el mero hecho de que la Región hubiera sido la tercera comunidad en la que menos había crecido el desempleo. Aunque hay que reconocer que el aumento del paro en nuestra Región, en un mes tan difícil como enero, mantiene una cadencia de crecimiento (3%) menor a la media nacional (4%), tampoco hay motivos para mostrarse ufano ante tan pálida mejoría. Vano alivio el nuestro... porque en comparación con enero de 2011, el paro afecta a 14.093 personas más. Se mire como se mire, al final las estadísticas, tan tozudas ellas, no nos dejan en buen lugar.
La secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, sostiene que la reforma laboral que promueve el Gobierno devolverá la confianza perdida y conseguirá que el despido sea el "último recurso". Pero, ojo avizor, las anteriores reformas laborales puestas en marcha por el Gobierno socialista no han evitado que el despido sea la principal medida de ajuste ante el derrumbamiento de la demanda. Y a propósito de utopías socialistas no tan antiguas, qué lejos quedan las zapateriles promesas del 2008 de crear dos millones de puestos de trabajo; cuatro años después en nuestra España se han evaporado más de dos millones de empleos. Y casi cinco millones y medio de parados penan las culpas de otros.
La situación de emergencia nacional no admite más retrasos. Urge, por ende, aplicar una reforma laboral que favorezca la contratación. Mas los sindicatos UGT y CC OO no han tardado mucho en insistir en que la reforma de las reformas no ha de contribuir a “generar empleo, ya que las políticas de austeridad no son eficaces para salir de la crisis”. E incluso se atreven a decirle al Gobierno que está en su mano evitar una huelga general. Si esto no es una amenaza, lo parece…
Y en este entorno hostil,¿qué porvenir podemos ofrecer a nuestros jóvenes? En Murcia, el Consejo Económico y Social acaba de publicar su estudio 'El Mercado Laboral de los Jóvenes en la Región de Murcia' y sus resultados reflejan el futuro que le aguarda a una población juvenil tan desencantada como desorientada: la tasa de paro llega, en Murcia, al 37,3% de los menores de 30 años y se ensaña con aquellos que han recibido una formación más elemental. Con semejante tasa de paro, sólo podemos aspirar a que envejezcan prematuramente y figuren en otro intrincado apartado de las fastidiosas estadísticas... , o a que la reforma laboral obre el milagro; empero las soluciones a arbitrar no van a ser en modo alguno sencillas. Máxime sabiendo que de cada dos jóvenes que decidieron dejar sus estudios tras la educación primaria, uno se halla en paro. Y, para más inri, el porcentaje de jóvenes sobrecualificados en la Región alcanza el 30,1%, mientras que en España afecta al 24%.
Resulta paradójico -y muy doloroso- comprobar cómo las universidades españolas siguen fabricando remesas de titulados que dan con sus huesos en puestos para los que están sobrecualificados. Los JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) se han transformado en la generación JASC (jóvenes aunque sobrecualificados). Según el estudio del Consejo Económico y social, quienes tienen “estudios superiores desplazan a los trabajadores jóvenes con estudios primarios e intermedios en empleos que solían ocupar estos últimos”. Y, además, acaban cobrando unos sueldos inferiores en un 11% a los de sus homólogos en el resto de España. Para echarse a temblar... o a llorar... “Corazón da lo mismo: muere o canta”; ni siquiera Juan Ramón, poeta de poetas, podría endulzar nuestro crudo presente.
Yo, afortunado con empleo, ahora estoy apoyado en la barra del bar de siempre, y no dejo de conversar conmigo mismo, síntoma evidente de que se apodera de mí el terrible temor a perder mi precioso tesoro en forma de trabajo. Y no precisamente de 37 horas y media a la semana... -¿De qué se quejan nuestros privilegiados funcionarios de cálido trabajo seguro?- No es extraño que me embargue este miedo cerval; acabo de masticar a duras penas la misma noticia que he visto, oído y leído por enésima vez: el paro que nos arrasa, el paro que nos lleva al país de nunca jamás... Leer en la prensa los mismos datos de siempre, y las mismas declaraciones altisonantes, pone la piel de gallina al más audaz grumete del 'Costa Concordia'. Y sólo nos queda la esperanza de la reforma laboral… Pues vaya consuelo. 'Camarero, una copita de Fierabrás', que todo lo cura.
