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Opinión |
Miércoles, 22 de Febrero de 2012

La cruz más rentable

La Iglesia ha recaudado menos parné con el Impuesto de la Declaración de la Renta correspondiente a 2011 pero, sin embargo, aumentan los ciudadanos que optan por poner la cruz en la casilla reservada a la manutención del clero. Es decir, que mientras las administraciones temporales propugnan en una pirueta imposible hacer más y mejores cosas con menos dinero en tiempos de crisis, la administración espiritual ha hecho menos caja con más impositores. Lo cual puede significar que pese a la mala coyuntura económica y vital del sufrido contribuyente se ha incrementado respecto al ejercicio anterior el número de personas que ha decidido depositar su óbolo, por minúsculo que sea, en una empresa que aunque no cotiza en en el Ibex 35 ofrece grandes dividendos a medio y largo plazo. O a corto si sobreviene el óbito antes de tiempo.

La cosa tiene su enjundia y su lógica. Si pese a las reformas laboral y finaciera el Gobierno garantiza más paro y más recesión, lo lógico es que el inversor deje sus esperanzas en manos de quien le prometa la más alta rentabilidad con el mínimo riesgo. ¿Y que rentabilidad más alta que el Cielo o, como poco, el Purgatorio frente al Infierno que le proponen las autoridades terrenales, locales, autonómicas o nacionales, desde el Limbo en el que parecería que estuvieran si no fuera porque El Vaticano lo demolió hace unos años en aplicación de la Ley de Costas celestial coincidiendo con el estallido de la burbuja inmobiliaria?

Alguien podría reprochar a los catecúmenos de nuevo cuño que están apostando parte de su fortuna a un intangible, pero ¿acaso son materiales los mercados que, cual Maligno, dictan sus normas desde el Averno de los despachos enmoquetados sin que les veamos no ya la cara, sino las pezuñas? ¿Son tangibles las decisiones de las agencias calificadoras ocultas tras acrónimos demoníacos que ponen contra las cuerdas a los Estados con sus dictámenes independientemente de que hayan o no hecho sus deberes gastronómicos en las Calderas de Pedro Botero? El pánico al futuro, otro intangible que sin embargo se palpa en el ambiente a causa de la reforma laboral, de los recortes sin mesura y de la ausencia de expectativas, es similar al que se registra en el parqué cuando al menor rumor se disparan las alarmas que propician enriquecimientos descomunales y ruinas sin parangón. Ese miedo, digo yo, es el que ha debido animar a los impositores eclesiales a elegir entre una cruz y la otra.

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