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Opinión |
Lunes, 12 de Marzo de 2018

Mujeres y hombres hicimos historia el 8 de marzo

Si tuviera que traducir a una imagen todo lo ocurrido el pasado 8 de marzo, sería la de tantos hombres que salieron a la calle para acompañarnos a las mujeres en nuestra lucha por la igualdad. Ante una convocatoria al paro solo para mujeres, que muchas no secundamos porque no hemos entendido la relación y creemos que las reclamaciones van más allá del ámbito laboral y empresarial, los hombres nos han lanzado también un mensaje claro. Y es que son muchos los que están a favor de la igualdad y en contra de la discriminación que la mujer sufre actualmente, todavía, en todos los ámbitos, social, laboral, cultural, artístico y económico.


Mujeres y hombres hicimos historia el 8 de marzo de 2018, juntos, porque ya nos hemos cansado de esperar a que el sentido común, más allá incluso de la normativa vigente en este país, se imponga otorgando a la mujer la visibilidad y representatividad que le corresponde.


Y ello a pesar de que, una vez más, el paternalismo y la condescencia se dieron la mano con quienes celebraban la fecha como una jornada de fiesta, dejándose llevar por la confusión de creer que se nos debe dejar ir para que no nos enfademos o se nos debe proteger, y la alucinación de quienes creen innecesaria reivindicación alguna bajo el insolidario pretexto de no haber sentido discriminación alguna.


Tuve la ocasión de contemplar declaraciones en prensa que volvieron a poner negro sobre blanco la confusión que sigue existiendo en torno al feminismo y las reivindicaciones por la igualdad. Porque siguen siendo muchos, sobre todo muchos, los que creen erróneamente que el feminismo es la lucha por situar a la mujer por encima del hombre o que las demandas de igualdad persiguen la consideración de que la mujer es igual que el hombre.


En este punto creo que es muy importante iniciar una acción pedagógica que permita centrar aún más nuestras reivindicaciones, las de todas las mujeres y hombres feministas, de cara al futuro. En primer lugar el feminismo nace como un movimiento contestatario a la discriminación que la mujer sufre, no como un enfrentamiento entre hombres y mujeres para luchar por una supremacía. Feminista es todo aquel y aquella que entiende que hombres y mujeres debemos tener las mismas oportunidades.


Y en segundo lugar, cuando reclamamos igualdad no nos referimos a ser iguales que los hombres. Es evidente que hombres y mujeres somos diferentes por varias razones, pero no por ello está justificado que debamos gozar de diferente trato por parte de la sociedad a la hora de dotarnos de visibilidad, facilitar el acceso al trabajo, el emprendimiento, el liderazgo o la formación en todas las disciplinas.


Porque para que esto sea posible, es necesario contemplar las características que hacen diferente a la mujer, no tanto desde el punto de vista físico o intelectual, como a la hora de asumir responsabilidades como el cuidado de la familia. De ahí que conceptos como corresponsabilidad se impusieran a las peticiones comunes a todas las manifestaciones que tuvieron lugar en España, junto a otras también importantes para nosotras, como sororidad.

 

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