El foco gira hacia Francia
Tal y como habíamos previsto la semana pasada, las Bolsas, con la ya habitual excepción de nuestro Ibex, han encontrado un cierto "suelo" y han tenido un comportamiento positivo, tras las fuertes caídas de la primera quincena de abril. La pregunta es si ese suelo es fiable y si el impulso con el buen cierre semanal del pasado viernes va a continuar.
En la última semana el Eurostoxx ha subido un 0,9%, el Dax un 2,5%, el Dow un 1,4%, el S&P un 0,6% y el Shanghai Composite ha recuperado los 2.400 puntos. Solo hemos visto ligeras bajadas en el Nikkei (-0,5%) y en el Nasdaq (-0,4%), aparte de la ya mencionada excepción de nuestro Ibex al caer un 2,9% en la semana. El Ibex perdió el 7.000 y casi llega a los mínimos de marzo de 2009, siendo así que, sin embargo, las dos subastas de letras (martes) y de bonos (jueves) fueron bien, aun subiendo tipos, y el diferencial con el bono alemán también fue bien, aun manteniéndose en niveles muy altos.
Pero lo más interesante ha estado, a nuestro juicio, en el CAC francés, que en la semana previa a la primera vuelta electoral ha conseguido, aupado en parte por la buena subasta del Tesoro francés el pasado jueves, mantenerse plano, pese a que el jueves a última hora de la mañana se difundieron fuertes rumores de posibles rebaja de rating al Tesoro y a los Bancos franceses, y pese a que las encuestas dan como claro favorito a Francois Hollande, ganador de la primera vuelta. Las propuestas de Hollande incluyen la denuncia del pacto fiscal alcanzado en la cumbre europea de 9 de diciembre, así como una fuerte subida de impuestos directos y una rebaja de la edad de jubilación a 60 años. Un cuadro de medidas que en otros momentos habría supuesto una autentica bomba para los mercados, al amenazar de forma directa la estabilidad y el futuro de la zona euro.
Francia, como ya dijimos hace algunos meses, puede convertirse este año en un dolor de cabeza adicional en una ya complicada Europa. Y no sólo porque mantiene en estado casi puro un modelo de bienestar inviable y una presencia pública en la economía excesiva, sino, sobre todo, porque, a diferencia de Italia o España, Francia no ha reconocido nunca la necesidad de hacer cambios profundos en su modelo. Ninguno de los candidatos maneja un lenguaje de reformas profundas, ni del sector público francés, ni del modelo de protección social, ni del sector bancario, pese a que la deuda pública francesa no es pequeña tras muchos años seguidos de déficit público y pese a que los Bancos franceses estuvieron en el epicentro de la crisis del pasado verano y otoño tras los comentarios de la antes Ministra de Finanzas francesa y ahora Directora del FMI, Christine Lagarde.
Lo que está sucediendo en la Bolsa francesa nos recuerda a lo que comentábamos la semana pasada sobre los mercados de la zona euro a mediados de marzo, antes de que se desatase la turbulencia de abril. Hay factores de riesgo que están a la vista de todos, pero nadie quiere fijarse en ellos ni los da ninguna importancia por el momento. Es como si todo estuviese bien.
Por eso es importante seguir lo que pase en Francia en las dos próximas semanas, ya que en el debate de las elecciones los ciudadanos franceses van a tener que pronunciarse sobre temas de fondo. Temas que son relevantes para resolver la crisis de la eurozona. En la variante electoral que parece ganadora se ve, en cierto modo, el paradigma de una forma de entender la salida a la crisis que a nuestro juicio está justamente en las antípodas de lo que de verdad hace falta. Una forma de salir de la crisis que propone ampliar el Estado en lugar de reducirlo, incrementar la burocracia, multiplicar la regulación como si más normas equivaliesen a mejores normas, mantener aparatos y empresas por el mero hecho de que están ahí, y considerar sagrados los numerosos compromisos presupuestarios creados al calor de la burbuja de la deuda pública de las dos últimas décadas. Compromisos que se visten bajo la apelación a un teórico "estado del bienestar" que, en realidad, hace tiempo ha dejado de ser sinónimo de protección a los más débiles o necesitados, para convertirse en el coto de quienes saben aprovecharlo porque conocen bien sus recovecos.
