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Opinión |
Lunes, 16 de Mayo de 2016

El sordo. El sabor de lo auténtico

El viernes pasado tuve el placer de acudir a la cena organizada para celebrar los treinta años que Jesús Ortega lleva al frente del restaurante "El sordo", en la localidad murciana de Ricote.

 

Una curiosa coincidencia temporal ha hecho que este año se celebren esos treinta años pero que en 2017 sean cien los que han transcurrido desde que el negocio fuera fundado por los abuelos del actual propietario.

 

Aunque "El sordo" era ya un negocio consolidado, con Jesús Ortega se produce una transformación espectacular que lo ha llevado a convertirse en uno de los grandes restaurantes de la Región de Murcia. Y, me atrevería a decir, del levante español.

 

Ha querido la casualidad también que este año recibiera el Premio Mursiya Mezze al mejor restaurante visitado en el año 2.015 que entrega el Club Gastronómico Murcia Gourmet, al que tengo el honor de pertener desde su fundación hace ya diez años. Otro aniversario, sí. Y otra casualidad, también.

 

El Sordo cuenta con una amplia y variada carta para todos los bolsillos donde se combinan los platos tradicionales con la innovación, en un rico mestizaje de colores, sabores y esencias.

 

Quizá sea su ubicación en pleno Valle de Ricote (un enclave natural de una belleza extraordinaria y llena de contrastes) la que le haya marcado esa particular impronta, como dice el propio Jesús.

 

En su carta podemos encontrar, entre otros muchos, platos de nombres tan sugerentes como tortas de caza menor, empanadillas de faisán, gachas fritas, chalupas de chato murciano, pelotas de Ibn Hud de ternera, empanadillas de maíz morado, sorditos, pateras de fritada con sardinillas, berenjenas aliñadas, ceviche de atún rojo, atún con gelatina rota de soja, wasabi y jengibre, cordero a la parrilla, alubias con oreja y otras menudencias, migas con tropezones, chuletón de vaca vieja (uno de sus platos estrella), membrillos al ron, popurri de frutas confitadas del huerto, bizcochos borrachos...

 

Pero si he de quedarme con alguno de ellos me quedo con la albóndiga de Asurbanipal, una auténtica explosión de sabor que, a pesar del nombre (el del último gran rey de la mítica Asiria), me evoca, por su particular combinación de carne, especias y granada la cultura morisca tan presente en la zona.

 

Si un buen restaurante no puede considerarse como tal sin una buena bodega, la de El Sordo no defrauda pues cuenta con un gran número de interesantes referencias nacionales e internacionales cuidadosamente seleccionadas por Jesús.

 

El Sordo es uno de esos sitios donde me gusta acudir porque saben tratar al cliente y hacerle sentir especial, algo que Jesús ha sabido transmitir a sus hijos (la cuarta generación ya) que junto con su mujer le acompañan en esta dura aventura que es la restauración.

 

Me quedo con una frase pronunciada por uno de sus amigos: "Jesús es un loco, un loco de la vida". Y es que las grandes empresas las acometen aquéllos que alguna vez fueron calificados de locos por otros.

 

El sordo que hoy podemos disfrutar es el resultado del sueño de uno de esos locos, un tipo auténtico.

 

Le tomo prestada una cita que sirve de cierre a estas notas: "La felicidad continua no existe. La felicidad está compuesta de pequeños momentos que hay que sentir y disfrutar".

 

Tomemos nota y disfrutemos de los momentos mágicos que acompañan a una buena mesa.

 

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