La felicidad, en el nuevo día
Sueña el día con nosotros. Solo debemos tomar conciencia de ello. Nos espera con sus ganas, con sus ventajas honestas, con el fluir de la solidaridad, con la bondad, con la entrega, con el cariño, con algún beso, con la suavidad de unas manos, con resortes positivos que nos ensalzarán y nos ubicarán en lo más alto, si así lo deseamos de corazón.
La actitud nos define cada día, que es capaz de mostrar lo óptimo y sus contrarios. Por eso es tan importante el coraje interior, el contar con amigos (que hay que nutrir cotidianamente), el saber dónde vamos, y el ser uno mismo.
Hay conceptos que nos debemos recordar cada jornada, y defenderlos como vitales que son. Sin ellos no somos nada, andamos vacíos: lo que nos conviene es sustentarlos, mejorarlos y que nos transformen.
Por eso este día es tan fundamental, y por eso nos sueña cuando nos ofrece las cartas que únicamente nosotros hemos de elegir. No consintamos que las dudas o el miedo nos roben esa elucubración que, si es buena, hemos de realizar. ¡Vamos ya por esas horas irrepetibles como la vida misma! Nos aguarda la felicidad.
Previsión
En paralelo, pisemos con fortaleza en la aurora, para que nada interesante se diluya, para que no se pierda en la nebulosa de un destino que nos pertenece. Hagamos también que la delicadeza sea uno de los sentimientos que nos participe en un encuentro lleno de expectativas.
Rocemos el amor. Cualquier estímulo es bueno para entenderlo, así como para atender las paciencias con las que crecemos en una etapa y otra. No impongamos ni criterios ni ideas, que nos han de permitir resistir con experiencias que cargaremos de Humanidad.
Lo bueno de que algunas cuestiones que consideramos fundamentales no salgan es que nos apuntan por dónde han de ir ciertas medidas, y, en todo caso, el camino de la ilusión. Seamos francos con nosotros mismos. No nos engañemos ni con circunstancias ni con personas.
No forcemos ni afectos ni resultados. Aunque no siempre nos complazcan ciertas metas y sus respectivos itinerarios, el mundo es como es. Procuremos realizar cuanto podamos desde la mutación y la mejora de lo propio.
La belleza está por doquier. Cada día aparece, aunque no la califiquemos. Nuestro primer deber es buscarla, explorarla, compartirla y fomentarla. La hallaremos en eventos, en palabras, en silencios, en procesos de toda índole, unas veces pequeña y en otras oportunidades a grandes dosis.
En todo caso, la medida la ponemos nosotros. Pensemos, más que en recibir, en lo que podemos desarrollar por la nueva jornada, en ella, y avancemos, en consecuencia, sin más previsión que ser genuinos.






















