Barreras al talento
Necesitamos aplicar mucho talento, aportar mucho esfuerzo, y tener mucho ánimo, para recomponer el desaguisado actual de nuestro triste y deprimido -aunque esperanzado- panorama económico, ante el que no contamos con capacidad de respuesta inmediata, al menos por ahora.
Nuestra sociedad tiene talento y no podemos ponerle barreras, ya que es indispensable para dinamizar la maltrecha actividad económica. El talento debe estar presente en la política y en la Administración Pública, en todas las medidas y en todas sus actuaciones encaminadas hacia los administrados, aunque de forma repetida y obstinada nos encontramos con la tozuda realidad, que pretende llevarnos la contraria.
Salvo raras y gratificantes excepciones -una reciente y seria reforma del Mercado Laboral, facilitando la contratación y equiparando la legislación a la de otros países serios, así como otra próxima reforma de la Administración Pública introduciendo austeridad, transparencia y eficacia-, recibimos continuamente el mensaje repetitivo y trasnochado de paralizar la inversión, mientras que nuestras Ingenierías echan en falta que no se hable de la inversión productiva, la única que dinamiza la economía de forma sostenible. ¿Será por qué nuestros políticos no la consideran necesaria en estos tiempos o será por falta de ideas?
Desde nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia, trabajamos con esfuerzo y perseverancia por la supervivencia de nuestro Sector, que está gravemente amenazada, a pesar de contar con el inestimable talento de nuestros excelentes profesionales, y a quienes debemos despedir de nuestras empresas por la falta de perspectivas laborales y por la demora de las Administraciones Públicas en el pago de nuestros honorarios.
Desde la Administración Pública encontramos una barrera al talento desde el procedimiento para la Contratación de nuestros Servicios, que en general se realiza al mejor postor de una oferta económica y otra oferta técnica, con preponderancia de la económica, mediante un inaceptable mercadeo.
Cuando elegimos médico, vivienda, colegio o asesor, ¿acudimos a la oferta más barata? Las ingenierías somos los asesores de las Administraciones Públicas: requerimos pequeña inversión -no confundir con gasto-, multiplicamos la inversión, trabajamos con eficacia y damos trabajo a mucha gente.
Reclamamos la función social de la ingeniería, libre de mercadeos, al igual que ocurre en todos los países de la UE (excepción de España, Grecia y Portugal), todos los países integrantes de los Organismos Multilaterales de Financiación, EEUU y Canadá, por poner algunos ejemplos de países en los que la ingeniería española goza de un reconocido prestigio.
En la UE los procedimientos habituales de contratación de las ingenierías son el negociado -80% en Alemania- y el restringido -82% en Gran Bretaña-, y ambos requieren requisitos técnicos previos para participar. En España representan el 5%, siendo habitual el procedimiento abierto asociado siempre a la adjudicación por criterios económicos, que origina bajas en las ofertas que repercuten en la calidad de los trabajos contratados, en los plazos de entrega, y, lo que es más grave, en los presupuestos de las obras proyectadas (10.000 millones de euros gastados en nuestro país en modificados de obra durante 2010).
La productividad de la ingeniería española es un 30% superior a la media de la ingeniería europea, lo que no invita -especialmente en nuestra situación-, ni a poner barreras al talento, ni a mercadeos, al menos desde la necesidad y el sentido común.
Nuestra sociedad tiene talento y no podemos ponerle barreras, ya que es indispensable para dinamizar la maltrecha actividad económica. El talento debe estar presente en la política y en la Administración Pública, en todas las medidas y en todas sus actuaciones encaminadas hacia los administrados, aunque de forma repetida y obstinada nos encontramos con la tozuda realidad, que pretende llevarnos la contraria.
Salvo raras y gratificantes excepciones -una reciente y seria reforma del Mercado Laboral, facilitando la contratación y equiparando la legislación a la de otros países serios, así como otra próxima reforma de la Administración Pública introduciendo austeridad, transparencia y eficacia-, recibimos continuamente el mensaje repetitivo y trasnochado de paralizar la inversión, mientras que nuestras Ingenierías echan en falta que no se hable de la inversión productiva, la única que dinamiza la economía de forma sostenible. ¿Será por qué nuestros políticos no la consideran necesaria en estos tiempos o será por falta de ideas?
Desde nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia, trabajamos con esfuerzo y perseverancia por la supervivencia de nuestro Sector, que está gravemente amenazada, a pesar de contar con el inestimable talento de nuestros excelentes profesionales, y a quienes debemos despedir de nuestras empresas por la falta de perspectivas laborales y por la demora de las Administraciones Públicas en el pago de nuestros honorarios.
Desde la Administración Pública encontramos una barrera al talento desde el procedimiento para la Contratación de nuestros Servicios, que en general se realiza al mejor postor de una oferta económica y otra oferta técnica, con preponderancia de la económica, mediante un inaceptable mercadeo.
Cuando elegimos médico, vivienda, colegio o asesor, ¿acudimos a la oferta más barata? Las ingenierías somos los asesores de las Administraciones Públicas: requerimos pequeña inversión -no confundir con gasto-, multiplicamos la inversión, trabajamos con eficacia y damos trabajo a mucha gente.
Reclamamos la función social de la ingeniería, libre de mercadeos, al igual que ocurre en todos los países de la UE (excepción de España, Grecia y Portugal), todos los países integrantes de los Organismos Multilaterales de Financiación, EEUU y Canadá, por poner algunos ejemplos de países en los que la ingeniería española goza de un reconocido prestigio.
En la UE los procedimientos habituales de contratación de las ingenierías son el negociado -80% en Alemania- y el restringido -82% en Gran Bretaña-, y ambos requieren requisitos técnicos previos para participar. En España representan el 5%, siendo habitual el procedimiento abierto asociado siempre a la adjudicación por criterios económicos, que origina bajas en las ofertas que repercuten en la calidad de los trabajos contratados, en los plazos de entrega, y, lo que es más grave, en los presupuestos de las obras proyectadas (10.000 millones de euros gastados en nuestro país en modificados de obra durante 2010).
La productividad de la ingeniería española es un 30% superior a la media de la ingeniería europea, lo que no invita -especialmente en nuestra situación-, ni a poner barreras al talento, ni a mercadeos, al menos desde la necesidad y el sentido común.





















