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Opinión |
Martes, 17 de Abril de 2012

Empleados públicos: no es esto, no es esto

Hay un lector que me dice: "A ud le debe faltar un hervor. Y dice que fué funcionario? de qué? Le esperamos ansiosamente en hospitales, escuelas y servicios de emergencias públicos para atenderle como se merece, aunque casi con seguridad ud no pisa estas entidades y jamás hace uso de ellas. O ya veremos si se da la ocasión. Los funcionarios debemos aplicar nuestros servicios en función de a quién atendemos y de sus opiniones públicas como es su caso. Lo dicho, le esperamos con avidez (sic)" Lo he reproducido en su integridad.

Yo le pregunto: ¿Me está amenazando? Adelante.

Vamos por partes. Sí fui empleado público, nunca dije que funcionario. ¿Algún problema?

Voluntariamente lo abandoné. ¿Es que no se puede creer también en la iniciativa privada?
Y, además, le respondo. Soy usuario de hospitales, de escuelas (como dice el ‘amable’ lector) y de servicios de emergencias públicos. ¿Algún otro problema? ¿Es usted acaso de los que atiende a los usuarios en función de sus creencias políticas o religiosas, sexo o condición? En mi caso jamás he tenido problemas. Me he encontrado con estupendos profesionales que suscriben de principio a fin lo que escribí en mi anterior artículo.

Son ellos los que, precisamente, se avergüenzan de los mal llamados empleados públicos que únicamente se ocupan de guardar caliente su sillón y su nómina a final de mes; son ellos los que sienten que la ‘rex publica’ es cuestión de Estado como forma de organización social; son ellos los que apartan de su entorno a los profesionales del escaqueo; son ellos los que se avergüenzan de quien, como usted, defiende el sistema funcionarial “sólo para los míos”.

Defiendo lo público como pocos y así lo he manifestado y manifiesto en público y privado en cuanto hay ocasión. Creo como nadie en la política social y en la defensa de un orden también social. Pero no es momento de competir en creencias y en golpes de pecho ideológicos. Es momento –y así lo llevamos defendido también en esta publicación desde siempre- de desenmascarar al mal gestor, al mal empleado público, al mal trabajador, al mal empresario, al mal sindicalista. En síntesis: al que no contribuye a la defensa de este país.

Dijo el otro día el secretario de Estado Beteta que se acabó “el cafelito y leer el periódico”, y añadió: al empleado público y al de la empresa privada. Y yo agrego a lo del cafelito: …y a acudir al mercadillo, y a Mercadona y a ver jugar al tenis en horario laboral. Vuelvo a preguntarle: ¿Algún problema?

Realmente me preocupa que haya a quien le han disgustado mis palabras. Le recuerdo lo que dijo Ortega y Gasset: “No es esto, no es esto”.

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