Nuestras campeonas del golf femenino
Podría parecer que este no sea el mejor momento para sacar a colación la necesidad que tenemos de darle un decidido impulso al Golf Femenino en la Región de Murcia, y es que estamos viviendo un momento muy dulce, en cuanto a destacada representación de nuestra Región en los torneos individuales y por equipos, que se vienen disputando a nivel nacional e internacional en las categorías base, que son nuestro futuro.
Es obligado reconocer, porque se lo merecen, los grandes logros alcanzados por las jugadoras de nuestra Región durante estos últimos años, haciendo mención especial a la medalla de oro que Dimana Viudes ha conseguido como integrante del equipo nacional en el World Junior Girls Championship, disputado este año en Canadá, y en el que ha compartido tan brillante éxito con la madrileña Blanca Fernández y la asturiana Elena Arias. Esperamos que esta importante gesta tenga su continuidad en los próximos años, y motivos para la esperanza no nos faltan, ya que entre nuestras jóvenes promesas tenemos también a Raquel Olmos, formándose en Estados Unidos y a Patricia Garre, incluida en el programa de alto rendimiento del Centro Nacional de Golf en Madrid. Por tanto, creo podemos soñar con muchos triunfos futuros, que servirán de referencia y motivación para que otras muchas chicas (y chicos) quieran seguir su camino.
Sin embargo, en esta historia hay un lado menos agradable y es el gran esfuerzo y sacrificio que sus familias han tenido que realizar para sacar adelante estos talentos y la soledad que a veces han experimentado en esta larga y tortuosa singladura, y es sobre esto en lo que quiero incidir ahora. Primero, en la necesidad de mostrarnos más predispuestos y abiertos a buscar nuevos talentos y apoyar sus prometedoras carreras, lo cual solo se puede lograr acercando e introduciendo a muchos niños en el golf y, segundo, intentando conseguir una más intensa participación de las mujeres de nuestra Región en este deporte.
Esta opinión, que pretende ser constructiva, se basa en el análisis de los datos de licencias que periódicamente publica la Real Federación Española de Golf y que ya cubre un periodo suficientemente dilatado como para alcanzar conclusiones que puedan considerarse ajustadas a nuestra realidad. Centrando nuestra atención en el número y porcentaje que representan las licencias femeninas sobre la población total de jugadores federados, podemos comprobar, con cierto desasosiego, como el nivel en nuestra Región siempre ha estado -3,09% por debajo de la media nacional, y si esta diferencia se ha reducido en los últimos años, para llegar hasta el -2,33% en el 2017, ha sido porque las licencias femeninas a nivel nacional se han situado por debajo del 30%, y no porque el escaso crecimiento cosechado en nuestra comunidad (+4,14%) haya hecho que esta brecha se cierre de manera significativa.
Así pues, podemos comprobar como en el año 2004 las licencias femeninas representaban el 29,41% de las totales vigentes en nuestra Región y en el 2017 este porcentaje ha bajado hasta el 26,87%, lo cual es bastante decepcionante pero, lejos de desmotivarnos, creo este deterioro debe empujarnos a luchar con mayor determinación y trabajar con más empeño si cabe, para encontrar soluciones que nos permitan incrementar el número de jugadoras y seguir soñando con nuevos éxitos futuros, como los alcanzados últimamente, y también favorecer la práctica deportiva en familia, posibilidad que pocos deportes como el golf ofrecen, y que debemos considerar como uno de los mayores beneficios que nos puede aportar.





















