Crowdfunding vs. ayudas públicas
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En otras palabras: si antes buscábamos a un inversor para que financiase el 100% de los costes de puesta en marcha del negocio, ahora aprovecharemos las TIC –y las plataformas de crowdfunding surgidas en los últimos tiempos- para encontrar a mil que pongan mucho menos... Para no extendernos en esto, os recomiendo que echéis un ojo al resumen de la jornada #Microfinanciamos que BlackBox Innova organizó el pasado 17 de enero en CEEIM con el apoyo del Instituto de Fomento.
Emprendiendo este camino quizás podamos vislumbrar una oportunidad al final del túnel de las penurias económicas. Incluso pudiera parecer que la escasez de ayudas públicas para el emprendizaje no es tan grave como cabe pensar, pero nada más lejos de la realidad: el apoyo de la Administración es imprescindible para maximizar el efecto de este nuevo modo de financiación
No estoy sola cuando afirmo que las ideas están sobrevaloradas en el ámbito del emprendizaje: hace falta madurar los proyectos y dar un paso más. No basta con tener una intuición y creer en nuestra idea. Todos sabemos que hacen falta muchas horas de trabajo, muchos esfuerzos por adaptarnos al mercado y, por supuesto, recursos, tiempo y dinero para hacer realidad nuestra idea,
Tal y como leía el otro día en un artículo de Expansión: “… interesa ver cómo el emprendedor es capaz de resolver una demanda que el mercado está dispuesto a pagar. La clave no es la idea, sino el modelo de negocio. El plan de negocio es crítico, y no pasa nada por equivocarse, pero hay que dedicarle mucho tiempo. Los expertos coinciden en que puede haber muchas ideas, pero lo importante es ejecutarlas...”
Aquí es donde la Administración pública debe volverse más útil que nunca, apoyando a los emprendedores y ayudándoles a entender el crowdfunding como un punto de partida excelente para testar productos, foguearse en el mundo real de los negocios y el marketing. Salir a la calle, vamos, y tener el primer encuentro con quienes queremos sean nuestros clientes, mostrarles la idea, y seducirles.
Precisamente cuando las ayudas merman, la Administración debe garantizar que sus ayudas repercuten en los proyectos que más posibilidades tienen de salir a flote. Hasta ahora, la herramienta con la que contaban los emprendedores para lograr sus apoyos era, sobre todo, un plan de negocio infinito: proyecciones, explicaciones... un mundo de negro sobre blanco que sin embargo carece de verdaderas experiencias reales.
Sin embargo, el crowdfunding aporta el necesario baño de realidad, al tiempo que la Administración tiene ahora la oportunidad de impulsar, sumando su apoyo al de las iniciativas privadas, aquellos proyectos que han demostrado una primera fase de madurez, de salida al ruedo y de esfuerzo.
Esto quiere decir que ambas esferas –la pública y la privada- pueden y deben complementarse, jamás serán unas sustitutas de las otras. En un entorno cada vez más digital debemos ofrecer estímulos para su combinación y el trabajo colaborativo en esta realidad. Todo ello sin perder de vista el papel que las ayudas públicas tienen a la hora de impulsar y apoyar el emprendizaje.
Con más herramientas podemos, y debemos, ofrecer lo mejor de cada una a nuestra sociedad, para garantizar la mayor rentabilidad de cada euro invertido, y para que el progreso sea un proceso de suma y evolución continua.
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