Un dilema con difícil solución
Hay un dilema empresarial que tiene difícil solución.
Todo director que se precie de serlo dirige a sus personas bajo la premisa de que lo importante son los resultados globales de todos los departamentos en aras al beneficio común de la empresa.
No basta con que el departamento financiero sea óptimo si el de ventas no cumple su misión, y así podríamos seguir con cualquiera de las distintas áreas de una empresa.
Sin embargo, no es menos cierto que luego el director o jefe de departamento correspondiente evaluará al empleado según los resultados que individualmente aporte a la empresa.
¿Se complica verdad?
El director o equipo directivo insistirá en que todos debemos remar en el mismo barco, pero ¿cómo hacer para que el empleado lo entienda si se le va a despedir si no cumple sus objetivos individuales a final de año?
Es el mismo ejemplo que ya puse en un anterior artículo referido al mundo del fútbol.
Si los defensas piensan que su trabajo es defender su portería y los atacantes marcar goles en la del adversario, el equipo sería tal galimatías sin ayudarse los unos a los otros que perderían siempre.
Pero, al final de la temporada ¿se renueva por el éxito del equipo o por la aportación individual? Ay, madre, que complicado.
Y lo cierto es que visto así el dilema no tiene solución.
Sólo se me ocurre una, que sin la explicación oportuna no se crea que es bien vista por la dirección de la empresa.
Y es que el compromiso sólo es con uno mismo, con el otro se llama lealtad.
Y es distinto.
Me dedico a dar seminarios y conferencias. ¿Qué creen que me hace más ilusión, una conferencia a 1.500 personas, a 15 o me da igual?
Pues sí. Me da igual, porque no lo hago ni por esas 1.500 personas ni por las 15.
Lo hago por mí.
Porque de mí no depende que la asistencia sea una u otra, y por ende no voy a poner más esfuerzo, pasión, ilusión y entrega dependiendo de cuántos vengan.
Pero al hacerlo por mí es cuando logro sacar mi mejor versión, con compromiso hacia mí, no por cumplimiento a la empresa.
Si usted trabaja por cuenta ajena, haga lo mismo.
No trabaje por la empresa, sino por usted. Aunque le parezca raro, sus jefes se lo acabarán agradeciendo.
No se trata de hacer mucho porque está el jefe y abandonar el esfuerzo cuando no le vea.
Y si usted es propietario de su empresa, no se engañe.
Lo que siente usted por la misma no lo van a sentir sus empleados, ni falta que hace. Lo que yo siento por mis hijos nadie más lo puede sentir de igual manera. Toda relación de otras personas con ellos será complementaria y no excluyente, pero no podrá ser idéntica ni debe serlo.
Pocas empresas fracasan porque sus trabajadores no cumplan. Pero en ningún contrato laboral hay una clausula donde figure el entusiasmo, la alegría y la pasión que se va a poner en el mismo.
La entrega no se exige, se regala. Y es misión del entrenador y el equipo directivo contagiar a los suyos el amor empresarial.
En caso contrario, tendrá un equipo basado en la OBEDIENCIA (en el Pensar) viviendo la vida como una OBLIGACIÓN (en el Sentir) y quedándose en el CUMPLI-MIENTO (en el Actuar).
Los valores que buscamos en nuestro equipo para desarrollar un alto desempeño solo lo podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona.
El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se pueden comprar, se lo entregarán si quieren.
El pensamiento más elevado es siempre aquel que encierra Entusiasmo. Las palabras más claras son aquellas que encierran Verdad. El sentimiento más grandioso es el llamado Amor.
Entusiasmo, Verdad, Amor. Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren
Saint Exupery en una de sus tantas mágicas reflexiones, expresaba que “si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo por el mar” Haga eso con su gente. Sume a sus habilidades la profundidad para que encuentren sentido a su trabajo.
Y para ello es preciso que cada uno de nosotros, y de nuestro equipo, desde nuestra más profunda intimidad, se haga tres preguntas básicas para el desarrollo personal y empresarial y centrar su lugar en el mundo.
¿Cómo estoy? Le permitirá Reconocerse, volver a aceptarse, conocerse y valorarse, saber sus fortalezas y debilidades. Y trabajarlas.
¿Quién soy? Conseguirá Recordarse (del latín re-cordis-corazón), volver al corazón de uno, trabajar la mejor versión de uno mismo, no para compararse con nadie, sino para aportar lo mejor de sí.
¿Qué quiero ser? Para Recrearse, darse la oportunidad de volver a crear su vida, y de esa forma pasar de ganarse la vida a crear y construir su nueva vida.
Tiene tarea. Adelante con ella.






















