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Opinión | El mirador
Jueves, 12 de Mayo de 2011
Miguel Galindo

Insumisión fiscal

Veamos… Semanas atrás, en un programa de radio, y en unas declaraciones a la prensa después, me declaré partidario, dadas las circunstancias, de que todos los empresarios, toítos tós, nos declaremos en insumisión fiscal. Hubo de todo, desde aplausos incontenidos a pavorosas admoniciones, desde sonrisas aplaudidoras a desdeñosas sonrisas, desde amables críticas a críticas severas. Por otra parte, es lógico que nombrar a la bicha espante la caballería. Pero es que, si es verdad que a grandes males grandes remedios, es muy posible - yo casi estoy seguro de ello - que obraría como la purga de Benito, y que con el solo anuncio serio, formal y cabal del lenitivo, se arreglarían muchas cosas en poco tiempo… Vamos, que vendría como pedraíca en ojo de boticario.

    Y lo decía a cuento de la deuda que las administraciones públicas tienen y mantienen con sus proveedores a cara de perro, porque apenas si llegan a cubrir la nómina de sus funcis. Y dicen que lo primero es lo primero y que la calle aguante hasta el día del juicio final a última hora, si preciso fuera. Pero, eso sí, claro, que paguen sus impuestos religiosamente, aumentos y penalizaciones incluidas, salvo que se les embargue el cornijal. Y, la verdad, no sé cómo se puede obrar tal milagro. El págueme aunque yo no le pague tiene un recorrido corto. El resultado es el cierre de las empresas acreedoras. Y la empresa cerrada no paga impuestos. Si encima se suman más familias al paro, aún es mucho peor. Además, y por supuesto, de que al restar ingresos al erario (impuestos) y aumentar sus gastos (paro), menos aún podrá mantener su propia nómina. Como ven, es un círculo vicioso que se retroalimentaría hasta que el colapso hiciera una obra de caridad al sistema, y, muerto el perro se acabó la rabia…

    Así que mejor sería, opinaba yo, una insumisión fiscal voluntaria que obligada. La primera llevaría consigo el mantenimiento del empleo y la esperanza de poder volver a pagar impuestos, pero la segunda lleva consigo el kyrieleyson (Señor, ten piedad) de despedida y cierre. Además, sería hasta de justicia corresponder a nuestros administradores de la misma manera que ellos hacen con nosotros: aguanta que ya cobrarás, moreno… Lo otro es un agravio comparativo, una indefensión fiscal, moral y jurídica. Así que si vamos a juzgar y a jugar con esas cartas, que sea al menos con la misma baraja.

    Ya sé… ya sé que me va a saltar y soltar más de uno diciéndome que esto es un enaltecimiento larvado de la economía sumergida, y que soy reo de delito por ello. Que parece mentira, y todo eso… Pero miren, no es así, lo siento. Si se hace de cara y por lo derecho, citando desde los tercios y dando la jeta, como debe ser, no sería ni más ni menos legal que una huelga general, y miren, cae en verso… Y los motivos serían tan legítimos como el del general huelga, ya saben… Que no está escrito en ninguna parte que los sindicatos obreros tengan la exclusividad del corto y cierro.

    El problema reside en que los de la CEOE, ni me leen ni se enteran. Y que con el zapas solo se reúnen los grandes dinosaurios, y no la jauría pequeña que es la que pasa hambre. Porque deberían proclamar y llamar a la huelga fiscal desde nuestros candidosmendez y nuestros fernandeztochos y sus calimochos. Y a ver qué coño pasa… Que el estado embargue a la totalidad de las empresas que aún quedan en pié, y que le aproveche. A ver como reparte el pienso a toda la banda de mangantes y paseadores que ha malcriado y peoreducado. Estoy seguro, segurísimo, que no dejarían llegar la sangre al río. Y que moverían ficha y rápido… Así que me reitero y me mantengo en lo dicho: ni tal ni cual, pero sí a la insumisión fiscal, don Pascual.
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