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Opinión |
Jueves, 19 de Abril de 2012

O ellos o nosotros

Perseguir el fraude fiscal no basta. Es un buen principio, pero no basta.

Este país adolece, desde tiempo inmemorial, de un defecto que, por sí mismo, es capaz de hundirnos en la más profunda miseria. Es un país corrupto. La corrupción impregna nuestra vida pública y privada de tal forma que, siendo un país con grandes cualidades y valores, somos capaces, individual y colectivamente, de realizar actos contra todo aquello que no es de nadie en particular, y que es de todos en general: el Estado, la comunidad y la sociedad en la que estamos inmersa la misma en la que vivimos y a la que exigimos cada vez más de forma individual y colectiva.
 
Si de obtener una ventaja se trata, en nuestra vida social somos capaces de engañar no solo a Hacienda, sino a cualquier ente. Tenemos a gala colarnos, pagar menos, disfrutar de una subvención inmerecida, haber metido en tal o cual sitio a nuestro hijo, no pagar IVA, etc., etc., pero también, despistadamente, ensuciar la calle, pasar del perro, y mil pequeñas cosas que hacemos y toleramos con un “tampoco es para tanto”, “ya lo limpiarán”, “para eso están”, etc., etc.

Nuestra educación cívica es un desastre. Padres, educadores, autoridades, políticos y gente con prestigio que debería dar ejemplo,  pasan olímpicamente o se estrellan ante un desarrollo social que prima al listillo, que alaba al que elude impuestos, o ensalza al que escala económicamente sin escrúpulos. Las muestras de lo expuesto están en las aulas, en el mundo económico, en el absentismo público, en la corrupción política o en los robos de guante blanco y chaqué. Sólo hay que leer la prensa.

Así pues, perseguir el fraude fiscal en un buen comienzo, no cabe duda, pero o se profundiza más en nuestro defecto general o serán inútiles los esfuerzos y el dinero empleado en resolver sólo en una parte del problema. Regeneramos la democracia en España hace 30 años, y de una forma ejemplar, pero se nos olvidó regenerar el civismo de los ciudadanos que la componen.

Todo ello sin olvidar a aquellos que cumplen y procuran cumplir, que somos mayoría pero hacemos mucho menos ruido.

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