Comer en privado
Desde que tomó posesión, hace casi un año, el actual presidente de la comunidad Fernando López Miras, es frecuente, y bastante frecuente, que acuda a comer al reservado de un conocido restaurante murciano. Una amiga asidua al lugar me comenta que lo han visto acompañado del ex presdiente Valcárcel, de los consejeros Hernández y Rivera y hace poco un grupo de periodistas, que comiamos allí, tuvimos ocasión de verlo con el alcalde Ballesta, no sabemos si este encuentro se repetirá entre ellos..
Pero lo curioso es que para acceder al reservado, nuestros gobernantes tiene que pasar por las cocinas, bajar las escaleras y llegar a una sala, especie de búnker, desde donde es imposible que se filtre lo que allí se habla o se decide. Aislados y con la cocina al lado, sin que sean objeto de la curiosidad del resto de comensales, mientras comen, piensan y cambian impresiones para mejorar la Región o al menos eso se supone.
Recientemente he tenido una reunión en esa misma sala y lo primero que he preguntado es si había salida de emergencia, me quedé sorprendida cuando me dijeron que no hay, la única salida es la cocina. Da que pensar que en un momento en la cocina se origine un incendio y los políticos, que allí se encuentran intentando dar soluciones a los problemas de la Región, no puedan salir. Mientras el guardaespaldas espera en la entrada del restaurante, eso sí controla quién entra y quién sale por si a alguién se le ocurre abordarlos para pedirles algo o a reivindicarles uno de los muchos temas pendientes.
Eso es lo que les ocurre a nuestros gobernantes: se aislan para no estar cerca de los ciudadanos, no veamos lo que comen, quién como más o quién come menos, quién pide la cuenta y quién paga, pero no piensan en el riesgo probable porque sus verdaderos peligros son las urnas.





















