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Opinión |
Viernes, 10 de Noviembre de 2017

Responsabilidad y altura de miras

Una vez han pasado los días en los que un puñado de insurrectos en Cataluña,  adueñándose de la voluntad de todos los catalanes, tuvieron la osadía de proclamar, de forma unilateral, ilegal y autoritaria, una especie de pseudo independencia, nos toca a todos ayudar a que la normalidad democrática vuelva a ser la tónica general que marque el devenir diario de los acontecimientos.  Una normalidad que imprima una cierta tranquilidad y [Img #52010]sosiego, que buena falta hace, para que los miles de ciudadanos que se encuentran divididos de forma artificial, a través de las innumerables mentiras e insidias que se han ido propagando a lo largo de muchos años, regresen a la cordura y a la convivencia, de la que tanto hemos aprendido el resto de los españoles y de la que, a lo largo de la historia, el pueblo de Cataluña siempre han hecho gala y seña de identidad.

 

Las elecciones autonómicas convocadas para el 21 de diciembre deben ser el punto de partida para que esta nueva etapa comience y para que se configure un periodo de estabilidad emocional que permita restituir la democracia, quebrada a lo largo de todos estos años de infausto gobierno auspiciado por unos separatistas. Y lo más importante: debe servir también para posibilitar una recuperación de la economía que ha sufrido un varapalo impresionante con la huida de más de dos mil empresas, con el consiguiente empobrecimiento del tejido social, producto del aumento del paro, y con la disminución de las inversiones que se está produciendo en los últimos meses y que los distintos operadores económicos nos los están recordando a diario.

 

El inconveniente se puede plantear si, como parece, el resultado que se obtenga en los citados comicios no permite una amplia mayoría en alguno de los partidos de los denominados constitucionalistas. Es más, creo que no lo va a haber en ninguno de los que se presenten, lo que nos llevaría directamente a la consecución de posibles pactos post-electorales. Y aquí puede radicar el nudo gordiano que permita la solución a este problema o que, al contrario, lo agudice más y volvamos al punto de partida, desde donde dirigirnos de nuevo a  Independence Day (segunda parte).

 

Todos somos conscientes que el movimiento independentista no ha desaparecido tras la aplicación del artículo 155. Incluso podemos asegurar que, tras la prisión provisional decretada para una parte del govern, se ha revitalizado, utilizando el victimismo y propiciando la tergiversación de las noticias emanadas de los acontecimientos judiciales que se están desencadenando. Por ello es por lo que hay que tener las cosas claras y ofrecer respuestas objetivas a todos aquellos argumentarios que, de forma torticera, se están publicando y para lo que se está utilizando una trama perfectamente diseñada en contra de las medidas judiciales.

 

Se critican estas medidas aduciendo que son desproporcionadas y que los exconsejeros ya no ejercen acciones políticas ni tienen responsabilidades administrativas. Pero no se reconoce que este aspecto (el de la proporcionalidad) sí que se ha aplicado al exconsejero Santi Vila, al que se ha liberado de la prisión preventiva, mediante la aportación de una fianza. Y esto ha sido tenido en cuenta por la Jueza al apreciar que esta persona ha manifestado su intención de no reiteración a delinquir, manifestado en sus declaraciones a la Jueza, y sustentado en su dimisión anterior  a la proclamación de la independencia. El resto de los imputados, a mi entender, han cometido un error al negarse a contestar al Fiscal y a la Jueza, por lo que esta no ha podido constatar su intención y predisposición a reiterarse en los mismos hechos delictivos. Si a esto sumamos que el mismo día de su declaración el ex-vicepresidente Junqueras suscribió un artículo en New York Times, como representante de la nueva República Catalana, insistiendo en su postura rupturista, a la sra. Lamela no le ha quedado más opción que aplicar el sentido común y presuponer que estos señores iban a seguir la senda de Puigdemont, huyendo y utilizando los medios de comunicación y las redes sociales para continuar su maniobra de agitación y de desestabilización social que es lo que a ellos les beneficia. No olvidemos que el estado de agitación en la sociedad catalana y la movilización, en algunos casos  no precisamente pacífica, es el mejor reconstituyente de las formaciones independentistas para la campaña que se avecina. Esta insistencia en reiterar su intención de continuar cometiendo un delito es lo que los mantiene en prisión preventiva, y no otra cuestión.

 

Ahora vamos a ver qué es lo que hacen los partidos que defienden la unidad de España. Por el momento la oferta de Ciudadanos para que los tres principales partidos que apoyaron la aplicación del 155 se comprometan previamente a respetar y apoyar a la lista más votada no ha sido bien acogida. A mi entender es el momento en el que todos los partidos, con verdadero sentido de Estado, tendrán que calibrar mucho sus decisiones y anteponer el bien general de nuestro país a los intereses partidistas. Cataluña precisa un tiempo para restituir la unidad de una sociedad que ha quedado quebrantada, y ese tiempo tiene que estar marcado por la cordura y por entender el verdadero sentido de Estado, a la vez que se atiendan las justas reivindicaciones de los miles de catalanes que, sin intención de separarse de España, piensan se tienen que hacer una serie de reformas que permitan una mejor integración dentro de sus sensibilidades.

 

No tenemos que tener miedo a plantear la reforma de la Constitución, siempre que se preserve la unidad territorial, y que cualquier acuerdo sea participativo y producto del consenso de toda la sociedad española. Así es como funcionan las democracias en los países civilizados, y el nuestro no se va a salir de esa tónica general. Y en cuanto a la gobernabilidad en Cataluña, tras el 21-D, no deberíamos poner tabús previos a ninguna de las posibles soluciones o alianzas entre las distintas fuerzas políticas que respetan la Constitución. Tan solo se precisa un poco de sensatez para que se posibilite la formación de un gobierno que respete las reglas del juego que nos hemos dado y que no haga saltar por los aires la convivencia y la democracia como han hecho sus antecesores. Todos sabemos que el PP se ha quemado (más bien se ha abrasado) en este proceso, y que no va a ser significativo el resultado que saque en la urnas, pero sí que puede ser determinante a la hora de prestar sus apoyos a otras formaciones que, aunque distantes ideológicamente, puedan tener más opciones a la hora de configurar un gobierno de estabilidad.

 

Los partidos constitucionalistas tienen delante de sí una gran responsabilidad. Altura de miras y generosidad son dos opciones que se van a tener que barajar mucho en los próximos días y esperemos que, por el bien de todos los españoles (y no solo de los catalanes) por una vez nos dejemos de mirar nuestro ombligo, a través del filtro que nos impone la política de partido, y afrontemos este reto con una visión más objetiva a pesar de los sacrificios que ello va a comportar.


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