RSE para el sector de la educación en la era del TALENTO
Vivimos en un mundo que los expertos llaman VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo). Y si bien es deseo de muchos cambiarlo y estabilizarlo, la realidad es que solo cambiando uno a su forma de afrontar lo que le sucede, cambiará entonces lo que le sucede. El reto del ser humano en este entorno se convierte en aprender a convivir con la incertidumbre en lugar de tratar de eliminarla. Nada puede considerarse cierto y estable para siempre, todo cambia. Y la seguridad no es más que una falsa percepción que a una persona le otorga, eso sí, algo de fuerza a la hora de afrontar un reto. Convivir con la incertidumbre provoca importantes cargas de estrés: por mucha seguridad que una persona desee tener ante un reto con resultados inciertos, la cuestión reside en hasta que punto será capaz de modificar su umbral de estrés para que la situación deje de afectarle.
El estrés, como consecuencia de convivir con este escenario será un elemento con el que las personas tendrán que aprender a saber gestionar, implicando en el sector de la enseñanza la necesidad de entrenar en técnicas y herramientas para afrontarlo: las competencias emocionales serán el elemento que marcará la diferencia en la carrera hacia la competitividad de personas y organizaciones. De hecho, según informa la Organización Mundial de la Salud (2016), los trastornos mentales serán el principal factor de incapacidad entre la población. La depresión, ya es en la actualidad un trastorno mental frecuente y se calcula que afecta a 350 millones de personas en el mundo, siendo clasificada como la principal causa mundial de discapacidad, contribuyendo de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad. Todo sistema educativo que no impulse la adquisición de competencias emocionales, contribuirá al inevitable fracaso de sus usuarios y egresados, y de aquellas personas que pasen por sus programas. La variabilidad y ambigüedad de moverse en un entorno cuyos cambios se proponen cada vez más rápidos, donde la mezcla de culturas causa desconcierto, y pone en duda el mantenimiento de ciertos hábitos, tradiciones, estilos de vida y valores sociales, tendrá como consecuencia la progresiva sustitución del paradigma basado en la dualidad (correcto o equivocado) por el paradigma de la posibilidad, basado en la construcción de significados y en el hallazgo de utilidades y aplicaciones.
Del mismo modo, todo sistema educativo que evalúe a los niños en base a la adecuación a un modelo único predeterminado, será obsoleto y contribuirá a la confusión y la alienación de ese niño de un mundo real de infinitas posibilidades y alternativas. En ese mundo será más importante ser capaces de argumentar una idea y encontrarle utilidad en lugar de tener o no razón, o de tener una idea concreta. Cultivar la intuición y el pensamiento lateral será más importante que entrenar la lógica racional cuyos cálculos podrán realizar y prever máquinas, aplicaciones y computadoras. La adquisición de conocimiento y su memorización dejará de ser necesaria debido a las hiperconexiones que ya hoy en día garantizan el acceso permanente e instantáneo. Tampoco serán necesarias para la supervivencia las habilidades lógicas, fácilmente sustituidas por la parametrización de sistemas informáticos basados en el BIG DATA.
Todo sistema educativo centrado en la adquisición de información y el entrenamiento de la lógica contribuirá a crear personas estresadas, con dificultad de adaptación y convivencia con este mundo. El concepto de “deber” para casa, así como el de examen con valoración del alumno en base a la adecuación a respuestas pre-determinadas restarán tiempo a las posibilidades de desarrollar en las etapas tempranas de la evolución, las competencias reales y efectivas para sobrevivir en ese entorno.
Ya hoy en día, en el mundo de la Industria 4.0, la necesidad de aprender a resolver problemas simples en los que se basan la matemática, la lógica, la lingüística y las ciencias puras (es decir aquellos problemas que siempre tienen una sola y única solución correcta y posible) suponen un desafío a la natural evolución humana que se ve enfrentada a lo que los expertos del Problem Solving llaman problemas complejos, es decir problemas que no tienen a priori una respuesta correcta cierta, pero que implican la necesidad de ser abordados construyendo caminos alternativos y en ocasiones paralelos y complementarios. El problema climático, las guerras, las crisis políticas, la corrupción, la economía y todo problema de índole humano y de relación interpersonal son problemas complejos: ¿de que servirá aprender la tabla periódica si luego la supervivencia de la persona se basará en el entendimiento y convivencia con otroas personas que son o piensan diferente?
Será más importante fomentar el trabajo por objetivos y la construcción de proyectos basados en la colaboración y la cooperación en lugar de asignar deberes y evaluar en base a exámenes del tipo “correcto o equivocado”.
La supervivencia en el mundo VUCA no tendrá que ver con las capacidades mnemónicas y cognitivas de adquisición y retención de información, sino con las inferenciales y de gestión de la misma, basadas en la inducción e intuición. La competitividad y competencia de las personas en este entorno tendrán que ver con la capacidad de acceso y criba de información, relación, e inferencia.
Las empresas y la sociedad necesitarán de personas valientes, con capacidad de asumir responsabilidades, afrontar y superar fracasos y construir proyectos orientados al logro de objetivos, conviviendo con la complejidad, la incertidumbre, la volatilidad, y la ambigüedad de escenarios a la hora de tomar decisiones.
El estrés se convertirá en el factor que determinará la funcionalidad de los procesos de toma de decisiones en la empresa y en la vida. Su influencia determinará el bloqueo en la asunción de decisiones y determinaciones. Las personas que no sepan afrontarlo con cordura, abocaran a sus equipos y divisiones al fracaso.
En ámbito educativo, el estrés ya puede considerarse como el factor más incapacitante para el aprendizaje y el desarrollo del talento. Y las psicopatologías derivadas de la actividad profesional serán el principal factor incapacitante.
Todo sistema educativo que pretenda ser Socialmente Responsable, debería iniciar a tener en cuenta estos factores y aportar los cambios que eso implica. Que no son pocos.






















