Adicción a los bancos centrales
La idea de un mercado lateral que planteábamos en nuestro anterior comentario, un mercado sin fuerza para romper al alza pero a la vez con suelo por el fuerte soporte de la liquidez inyectada por el BCE, ha sido efectivamente acertada. En la semana a caballo entre febrero y marzo los movimientos de los principales índices han sido mínimos. Así, el Dow, tras superar varias veces los 13.000 puntos, se quedó plano y el S&P y el Nasdaq subieron de forma casi imperceptible, al igual que nuestro Ibex. Algo mayores fueron las subidas del Eurostoxx (+0,9%), impulsado por los valores alemanes y franceses y del Nikkei (+1,3%).
Pese a esta lateralidad de los índices, la semana ha sido muy interesante y tal vez el momento culminante fue precisamente el miércoles 29 de febrero, cuando en la misma sesión pudimos comprobar tanto en positivo como en negativo la enorme adicción que los mercados tienen a la medicina suministrada por los Bancos Centrales. En efecto, por la mañana vimos como el BCE anunciaba que el importe de la nueva inyección de liquidez a la banca europea superaba los 500.000 millones de euros, lo cual estimuló a las Bolsas, pero luego, ya por la tarde y al otro lado del Atlántico, vimos como Bernanke decepcionaba a quienes esperaban el anuncio de un nuevo quantitative easing y enfriaba así a las Bolsas, que cedieron posiciones de forma rápida.
Es muy interesante ver como las Bolsas se mueven al son de las expectativas de suministro de nueva liquidez por los Bancos Centrales, no sólo porque confirma la impresión de que el rally de enero y febrero ha tenido mucho que ver con la liquidez extra (liquidity rally) sino además porque crea serias dudas sobre la solidez y sostenibilidad de dicho rally.
Es verdad y sería incorrecto negarlo que durante enero y febrero hemos visto algunos datos buenos, sobre todo en la economía norteamericana, pero esos datos son cuando menos mixtos (el propio ISM de manufacturas anunciado el pasado jueves indica cierta desaceleración aunque se mantenga en niveles de expansión de la actividad) y en el plano de los resultados empresariales la evidencia es que los márgenes van a la baja y muchas empresas han dado peores cifras y además han tenido que rebajar sus previsiones.
A ello hay que añadir dos nuevas fuentes de preocupación. Una es la escalada del petróleo, que siempre pasa factura al crecimiento de las economías occidentales. La otra es la situación de algunos países de la zona euro. Tras el acuerdo sobre el segundo rescate a Grecia, hemos visto esta semana, coincidiendo con la inyección del LTRO, como Portugal ha soportado tipos de interés en sus bonos del Tesoro a dos años cercanos al 17%, y hemos visto a España abdicar del objetivo de déficit de este año. Dos malas noticias para la estabilidad de la zona, se mire como se mire, y por mucho que la inundación de liquidez del LTRO haya evitado de momento una respuesta contundente de los mercados.
Las divisas pueden estar anticipando estas nuevas preocupaciones, ya que el euro ha caído fuertemente respecto al dólar en las dos últimas sesiones de la semana, desde niveles de 1.35 a los niveles de 1.32 del cierre semanal. Todo un aviso para navegantes, igual que la turbulencia del oro el miércoles cuando cayó a plomo más de cien dólares en dos o tres horas.
A nivel técnico la semana pasada hemos visto hitos importantes. El Dow superó, como antes decíamos, el nivel de los 13.000 puntos, el S&P logró superar los 1.370 puntos, que es su máximo del 2011, y el Nasdaq Composite superó los 3.000 puntos, lo que no había logrado hacer desde el año 2000. Son tres hitos importantes, pero lo cierto es que son niveles que al cierre semanal no se han podido mantener dejando abierta la cuestión de si podrán o no ser superados de forma clara y permanente en las próximas sesiones o semanas.
Al empezar marzo, y con un Dax que acumula ya una subida del 17,3% desde uno de enero, un Nikkei que sube el 15,6% en el año, un Nasdaq que sube el 14,3%, un S&P que sube casi el 9% y un Eurostoxx que acumula un 10% de subida en dos meses, tendemos a ser prudentes, porque el escenario está lleno de cosas que podrían torcerse.
La adicción de los mercados a la medicina de los Bancos Centrales nos crea aun mayor inquietud. Hay un viejo dicho en las Bolsas que aconseja a los inversores no ir en contra de los Bancos Centrales (don´t fight the FED) y no seremos nosotros quienes nos atrevamos a ignorar la sabiduría de este consejo, pero nuestra impresión es que los propios Bancos Centrales están empezando a considerar de nuevo un giro hacia un mayor rigor monetario, en parte porque piensan, en línea con las tesis expuestas por el mayor gestor de bonos del mundo, Bill Gross, que mayores estímulos monetarios son inútiles desde el punto de vista de su impacto en la economía y además son perniciosos por sus efectos secundarios.
La próxima semana, aparte de los ya habituales vaivenes de en torno a la zona euro, la marcarán dos datos americanos. El primero será el ISM de servicios que se publicará el lunes. El segundo será el informe de empleo de febrero en EEUU, que se espera arroje la creación de más de 200.000 nuevos empleos. En esos dos datos se jugarán las Bolsas una ruptura al alza de los niveles alcanzados o una eventual corrección a la baja, que puede ser intensa.
