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Opinión |
Viernes, 12 de Mayo de 2017

Dosis de confianza

A veces, sí, la vida te atrapa, y te coge por las sienes como diciéndote que debes o no debes hacer cualquier cosa. No te pregunta si es sí o es no. Te manda con su fuerza bruta o con su tacto sigiloso mientras devora tu tiempo y, así, te hace débil.


La vida es así de sorprendente, de buena y de mala, de jugadora con ventaja, pues se te lleva lo mejor sin dejarte mucho margen. No quiere soltarte mientras estás ahí, hasta que de pronto te despide sin previo o aviso, o con él, que no sabemos que es mejor o peor.

 

La dinámica, efectivamente, te atrapa. Es engañosa, incluso cuando es sincera, pues no le creemos. Te coge por lo más sagrado y te conduce por vericuetos que rompen y rasgan el alma, que, pese a todo, se consuela. No tiene más remedio.

 

La vida es como es, suelta y apretada, y por eso conviene que la conozcamos lo antes posible, antes de que el paracaídas se rompa y solo quede entre nosotros vacío y tierra: las dos opciones entonces son terribles.

 

Por eso, como remedio, propongamos la mejor actitud, que nos cambia desde las circunstancias que genera.

 

Hay pocos valores absolutos. Uno de ellos es, sin duda, el amor. Todo significa, todo lo puede, todo lo aporta, frases que también podemos poner en contrario. Depende de nuestra compostura.

 

Una pregunta que nos hacemos desde la infancia es qué vale el amor, o, dicho de otro modo, cuál es, o sería, su peso. No es fácil responder, pues se trata de un intangible, de un imponderable.


Recordemos que a veces hay que transformar el orden de los elementos de una frase, o su sentido, para dar con lo que alberga ciertamente en su interior, en su estructura profunda. A menudo, y ello lo hemos contrastado todos, sabemos lo que vale algo importante cuando no lo tenemos.

 

La importancia del cariño

Por ende, no hemos de esperar a que se produzca una ausencia para demostrar, para demostrarnos, que el cariño y lo que nos aporta, la jovialidad, son ese todo por el que luchamos, o debemos, incluso sin saberlo. En paralelo, para dar con una clave debemos conocer lo que buscamos. En eso consiste la existencia, en saber, en aprender.


Justifiquemos, consecuentemente, esta jornada, pues, dotándonos de la suficiente dosis de confianza en nosotros mismos, para fortalecernos, para aprovechar una nueva lección, y, cómo no, para compartir, para entregarnos, que en eso se sustenta el genuino espíritu. En este análisis, no importa el peso específico, que dirían los expertos, del cariño. Lo que es verdaderamente relevante es su extraordinaria capacidad para afrontar lo cotidiano y para generarnos un perfil dichoso. Podríamos decir que su sustancia es infinita.


Si el amor que experimentamos es verdadero, no nos equivocaremos. Hay multitud de ejemplos.

 

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