¿Qué quieren los inversores?
De forma muy parecida a lo que pasó en la anterior semana, pero justo al revés, lo más interesante de la semana se concentró en una sola sesión, la del martes 6 de marzo, cuando todos los grandes índices mundiales cayeron, siendo la caída superior al 3% en los de la zona euro, del 1,5% en los americanos y del 0,6% en el Nikkei. Nuestro Ibex, que es el peor de los índices europeos en lo que va de año, cayó casi un 5% en la sesión. En la semana también nuestro Ibex ha sido el peor índice, cayendo un 3,3% frente a la caída del 1,2% del Eurostoxx, y frente a las subidas suaves del Dow y el Nikkei.
La razón aparente del desplome del martes fue el temor a que no se cerrase el acuerdo con los acreedores privados en Grecia para canjear la deuda, pero sin duda además de ese temor también pesó con fuerza la constatación de que la zona euro va a entrar en recesión, al hacerse público ese día que el PIB de la eurozona ha caído un 0,3% en el cuarto trimestre de 2011.
Posiblemente las dos cosas (acuerdo sobre deuda griega y recesión en la eurozona) tuvieron incidencia en las caídas del martes, pero nos atrevemos a pensar que los temores sobre el crecimiento económico empiezan a pesar cada vez más en el ánimo de los inversores. Sobre todo después de que China bajase el pasado lunes 5 de marzo el objetivo de crecimiento del PIB del 8% al 7,5% para los próximos ejercicios.
El escenario de crecimiento débil o incluso negativo es especialmente duro si no se cuenta con más incentivos monetarios por parte de los Bancos Centrales. Bernanke hace diez días, en su comparecencia bianual ante el Congreso vino a decir que no habrá una QE3 y Draghi el pasado jueves dijo que el BCE ya ha hecho todo lo que puede hacer con el famoso LTRO, y ahora les toca actuar a los Gobiernos de la eurozona.
Imaginemos un mundo con recesión suave en la zona euro, crecimiento débil (del entorno del 2%) en EEUU y crecimiento desacelerándose aunque todavía superior al 5% en los emergentes. Imaginemos que ante el débil crecimiento los Bancos Centrales mantienen sus políticas monetarias de apoyo, pero ya no hay nuevos incentivos porque los tipos ya están casi a cero y los efectos de nuevas expansiones agresivas de la base monetaria (quantitative easing) son pequeños en comparación con el deterioro que provocan en los ya poco ortodoxos balances de los Bancos Centrales. En ese escenario es difícil que las Bolsas suban, sería ya un éxito que no bajen.
Cabe pensar como hipótesis básica que las Bolsas se moverían en rangos, al estilo japonés. La duda es si, como en Japón, la tendencia de fondo sería suavemente bajista o más bien suavemente alcista. El manejo de los rangos se convierte en todo caso en fundamental y lo interesante es que no todas las Bolsas están en la misma zona del rango. El Dax, el Nikkei, o el S&P están en la parte alta de la banda, tras las subidas de estos dos primeros meses del año, en tanto que otras Bolsas como nuestro Ibex o el Shanghai Composite se han quedado rezagadas.
Con unos datos buenos pero no concluyentes de la economía americana y con una solución para Grecia que, como ha recordado oportunamente el ministro alemán de economía, Schauble, no resuelve definitivamente el problema, parece difícil que las Bolsas rompan niveles al alza. Eso explica la reacción suavemente alcista de las Bolsas el viernes ante dos noticias muy buenas, el anuncio griego del cierre exitoso del acuerdo con los acreedores privados y el magnífico informe de empleo americano en febrero. Incluso nuestro Ibex bajó ligeramente.
Probablemente los inversores ahora, tras el fin o al menos el paréntesis temporal de las inyecciones monetarias, quieren ver crecimiento. El problema es que soplar y sorber a la vez es difícil y ahora toca más sanear que crecer. Los Bancos Centrales pueden aliviar los problemas de liquidez, lo cual no es poco, pero cuando se trata de sanear y reformar, quienes deben tomar el relevo son los Gobiernos y los agentes económicos.
Y los inversores no acaban de verlo claro, como se ve en el dólar, que esta semana pasada ha protagonizado un movimiento de ida y vuelta con el euro, y en el oro, que se mueve en una banda estrecha alrededor de los 1.700 dólares la onza, con subidas suaves y recaídas frecuentes, digiriendo todavía la gran subida del pasado verano que le llevó a los 1.911 dólares la onza.
Esta próxima semana, terminada ya la temporada de resultados empresariales, hay datos interesantes de ventas minoristas de febrero en EEUU (retail sales), sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan, y producción industrial en EEUU. Pero lo realmente importante es la reunión de la FED. Lo normal es que la FED, en la misma línea que Draghi el pasado jueves, pase el testigo a los Gobiernos. Claramente los banqueros centrales están advirtiendo de que la política monetaria tiene sus límites y están apelando a que los demás hagan sus trabajos. Va a ser muy interesante ver la reacción de los inversores, ver si siguen o no obsesionados con una nueva QE3, si quieren más inyección monetaria o si por el contrario, desean una vuelta gradual y progresiva a la ortodoxia.
Además esta semana hay vencimiento trimestral de opciones y futuros, lo que siempre determina movimientos, ya que los precios se van alineando con las posiciones dominantes en las opciones abiertas.
A nivel técnico hemos visto como el futuro del S&P al llegar a los máximos del pasado abril frenó en seco por sobrecompra e inició una corrección, si bien al final de la semana volvió a esos máximos.
Pensamos que esta semana de vencimientos va a ser más bien lateral, sin muchos cambios, y que los futuros van a vencer en torno a estos niveles. Después del vencimiento habrá que esperar a los resultados empresariales del primer trimestre y a los datos de PIB del primer trimestre para tener más elementos de decisión.
