Arriba y abajo. Da asco gestionar miseria
¡Da asco gestionar la miseria! La frase, exenta de la más elemental delicadeza exigible al máximo responsable de una comunidad autónoma, saltaba a los medios la semana pasada.
Hay veces que observamos con estupor a nuestros dirigentes enfrascados en una desenfrenada carrera hacia la estupidez, no exenta de mal gusto. Sólo le faltó decir que él no llegó a presidente para eso, sino para gestionar la abundancia y para repartir prebendas a diestro y siniestro. En su descargo, tampoco hay que demonizar a quien pretende sentarse en un 'Sillón Presidencial', pero lo hace en una silla de anea, con la espadaña rota, que se clava en salva sea la parte. Se entiende el papelón de quien tiene que decir continuamente no y no, y cien veces no, a propuestas verosímiles, honestas y necesarias -incluso imprescindibles- de toda clase y condición. Y se disculpa un poco.
Pero echamos de menos a Epi y Blas, en aquellas deliciosas clases de Barrio Sésamo, en las que nos explicaban con claridad meridiana la diferencia entre arriba y abajo. Lástima que esas lecciones no lleguen a todo el mundo.
En este caso, no es lo mismo gestionar la miseria que padecer la miseria, nada que ver, aunque no se perciba desde las alturas de las presidencias. Nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia, al igual que otras muchas asociaciones, empresas y autónomos, padece la miseria que supone la desaparición paulatina de nuestras empresas por la negativa de las administraciones públicas a respetar la Ley que establece medidas de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales y la falta de crédito bancario de las entidades financieras, unido a la defunción certificada del mercado de trabajo.
Además de padecer, gestionamos la miseria, rescindiendo contratos de excelentes profesionales, llamando día tras día a las puertas de la banca para renegociar préstamos, y asumiendo drásticos recortes en nuestros honorarios. Pero nunca con asco, sino con ilusión, esfuerzo y entereza, adaptándonos a entornos cambiantes e implantando modelos de gestión cada vez más austeros, innovadores y eficaces.
Todo ello con la incomprensión de nuestras administraciones públicas, de quienes escuchamos con asombro decir que el mercado está muy mal para todos, para la empresa privada y para la empresa pública. Y empezamos de nuevo. No, querido amigo, no es igual. Yo me quedo sin puesto de trabajo -privado-, mientras que tú mantienes el tuyo -público-. Yo -privado- no cobro mi nómina, porque tú -público- antes debes tener garantizado el cobro de la tuya.
Arriba y abajo.
Hay veces que observamos con estupor a nuestros dirigentes enfrascados en una desenfrenada carrera hacia la estupidez, no exenta de mal gusto. Sólo le faltó decir que él no llegó a presidente para eso, sino para gestionar la abundancia y para repartir prebendas a diestro y siniestro. En su descargo, tampoco hay que demonizar a quien pretende sentarse en un 'Sillón Presidencial', pero lo hace en una silla de anea, con la espadaña rota, que se clava en salva sea la parte. Se entiende el papelón de quien tiene que decir continuamente no y no, y cien veces no, a propuestas verosímiles, honestas y necesarias -incluso imprescindibles- de toda clase y condición. Y se disculpa un poco.
Pero echamos de menos a Epi y Blas, en aquellas deliciosas clases de Barrio Sésamo, en las que nos explicaban con claridad meridiana la diferencia entre arriba y abajo. Lástima que esas lecciones no lleguen a todo el mundo.
En este caso, no es lo mismo gestionar la miseria que padecer la miseria, nada que ver, aunque no se perciba desde las alturas de las presidencias. Nuestra Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría y Servicios Tecnológicos de la Región de Murcia, al igual que otras muchas asociaciones, empresas y autónomos, padece la miseria que supone la desaparición paulatina de nuestras empresas por la negativa de las administraciones públicas a respetar la Ley que establece medidas de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales y la falta de crédito bancario de las entidades financieras, unido a la defunción certificada del mercado de trabajo.
Además de padecer, gestionamos la miseria, rescindiendo contratos de excelentes profesionales, llamando día tras día a las puertas de la banca para renegociar préstamos, y asumiendo drásticos recortes en nuestros honorarios. Pero nunca con asco, sino con ilusión, esfuerzo y entereza, adaptándonos a entornos cambiantes e implantando modelos de gestión cada vez más austeros, innovadores y eficaces.
Todo ello con la incomprensión de nuestras administraciones públicas, de quienes escuchamos con asombro decir que el mercado está muy mal para todos, para la empresa privada y para la empresa pública. Y empezamos de nuevo. No, querido amigo, no es igual. Yo me quedo sin puesto de trabajo -privado-, mientras que tú mantienes el tuyo -público-. Yo -privado- no cobro mi nómina, porque tú -público- antes debes tener garantizado el cobro de la tuya.
Arriba y abajo.





