Después de la EPA, que cifraba en casi 200.000 los parados en Murcia, vinieron las notas del Servicio Público de Empleo del mes de enero: un nuevo suspenso colectivo, que confirmaba la maligna tendencia mostrada en los meses postreros del último año. En concreto, en enero se contabilizaron 147.220 desempleados, 4.299 más que en diciembre. Y todavía hay quien se congratula. El director general del Servicio Regional de Empleo y Formación, Ginés Martínez, se felicitaba por el mero hecho de que la Región hubiera sido la tercera comunidad en la que menos había crecido el desempleo. Aunque hay que reconocer que el aumento del paro en nuestra Región, en un mes tan difícil como enero, mantiene una cadencia de crecimiento (3%) menor a la media nacional (4%), tampoco hay motivos para mostrarse ufano ante tan pálida mejoría. Vano alivio el nuestro... porque en comparación con enero de 2011, el paro afecta a 14.093 personas más. Se mire como se mire, al final las estadísticas, tan tozudas ellas, no nos dejan en buen lugar.
La secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, sostiene que la reforma laboral que promueve el Gobierno devolverá la confianza perdida y conseguirá que el despido sea el "último recurso". Pero, ojo avizor, las anteriores reformas laborales puestas en marcha por el Gobierno socialista no han evitado que el despido sea la principal medida de ajuste ante el derrumbamiento de la demanda. Y a propósito de utopías socialistas no tan antiguas, qué lejos quedan las zapateriles promesas del 2008 de crear dos millones de puestos de trabajo; cuatro años después en nuestra España se han evaporado más de dos millones de empleos. Y casi cinco millones y medio de parados penan las culpas de otros.
La situación de emergencia nacional no admite más retrasos. Urge, por ende, aplicar una reforma laboral que favorezca la contratación. Mas los sindicatos UGT y CC OO no han tardado mucho en insistir en que la reforma de las reformas no ha de contribuir a “generar empleo, ya que las políticas de austeridad no son eficaces para salir de la crisis”. E incluso se atreven a decirle al Gobierno que está en su mano evitar una huelga general. Si esto no es una amenaza, lo parece…
Y en este entorno hostil,¿qué porvenir podemos ofrecer a nuestros jóvenes? En Murcia, el Consejo Económico y Social acaba de publicar su estudio 'El Mercado Laboral de los Jóvenes en la Región de Murcia' y sus resultados reflejan el futuro que le aguarda a una población juvenil tan desencantada como desorientada: la tasa de paro llega, en Murcia, al 37,3% de los menores de 30 años y se ensaña con aquellos que han recibido una formación más elemental. Con semejante tasa de paro, sólo podemos aspirar a que envejezcan prematuramente y figuren en otro intrincado apartado de las fastidiosas estadísticas... , o a que la reforma laboral obre el milagro; empero las soluciones a arbitrar no van a ser en modo alguno sencillas. Máxime sabiendo que de cada dos jóvenes que decidieron dejar sus estudios tras la educación primaria, uno se halla en paro. Y, para más inri, el porcentaje de jóvenes sobrecualificados en la Región alcanza el 30,1%, mientras que en España afecta al 24%.
Resulta paradójico -y muy doloroso- comprobar cómo las universidades españolas siguen fabricando remesas de titulados que dan con sus huesos en puestos para los que están sobrecualificados. Los JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) se han transformado en la generación JASC (jóvenes aunque sobrecualificados). Según el estudio del Consejo Económico y social, quienes tienen “estudios superiores desplazan a los trabajadores jóvenes con estudios primarios e intermedios en empleos que solían ocupar estos últimos”. Y, además, acaban cobrando unos sueldos inferiores en un 11% a los de sus homólogos en el resto de España. Para echarse a temblar... o a llorar... “Corazón da lo mismo: muere o canta”; ni siquiera Juan Ramón, poeta de poetas, podría endulzar nuestro crudo presente.





