Una posible idea sería apostar a favor de índices que se han quedado atrás, como el Ibex, y en contra de índices que suben mucho en lo que va de año como el Dax, el Nikkei o los americanos.
La razón aparente del desplome del martes fue el temor a que no se cerrase el acuerdo con los acreedores privados en Grecia para canjear la deuda, pero sin duda además de ese temor también pesó con fuerza la constatación de que la zona euro va a entrar en recesión, al hacerse público ese día que el PIB de la eurozona ha caído un 0,3% en el cuarto trimestre de 2011.
Posiblemente las dos cosas (acuerdo sobre deuda griega y recesión en la eurozona) tuvieron incidencia en las caídas del martes, pero nos atrevemos a pensar que los temores sobre el crecimiento económico empiezan a pesar cada vez más en el ánimo de los inversores. Sobre todo después de que China bajase el pasado lunes 5 de marzo el objetivo de crecimiento del PIB del 8% al 7,5% para los próximos ejercicios.
El escenario de crecimiento débil o incluso negativo es especialmente duro si no se cuenta con más incentivos monetarios por parte de los Bancos Centrales. Bernanke hace diez días, en su comparecencia bianual ante el Congreso vino a decir que no habrá una QE3 y Draghi el pasado jueves dijo que el BCE ya ha hecho todo lo que puede hacer con el famoso LTRO, y ahora les toca actuar a los Gobiernos de la eurozona.
Imaginemos un mundo con recesión suave en la zona euro, crecimiento débil (del entorno del 2%) en EEUU y crecimiento desacelerándose aunque todavía superior al 5% en los emergentes. Imaginemos que ante el débil crecimiento los Bancos Centrales mantienen sus políticas monetarias de apoyo, pero ya no hay nuevos incentivos porque los tipos ya están casi a cero y los efectos de nuevas expansiones agresivas de la base monetaria (quantitative easing) son pequeños en comparación con el deterioro que provocan en los ya poco ortodoxos balances de los Bancos Centrales. En ese escenario es difícil que las Bolsas suban, sería ya un éxito que no bajen.
Cabe pensar como hipótesis básica que las Bolsas se moverían en rangos, al estilo japonés. La duda es si, como en Japón, la tendencia de fondo sería suavemente bajista o más bien suavemente alcista. El manejo de los rangos se convierte en todo caso en fundamental y lo interesante es que no todas las Bolsas están en la misma zona del rango. El Dax, el Nikkei, o el S&P están en la parte alta de la banda, tras las subidas de estos dos primeros meses del año, en tanto que otras Bolsas como nuestro Ibex o el Shanghai Composite se han quedado rezagadas.
Con unos datos buenos pero no concluyentes de la economía americana y con una solución para Grecia que, como ha recordado oportunamente el ministro alemán de economía, Schauble, no resuelve definitivamente el problema, parece difícil que las Bolsas rompan niveles al alza. Eso explica la reacción suavemente alcista de las Bolsas el viernes ante dos noticias muy buenas, el anuncio griego del cierre exitoso del acuerdo con los acreedores privados y el magnífico informe de empleo americano en febrero. Incluso nuestro Ibex bajó ligeramente.
Probablemente los inversores ahora, tras el fin o al menos el paréntesis temporal de las inyecciones monetarias, quieren ver crecimiento. El problema es que soplar y sorber a la vez es difícil y ahora toca más sanear que crecer. Los Bancos Centrales pueden aliviar los problemas de liquidez, lo cual no es poco, pero cuando se trata de sanear y reformar, quienes deben tomar el relevo son los Gobiernos y los agentes económicos.
Y los inversores no acaban de verlo claro, como se ve en el dólar, que esta semana pasada ha protagonizado un movimiento de ida y vuelta con el euro, y en el oro, que se mueve en una banda estrecha alrededor de los 1.700 dólares la onza, con subidas suaves y recaídas frecuentes, digiriendo todavía la gran subida del pasado verano que le llevó a los 1.911 dólares la onza.
Esta próxima semana, terminada ya la temporada de resultados empresariales, hay datos interesantes de ventas minoristas de febrero en EEUU (retail sales), sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan, y producción industrial en EEUU. Pero lo realmente importante es la reunión de la FED. Lo normal es que la FED, en la misma línea que Draghi el pasado jueves, pase el testigo a los Gobiernos. Claramente los banqueros centrales están advirtiendo de que la política monetaria tiene sus límites y están apelando a que los demás hagan sus trabajos. Va a ser muy interesante ver la reacción de los inversores, ver si siguen o no obsesionados con una nueva QE3, si quieren más inyección monetaria o si por el contrario, desean una vuelta gradual y progresiva a la ortodoxia.
Además esta semana hay vencimiento trimestral de opciones y futuros, lo que siempre determina movimientos, ya que los precios se van alineando con las posiciones dominantes en las opciones abiertas.
A nivel técnico hemos visto como el futuro del S&P al llegar a los máximos del pasado abril frenó en seco por sobrecompra e inició una corrección, si bien al final de la semana volvió a esos máximos.
Pensamos que esta semana de vencimientos va a ser más bien lateral, sin muchos cambios, y que los futuros van a vencer en torno a estos niveles. Después del vencimiento habrá que esperar a los resultados empresariales del primer trimestre y a los datos de PIB del primer trimestre para tener más elementos de decisión.
Una posible idea sería apostar a favor de índices que se han quedado atrás, como el Ibex, y en contra de índices que suben mucho en lo que va de año como el Dax, el Nikkei o los americanos.





















