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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Miércoles, 20 de Septiembre de 2017
Francisco Martínez Ruiz

Ayer, en la avenida diagonal

En vísperas del evento 1-O, todos hemos oído ya casi de todo. Desde los que resolverían el asunto –y no es figurado– manu militari, a los que culpan al Gobierno Rajoy de pasividad. Desde los que apuntan a la necesaria generación de ‘espacios de diálogo’, en la eufemística y cada vez más aburrida terminología podemita, a los que propugnan soluciones constitucionales de alta intensidad : art. 155 CE, neutralización financiera; medidas policiales y judiciales de inmediato; sustitución de la administración catalana….y más.

 

Como suele ocurrir en muchos casos, un termómetro de la situación lo puede dar parte del colectivo de trabajadores del servicio de taxi. Aquí las opiniones son desde luego tajantes, aunque no conseguí entender ninguna.

 

También el colectivo de profesionales está perplejo de cómo se ha llegado a esta situación, e identifica a los responsables en conjunto, sin que tampoco en las sucesivas conversaciones pudiera yo determinar quiénes han sido los responsables, en concreto.

 

Mi confusión iba en aumento, así que decidí tomar un café con eso que se denomina un referente. Persona formada, equilibrada y no solo con opinión –que eso abunda– si no con criterio, como señalaba Balmes, cuya calle en Barcelona nos pillaba cerca, por cierto.

 

Para este amigo, la situación ha llegado a un callejón sin salida en el que ninguna de las partes afectadas puede dar una marcha atrás radical. El Estado, porque no puede abdicar de sus responsabilidades constitucionales. El Govern y sus grupos de apoyo, porque han echado toda la leña en el asador, han pasado líneas rojas de difícil vuelta atrás.

 

Ya importa poco, dicho sea, en términos prácticos, el desarrollo y resultado de esa jornada del 1-O. Si hay más o menos votantes, donde votarán, y qué resultado saldrá. Importan los días siguientes.

 

El Estado tiene la Ley, y mucha razón; las instituciones catalanas pro independencia, tienen el sentimiento, su razón, y un traje legal que se han hecho a medida, recientemente. Una mayoría por determinar ha comprado la idea independentista; otra mayoría, también por determinar, la rechaza. La fractura está servida. Pero todos están deseando algo o alguien que desbloquee la salida.

 

Un actor, un grupo, que logre dejar congelada, sin ir a más, esta situación. Logre que se reanude la normalidad institucional; haga posible que se convoquen elecciones en Cataluña; Y, en función del mapa parlamentario resultante, fije un plazo prudente, 3-4 años, para una reforma constitucional que permita la celebración de un referéndum en Cataluña. Un referéndum, no esto del 1/O. Ya veríamos los resultados…Porque si la promesa del referéndum no está garantizada, el tema no se acaba. Y el tema debe y tiene que acabarse, en un sentido o en otro, de modo democrático y civilizado. O dejar caer la fuerza del Estado en toda su….dimensión.

 

Desde la terraza de la cafetería de un centro comercial muy muy español, no inglés, se veía hora de colegios, un sol radiante catalán, gente que iba o venía a sus cosas. Una gran bandera de España en un centro oficial próximo… nos despedimos. El taxista que me llevó al aeropuerto, me resumió la situación: “Este lío lo han montado cuatro. Y seguí sin entender nada. El señor era de Palencia”.

 

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