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Luz al final del túnel

Hace unos días publica el INE que el PIB cayó un 0,3% en el último trimestre de 2011 y se prevé para este primer trimestre una situación aun peor, lo que metería a España técnicamente en recesión.
 
Resulta dramático ver como sólo la agricultura creció en España, mientras la industria siguió su caída libre (-1,4% en el trimestre) lo que, anualizado, equivale a un -5,6%.
 
Y es que España se ha desindustrializado de manera constante los últimos años; en 1980 la industria pesaba el 25,3% del PIB y en 2011 tan solo el 14,2%. Algunos dirán como argumento positivo que en los países muy desarrollados predominan los servicios y que la industria es cosa de países emergentes, pero eso no es cierto, los países del G-8 son países altamente industrializados pues los servicios deben seguir a la industria y estar alrededor de ella.
 
Por eso la desindustrialización de España está provocando una fuerte destrucción de empleo. Me decía recientemente un directivo del Fondo Monetario internacional: “No pienses que una industria que se cierra en España se volverá abrir en vuestro país; se abrirá en China, en Chequia o en Irlanda, pero en España, con sus rigideces, impuestos y sobrecostes laborales, no”.

La industria española necesita exportar porque la demanda interna continúa en caída libre como consecuencia de unas familias endeudadas en 900.000 millones de euros, del golpe de la última subida de impuestos y de que están atemorizadas por una destrucción de empleo que no cesa. Pero para exportar se necesita escala y nuestras industrias coinciden con las griegas, portuguesas e italianas en que carecen de tamaño suficiente para ser competitivas (así nos va) frente a otras mucho mayores en media como las francesas y alemanas. Como consecuencia la balanza comercial de España reflejaba, hasta noviembre, un déficit de 41.780 millones de euros.
 
A lo indicado, debemos añadir una previsión para el 2012 de crecimiento negativo del PIB del -2,5%, una demanda externa que languidece porque también Europa (nuestro principal cliente) entra en recesión y una administración pública que tiene que recortar sus gastos en 40.000 millones (porque España S.A tiene unas pérdidas anuales de 80.000 millones que resultan inaceptables para sus acreedores).
 
Con estos datos, uno se pregunta ¿Puede haber luz al final del túnel?
 
Los españoles tenemos que hacernos cargo de que competimos en un mundo ya globalizado, en el que no hay prebendas para ningún país por el hecho de haber sido occidental y rico. Debemos darnos cuenta de que el Estado de Bienestar era una mentira porque no lo pagábamos los españoles con nuestro dinero, lo pagábamos con dinero prestado por otros (más de cuatro billones de euros que ahora hay que devolver) y eso en castellano se llama sencillamente “vivir por encima de sus posibilidades”.
 
 Si queremos salir del túnel, tenemos que flexibilizar aun más nuestro mercado laboral y tenemos que dotar de tamaño a nuestra industria porque hemos entrado en una era distinta, la era de la productividad, de la optimización de los recursos, de la eficiencia.
 
Con un mercado que ya es global, una demanda interna parada, y una capacidad de endeudamiento seca, hay que unir fuerzas para exportar. Por ello, si queremos competir, se deberán formar clusters, con compañías que se ayuden. Se debe asimismo favorecer por parte del Gobierno la fusión de aquellas compañías que operan en subsectores viables y que ahora carecen de escala para competir.
 
La semana pasada me pareció ver un brote verde. Como mi trabajo es asesorar en compraventa de empresas, me visitó un fondo de inversión alemán para pedirnos que les buscásemos para comprar empresas industriales en España. Su argumento era que pronto vendría a España una “deslocalización inversa”, es decir, que debido a la crisis y a los ajustes laborales que se están produciendo en nuestro país, los próximos años va a resultar más competitivo producir aquí (incluyendo costes de transporte) que en Asia y que merecía la pena ir tomando posiciones. Ojala, por el bien de España, sea un brote real y que no se marchite.

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