Encanto
La magia de la cortesía, de la educación, de actuar con encanto en las relaciones humanas se traduce en resultados estupendos. Lo sabemos, pero a veces falta interiorizarlo. La comunicación precisa de una interacción más o menos intensa y elaborada. Intentemos, por lo tanto, andar el camino con el corazón teniendo en cuenta lo que piensan y anhelan los demás. Llevemos un papel como hoja de ruta con los objetivos que han de aceptarnos como somos. Pongamos los resultados que hemos diseñado con acuerdos bendecidos por las buenas miradas. Las habilidades se resumirán en una serie de gestos con los que nos pediremos las mejores caricias en el deambular cotidiano. Seamos generosos.
Aprendamos con los pronósticos y experiencias sin reservas inútiles. Busquemos instrumentos de poderes pacíficos. Nos hemos de hacer caso. Gobernemos nuestros aprendizajes sin rubor. Hemos de repasar todo lo que ha quedado en diversos cajones: lo hemos de practicar dentro del marco de la recuperación de esas aficiones que nos ubican en tiempo y espacio. Nos hemos de querer sin vacilar, compartiendo, siendo extraordinarios con nosotros mismos y con los demás.
Apostemos por el mejor sueño. No nos perdamos en porcentajes. Seamos creativos. No congelemos los pensamientos. Charlemos con autonomía de lo que llevamos en las mentes y en los corazones y ajustemos actividades provechosas en lo fundamental. Leamos esos libros que tanto nos complacen. Tengamos tiempo para nosotros mismos. Hemos de gustarnos con normas sin suposiciones extrañas. No ha de pasar de largo ese carrusel de ideas que hemos ido cosechando. Nos interesa siempre la felicidad, pues con ella andamos más y más lejos. Evitemos las rutinas y las rutilancias.
No fastidiemos todas las ocasiones que albergamos en el escenario vital, que hemos de manejar con picardía y contrastados pactos. Centremos las estrategias sociales, que han de tratar de los convenios comunicativos que nos darán alas para volar. Tenemos muchas posibilidades, incluso cuando nos parecen pocas y nimias. Encontraremos, si lo pretendemos, en lo escaso. La vida se abre trecho. Nos daremos tiempo, que es lo más escaso. Nos explicaremos, igualmente, todo lo que hacemos, aquello que fue abordado, con más o menos tino, con sus consecuencias.
Pretensiones renovadas
Las reacciones, ante los fracasos incluso, nos han de provocar impulsos con pretensiones renovadas. Nos consolidaremos en los nuevos encuentros. Es lo fantástico de la vida: conocer a más gente. Los calendarios nos regalarán faenas con sus eventos propios. Parlamentemos con calor, con candor. Será bueno. Consultemos lo que nos apetece hacer con claridades, a menudo relativas. Nos querremos, y eso ha de ser el punto de enganche para reiterar el ansia de poder funcionar en mancomunidad. Reformemos un tanto los éxitos individuales para que se muestren en colectividad, con gozo.
Muchas cosas son necesarias para ganarnos ese respeto que servirá de arreglo con la parte más hermosa de cada jornada. Nos hemos de brindar tiempo para recuperar las idóneas conclusiones. Discutamos con moderación y templanza. Más que eso: debatamos en el deseo de aprender y de compartir lo que hemos conocido. Movernos con encanto, en la búsqueda de un cierto glamour, con el acicate de fomentarlo, nos conduce a unos estadios maravillosos. Probemos.





