En el aniversario del tsunami japonés de marzo de 2011, nuestra posición es especialmente defensiva.
Pese a esta lateralidad de los índices, la semana ha sido muy interesante y tal vez el momento culminante fue precisamente el miércoles 29 de febrero, cuando en la misma sesión pudimos comprobar tanto en positivo como en negativo la enorme adicción que los mercados tienen a la medicina suministrada por los Bancos Centrales. En efecto, por la mañana vimos como el BCE anunciaba que el importe de la nueva inyección de liquidez a la banca europea superaba los 500.000 millones de euros, lo cual estimuló a las Bolsas, pero luego, ya por la tarde y al otro lado del Atlántico, vimos como Bernanke decepcionaba a quienes esperaban el anuncio de un nuevo quantitative easing y enfriaba así a las Bolsas, que cedieron posiciones de forma rápida.
Es muy interesante ver como las Bolsas se mueven al son de las expectativas de suministro de nueva liquidez por los Bancos Centrales, no sólo porque confirma la impresión de que el rally de enero y febrero ha tenido mucho que ver con la liquidez extra (liquidity rally) sino además porque crea serias dudas sobre la solidez y sostenibilidad de dicho rally.
Es verdad y sería incorrecto negarlo que durante enero y febrero hemos visto algunos datos buenos, sobre todo en la economía norteamericana, pero esos datos son cuando menos mixtos (el propio ISM de manufacturas anunciado el pasado jueves indica cierta desaceleración aunque se mantenga en niveles de expansión de la actividad) y en el plano de los resultados empresariales la evidencia es que los márgenes van a la baja y muchas empresas han dado peores cifras y además han tenido que rebajar sus previsiones.
A ello hay que añadir dos nuevas fuentes de preocupación. Una es la escalada del petróleo, que siempre pasa factura al crecimiento de las economías occidentales. La otra es la situación de algunos países de la zona euro. Tras el acuerdo sobre el segundo rescate a Grecia, hemos visto esta semana, coincidiendo con la inyección del LTRO, como Portugal ha soportado tipos de interés en sus bonos del Tesoro a dos años cercanos al 17%, y hemos visto a España abdicar del objetivo de déficit de este año. Dos malas noticias para la estabilidad de la zona, se mire como se mire, y por mucho que la inundación de liquidez del LTRO haya evitado de momento una respuesta contundente de los mercados.
Las divisas pueden estar anticipando estas nuevas preocupaciones, ya que el euro ha caído fuertemente respecto al dólar en las dos últimas sesiones de la semana, desde niveles de 1.35 a los niveles de 1.32 del cierre semanal. Todo un aviso para navegantes, igual que la turbulencia del oro el miércoles cuando cayó a plomo más de cien dólares en dos o tres horas.
A nivel técnico la semana pasada hemos visto hitos importantes. El Dow superó, como antes decíamos, el nivel de los 13.000 puntos, el S&P logró superar los 1.370 puntos, que es su máximo del 2011, y el Nasdaq Composite superó los 3.000 puntos, lo que no había logrado hacer desde el año 2000. Son tres hitos importantes, pero lo cierto es que son niveles que al cierre semanal no se han podido mantener dejando abierta la cuestión de si podrán o no ser superados de forma clara y permanente en las próximas sesiones o semanas.
Al empezar marzo, y con un Dax que acumula ya una subida del 17,3% desde uno de enero, un Nikkei que sube el 15,6% en el año, un Nasdaq que sube el 14,3%, un S&P que sube casi el 9% y un Eurostoxx que acumula un 10% de subida en dos meses, tendemos a ser prudentes, porque el escenario está lleno de cosas que podrían torcerse.
La adicción de los mercados a la medicina de los Bancos Centrales nos crea aun mayor inquietud. Hay un viejo dicho en las Bolsas que aconseja a los inversores no ir en contra de los Bancos Centrales (don´t fight the FED) y no seremos nosotros quienes nos atrevamos a ignorar la sabiduría de este consejo, pero nuestra impresión es que los propios Bancos Centrales están empezando a considerar de nuevo un giro hacia un mayor rigor monetario, en parte porque piensan, en línea con las tesis expuestas por el mayor gestor de bonos del mundo, Bill Gross, que mayores estímulos monetarios son inútiles desde el punto de vista de su impacto en la economía y además son perniciosos por sus efectos secundarios.
La próxima semana, aparte de los ya habituales vaivenes de en torno a la zona euro, la marcarán dos datos americanos. El primero será el ISM de servicios que se publicará el lunes. El segundo será el informe de empleo de febrero en EEUU, que se espera arroje la creación de más de 200.000 nuevos empleos. En esos dos datos se jugarán las Bolsas una ruptura al alza de los niveles alcanzados o una eventual corrección a la baja, que puede ser intensa.
En el aniversario del tsunami japonés de marzo de 2011, nuestra posición es especialmente defensiva.





















