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Opinión |
Lunes, 12 de Marzo de 2012

Estadísticas. Somos más que cifras

Nos hemos convertido en un dato, en una cifra, en parte de numerosas estadísticas que, por frías, no siempre definen lo que hay detrás. Tenemos un número de identificación como ciudadanos, y otras numeraciones para pagar impuestos, en el trabajo, como miembros de entidades y asociaciones, en los tickets para asistir a eventos, para que nos atiendan en la mayoría de los sitios, para ubicarnos social, individual, cultural, formativa y profesionalmente. Todo se reduce a un número, o a varios, con lo que les damos la razón, en cierto modo, a los matemáticos, a los expertos en dígitos y en cuentas.

Pero he aquí que somos algo más que números y cuentas. Somos seres humanos, y lo intangible posee tanto o más valor que lo que podemos calcular. Tenemos un corazón, pero éste puede motivar o sentir lo que no está escrito, lo que no se puede ponderar. Nuestro cerebro tiene un número ingente de neuronas, pero éstas pueden tener infinitos pensamientos, todos con una particularidad diferente, al igual que nos ocurre entre las personas, que, afortunadamente, no hay dos iguales.

Por lo tanto, es un mundo donde hemos de numerar todo y definirlo, la mayoría de las cosas importantes no se pueden conceptualizar de manera unívoca o absoluta. El amor es un sentimiento que admite muchas interpretaciones, aparte de la manera de proyectarlo o de vivirlo, porque cada persona lo percibe como ella misma sabe y experimenta. El cariño no se puede pesar, ni dimensionar, ni comparar. Es el que es, pero imposible de caracterizar en todas sus variables y subjetividades. Además, supongo que es bueno que sea así.

Es evidente, pues, que no hay dos personas iguales que intuyan o valoren de la misma manera una situación semejante. Probablemente por esta razón acuñamos el término empatía, que pedimos que se ponga en práctica con todos los seres humanos y coyunturas que conocemos. Solo intentando ponernos en el lugar de los otros, podemos conseguir acercarnos a sus planteamientos vitales.

Indudablemente somos más que números. Todo no han de ser cálculos, aunque creamos en la planificación, pues, si nos faltan los conceptos de bondad, de caridad, de solidaridad, de amor al prójimo, de experiencia compartida, de perdonar y de perdonarnos, no es posible que sigamos el camino en paz, condición clara para que los avances se den en la sociedad.

La dimensión humana de la que nos hablaba Aristóteles como prioritaria ha de ser la base para la experiencia societaria, de modo que, en estos tiempos convulsos de crisis, seamos capaces de progresar con paciencia, empatía y cariño hacia nuestros semejantes, que los hemos de atender más cuando sus necesidades sean más grandes. Hemos de compensar a los más débiles, puesto que en esa tesitura nos podemos ver cualquiera de nosotros.

En esta etapa de prisas, de cruces de caminos, de pérdidas de credibilidad y de desesperanza, hemos de recuperar la visión en el sentido de que lo más importante no es el Sistema, no son sus estadísticas, sino aquellos para los que existe la Ley y el propio Sistema, los ciudadanos.  Somos más que cifras. No lo olvidemos.

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