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Opinión |
Viernes, 02 de Marzo de 2012

"Empezar a trabajar"

Con independencia de seguir el consejo de experto de “empezar a trabajar”, hay que seguir poniendo sobre la mesa cuestiones que no podemos obviar como ciudadanos medianamente informados. Reflexionemos:
 
1. Parece haber un agotamiento de las fuentes de riqueza que nutrían distintos estamentos del sistema llamado “el bienestar”, que ha resultado ser un capitalismo tutelado y un liberalismo limitado, impregnado de concesiones sociales controladas y estratificadas. Hay un acceso general a los logros sociales, pero estos son susceptibles de ser mejorados pagando prestaciones privadas.

2. La perversión del sistema puede haber llegado por la innovación en instrumentos financieros alejados de los volúmenes de riqueza que produce la economía real. Únase a estos estructurados y derivados el efecto espejo de una inyección de volumen monetario en el sistema que dispara consumo, gasto y creación de empleo en servicios y en los sectores públicos, sistema que cae como castillo de naipes cuando se agota la inyección de crédito y explotan las burbujas de valor especulativo. A la sombra de estos espejismos, y favorecido por una situación de euforia, comienza el acaparamiento monetario de sectores financieros, políticos, etc., que entran en el juego de una corrupción cuasi generalizada, buscando y logrando el enriquecimiento del que estamos siendo testigos diariamente. Además, el advertir del fin de una era está multiplicando el esfuerzo de esta gentuza por hundir el menos malo de los sistemas políticos conocidos hasta la fecha, llenando sus bolsillos para entrar en situación de ventaja en las nuevas condiciones socio-económicas.

3. Hay que corregir los desfases de remuneración que estos años se han producido en la clase dirigente, que, además, han continuado engañando respecto a la profundidad y realidad del recorte de gasto anunciado a bombo y platillo en 2010 y 2011.

4. Se debe liberalizar al máximo el ajuste de valor de la fuerza de trabajo y cumplir la vieja aspiración de los expertos de que lo importante es el “reparto de la tarta”, pero, está implícito que tiene que haber tarta para repartir, y la única forma de que haya es con productividad en el trabajo y en un marco de competencia global. No puede existir mejora social y estado de bienestar sin una economía fuerte, desarrollada y con base real de creación de riqueza (tarta) que se pueda redistribuir. Hasta ese momento, hay que liquidar con valentía, y cuanto antes, viejas estructuras salariales que hacen coexistir el valor del trabajo aportado, la antigüedad en la empresa (que no aporta más que lo que sea aprovechable de la experiencia), la indemnización por el despido (que es una forma más de pagar la antigüedad) y un pago por desempleo que, unido a todo lo anterior, incentiva la capitalización del tiempo trabajado en la empresa, derechos que no se cobrarían de llegar al término de la vida laboral. Debería primarse no utilizar estos instrumentos y devolver al trabajador parte de lo aportado periódicamente, si no se hubiera hecho uso de estas prestaciones durante su vida laboral. Sería más justo.

5. Es absolutamente necesario que haya ejemplo social por parte de nuestros dirigentes. Hay que volver a la cultura del esfuerzo y premiar a los mejores, procurando que los líderes den ejemplo de ética y profesionalidad en empresas, partidos políticos, estamentos de la administración y, en definitiva, en toda la sociedad civil.

Tenemos medianías empobrecidas atrincheradas en la dirección y gestión de la sociedad. La política ha contado con pocas excepciones de valor y, solo por nuestra delicada situación económica y social, están aflorando mensajes de honestidad, capacidad de trabajo y altura de miras. Y, véase como se recusa, se ataca y se desvalúa lo que se pretende hacer, precisamente por los que ni han hecho nada ni pretenden que cambie nada “excepto ser califa en lugar del califa” para seguir actuando en beneficio propio.

6. Muchas personas en distintos sitios participan de estas reflexiones y tratan de aportar su grano de arena para cambiar lo podrido del sistema sin tener que aceptar una dictadura de sabios (mencionar esa palabra ya me espanta). Hay que modificar el sistema electoral y votar en listas abiertas para lograr que las instituciones civiles puedan ser oídas, que se cumplan las leyes y que estas sean de observancia para todos. Ojalá pudiéramos liberarnos de todos los miedos que atenazan al que tiene algo que perder, y dar el paso de gritar lo que pensamos de los que nos engañan de todas las formas posibles. Solo puedo animar a gente joven, despierta, con espíritu limpio y ganas de ayudar realmente, a que aproveche sus mejores años dedicando una parte de su tiempo, no muy grande, a mejorar su entorno.

7. Si nuestros actuales gobernantes fueran lo inteligentes que todos deseamos, deberían continuar las reformas del sistema hasta sus raíces y lograr todo aquello que la sociedad les demanda desde la calle, internet y las organizaciones sociales que solo están comprometidas con el desarrollo de este país.
 
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