Peor ya no podemos estar
La frase más pija con la que los antisistema cierran todas sus exposiciones, creyendo que es como si dejaran caer la bomba definitiva que extingue toda vida argumentativa entre los defensores de una economía occidental homologable, es “¡peor que ahora ya no podemos estar!”. ¿De verdad, niños que jugáis a las ideologías, no podemos estar peor?
La historia de España está rodeada de ese peor que ahora. Lo peor de ahora ha sido lo mejor a través de casi toda la historia de este país. Unas pocas décadas de una España imperfectamente desarrollada pero con posibilidades, en la que estamos, es sólo una pequeña isla rodeada de siglos de atroz miseria, la de verdad, no la que se elige como opción de vida 'trendy'. El conde Xavier de Maistre en 'Viaje alrededor de mi habitación', describe los niños mendigos que se apretaban entre sí en la mejor calle de la exquisita Turín para no morir del frío
de los Alpes mientras los pocos ricos se morían de risa al verlos, sin echarles un capote. Eso no parece muy 'trendy', pero ha estado ocurriendo hasta ayer. Si eso pasaba en la refinada Turín, qué sería en la brutal y mendiga España. Aquellos siglos por los que pasamos y aquellos por los que podríamos pasar otra vez, de dejaros el asunto en vuestras manos. Qué coño sabréis vosotros de lo que es estar peor que ahora. Un par de días de viaje al pasado al lugar de donde venimos y dejaríais de jugar al pequeño Lenin.
Veréis nenes, venimos de la mierda absoluta. Con un trabajo inimaginable de nuestros abuelos, menos de nuestros padres, ninguno de nosotros y menos que ninguno de vosotros, salimos de esa mierda para llegar a lo que llamáis “lo peor”. Hace escasamente cuarenta años o menos este país era una película quinqui, con navajeros inhalando pegamento en la puerta de El Corte Inglés. Lo más cutre de ahora hubiese sido un lujo entonces. Habéis viajado en avión a donde os ha dado la gana. Habéis hecho estadías solidarias en todos los sitios 'chic' del planeta, aprovechando para hacer un poco de surf, que no todo va a ser sufrir. ¿Pensáis que antes la gente, alguien de entre la gente común y corriente, iba en tartana siquiera a la esquina?
Os habéis tirado a quien habéis querido desde los quince años, y vuestros padres han aplaudido y os han prestado sus camas y comprado los condones. Vuestros derechos ocupan tanta memoria en el ordenador que hay que comprar un disco duro exterior para contenerlos. Habéis visto mucho mundo, pero no habéis entendido nada, porque estábais demasiado ocupados haciendo postureo trendy. Habéis tenido una infancia con chuches todos los días de la semana. Cada tarde, un teléfono inteligente nuevo. Sois mucho más altos y fuertes, ya no sois españolitos generalizados de uno sesenta, igualándoos a la media europea, porque habéis comido todos los pollos que os ha petado, sin esperar, como antes, al domingo. Ha costado mucho llegar hasta aquí como para que ahora amenacéis esta enorme fragilidad.
Los más radicales de vosotros, y los más zarrapastrosos, tenéis papás millonarios y consentidores, aunque los tratéis de esconder como el actor Willy Toledo. Pero peor que ahora no podemos estar. ¿Pensáis que España estaba mejor cuando casi toda ella iba detrás del arado, o delante, cuando se le había muerto el mulo? Porque eso sucedió hasta hace dos telediarios. Como diría el doctor Annibal Lecter, esa cita de autoridad, sólo una generación –a lo sumo dos- nos separan del arado, del que hemos venturosamente desertado todos. Pero vosotros ni dáis las gracias. Los campesinos, que no por casualidad eran odiados por los bolcheviques y por eso se pusieron a exterminarlos, no podían ponerse a hacer skate como vosotros y sentarse en la postura del loto en las plazas. Los campesinos españoles, el grueso del país, no tenían whattsap para pasarse las quejas.
Todavía me tocó a mí conocer en los años 70 a aquella gente que había pasado su vida a media altura, encorvada sobre el surco, ya anciana, digna, cesárea. Piojosa y cesárea. Gente sabia y a la vez analfabeta, sin títulos como vosotros, que sabía que venía socialmente del fondo del barril. Que había pasado malnutrición. Os hubieran cortado el gaznate con una corvilla, a lo “els segadors”, si os hubiesen escuchado vuestros antojos. Por gaznápiros. No recordáis, nenes, aquella España de gente jorobada y coja. Había jorobados y cojos por todas partes, por las privaciones. Las que no son de broma, no como las vuestras, cuando ponéis de moda comer alpiste en locales “cool”.
El desarrollo económico ha sido una anomalía en este país. España siempre ha estado como convaleciente de una postguerra, incluso antes de la Guerra, de todas. Excepto estos pocos decenios de desarrollo que vosotros llamáis “peor”. No tendríais arrestos de volver a lo que realmente era peor. Por la noche ya estaríais suplicando porque os habéis quedado sin batería.






















