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Opinión |
Martes, 10 de Enero de 2017

La sinceridad objetiva del resultado

Una vez pasadas esas fiestas de desenfreno y alegría, junto a nuestros seres más queridos, toca volver a la normalidad. Una de las primeras tareas que debemos afrontar con la mayor de las imaginaciones y amplitud de miras es el cálculo de resultado del recién concluido ejercicio y cierre de la contabilidad anual. Esta labor ardua, tediosa y rutinaria debemos realizarla con grandes dosis de ilusión y lucidez mental, de modo que consigamos el mejor resultado posible, ya que de ello, dependerán los logros financieros y proyección futura de nuestra empresa.


En primer lugar, debemos ser conscientes que es ahora cuando, fruto de este trabajo a realizar, que concluye con el depósito y publicación de las Cuentas Anuales, nuestra empresa da a conocer al mundo el resultado de su [Img #47075]actividad y situación financiera, por lo que cualquier interesado, entre los que especialmente se encontrarán las entidades financieras y proveedores estratégicos, con los que habitualmente trabajamos o queremos trabajar, estudiarán y analizarán en detalle toda la información publicada en esos documentos. Es por ello que debemos ser muy cuidadosos y dedicar todo el tiempo que sea necesario para mostrar la mejor imagen fiel del patrimonio, situación financiera y resultado, siempre, claro está, cumpliendo escrupulosamente todos los preceptos incluidos en el Plan General Contable y demás normativa mercantil aplicable.


Siendo esta una tarea con un muy elevado componente administrativo y contable, y sujeta a una estricta normativa, deberemos, como decía al principio, ser muy imaginativos en su aplicación e interpretarla de manera creativa, para que el resultado sea el que mejor responda a los intereses de nuestra empresa,  predisponiendo muy positivamente a todo aquel que acceda y analice esa información. Para lograr este primer gran objetivo, contamos  con muchas posibilidades que el Plan General Contable nos ofrece, a través de la clasificación del gasto por naturaleza y periodificaciones, en función de su devengo y plazo al que respondan.


En segundo lugar, y con el importantísimo objetivo y vital necesidad de conocer cuánto de bien hemos hecho las cosas, o cómo deberíamos empezar a hacerlas a partir de ahora, para maximizar nuestro beneficio, o al menos hacer nuestro resultado positivo, según sea el caso, deberemos realizar un profundo análisis de nuestra actividad, recurriendo esta vez a la contabilidad de costes. Esta herramienta nos permitirá ver, con claridad absoluta, como se acumulan los costes que nuestra actividad genera y como va formándose el resultado, de modo que podamos detectar cualquier ineficiencia o punto de mejora en nuestras operaciones y así, nos sea posible reconducirlas a fin de obtener el resultado deseado.


Al contrario de lo que ocurría con nuestra primera tarea, cuya información está destinada a todos los terceros interesados en el devenir de nuestra actividad, en esta segunda tarea, la información es de uso exclusivo interno y debe reflejar, con absoluta transparencia, nuestra realidad, por lo que no debemos contaminarla con ajustes de dudosa procedencia y así alcanzar la mayor sinceridad objetiva del resultado, a fin de que esta labor nos sea realmente útil y nos permita, huyendo de la autocomplacencia y actuando con exigente autocrítica, corregir cualquier posible pérdida de eficiencia y obtener en el mayor beneficio.

 

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