Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Viernes, 01 de Septiembre de 2017

La promesa de la dicha

La voluntad nos debe llevar por sendas de entereza, fructíferas, de conquistas compartidas desde el empeño por transformarnos en los grandes momentos, que lo son, si fermentan desde la ilusión que nos ha de prestar un territorio de contento. No nos vaciemos, por favor, con cuestiones inútiles.

 

Recordemos en positivo. Amar es la promesa, el sueño, la evocación, la realidad, el círculo perfecto, la disposición que nos sana. El cariño es la necesidad que, una vez cumplida, nos equilibra, justifica y dota de felicidad. Recordar que está en nuestras manos su presencia, su multiplicación, es reconocer que la historia personal y colectiva tiene mucho que ver con los hábitos en los que nos movemos.

 

No importa los esfuerzos de otros, o sí, pero, en todo caso, sin nuestra apuesta al cien por cien no puede haber resultados eficientes. La casualidad no existe. No olvidemos que si por azar encontráramos los caminos convenientes nunca daríamos con ellos. Las premisas las debemos demostrar cada día.

 

Logremos con constancia gestar, conservar y expandir el diálogo interno y externo como posibilidad próxima de ser quienes queremos. Nos hemos de sentar cara a cara y palpar con hechos que las técnicas y las intuiciones nos relativizan hasta dar con lo objetivo-subjetivo que es la vida misma. El mecanismo es sencillo, y está ahí. Cumplamos la promesa de la dicha. Hoy la vemos. ¡Que no escape!

 

Hacer el bien

En paralelo, conviene mirar lo que realizamos y no vivir en la disculpa permanente. Seguro que ganaremos en una felicidad real, duradera y, sobre todo, merecida. Saquemos lo interesante que portamos en el interior. De esta guisa reinará la jovialidad a la que tenemos derecho.

 

El gusto por ayudar al prójimo, en vez de romper conceptos y personas, debe ser un menester reiterado y cotidiano. A algunos conviene que les insistamos. De hecho es lo que hacemos.

 

Más que yo

Y una reflexión más. Debe encantarnos cuando alguien demuestra, para que se perciba sin lugar a dudas, que nos ignora. Sólo debemos decirle que se esfuerza más que nosotros. Le debemos, no obstante, seguir mirando con dulzura. Es bueno pasar página, pero con normalidad, quedándonos con lo que aporta de verdad. Siempre debe ser así por higiene. No es conveniente que prosigamos con cadencias que otorgan pesos excesivos. Hemos de quedarnos de pie y ligeros de equipaje, como decía el poeta.

 

Los hábitos, por cierto, nos deben perfilar siempre con lealtad. Nos hemos de cobijar en las pasiones que nos plantean lo mejor, así como la consumación de éxitos y de deberes que nos singularizan en la cooperación. Seamos personas en el sentido más amplio del término. Claro que podemos.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.