Todo esto no es gratis, sino que ataca la competitividad, y hace daño a la economía productiva. Supone más impuestos, más trabas a la empresa, y menos competitividad. Supone succionar crédito disponible para pagar aparatos administrativos que sobran o para subvencionar gastos que se disfrazan de "sociales" cuando no lo son. De nada vale que, tras esas políticas, se gaste tiempo y esfuerzo en el famoso y estéril debate sobre el "modelo productivo".
Habrá que ver como se posiciona Francia ante todo esto en la segunda vuelta de las francesas, el 6 de mayo, que coincide con las elecciones en Grecia y con las regionales en Schleswig-Holstein, Alemania. Casi a continuación, el 31 de mayo, es el referéndum irlandés para aprobar el pacto fiscal de la zona euro. Un calendario político endiablado que puede dar lugar a nuevas turbulencias.
La pregunta, decíamos antes, es si los mercados van a tener impulso para subir. Ese impulso podría venir o de los resultados empresariales o de buenos datos económicos.
Esta semana hay muchos resultados importantes y también datos macro como el PIB americano del primer trimestre o datos de confianza tanto en EEUU como en la zona euro. La semana pasada vimos resultados en los Bancos americanos, como Citi, Morgan Stanley o Bank of America, que batieron previsiones, y también en Microsoft, McDonalds y Coca Cola. Los buenos resultados empresariales y el acuerdo del G 20 para reforzar con más de 400.000 millones de dólares al FMI deberían dar cierto soporte a las Bolsas a corto plazo.
Pero, dado el calendario electoral mencionado y dado que algunos índices, como el S&P o el Dax, no están baratos pese a los recientes recortes, preferimos ser defensivos. Nos atrevemos a tomar posiciones sólo en valores o índices muy castigados, como el español y en el resto preferimos esperar oportunidades. Para tomar una posición más agresiva nos gustaría ver de verdad el S&P es capaz de volver a superar con fuerza los 1.400 puntos.
Otros artículos de Juan Carlos Ureta
En la última semana el Eurostoxx ha subido un 0,9%, el Dax un 2,5%, el Dow un 1,4%, el S&P un 0,6% y el Shanghai Composite ha recuperado los 2.400 puntos. Solo hemos visto ligeras bajadas en el Nikkei (-0,5%) y en el Nasdaq (-0,4%), aparte de la ya mencionada excepción de nuestro Ibex al caer un 2,9% en la semana. El Ibex perdió el 7.000 y casi llega a los mínimos de marzo de 2009, siendo así que, sin embargo, las dos subastas de letras (martes) y de bonos (jueves) fueron bien, aun subiendo tipos, y el diferencial con el bono alemán también fue bien, aun manteniéndose en niveles muy altos.
Pero lo más interesante ha estado, a nuestro juicio, en el CAC francés, que en la semana previa a la primera vuelta electoral ha conseguido, aupado en parte por la buena subasta del Tesoro francés el pasado jueves, mantenerse plano, pese a que el jueves a última hora de la mañana se difundieron fuertes rumores de posibles rebaja de rating al Tesoro y a los Bancos franceses, y pese a que las encuestas dan como claro favorito a Francois Hollande, ganador de la primera vuelta. Las propuestas de Hollande incluyen la denuncia del pacto fiscal alcanzado en la cumbre europea de 9 de diciembre, así como una fuerte subida de impuestos directos y una rebaja de la edad de jubilación a 60 años. Un cuadro de medidas que en otros momentos habría supuesto una autentica bomba para los mercados, al amenazar de forma directa la estabilidad y el futuro de la zona euro.
Francia, como ya dijimos hace algunos meses, puede convertirse este año en un dolor de cabeza adicional en una ya complicada Europa. Y no sólo porque mantiene en estado casi puro un modelo de bienestar inviable y una presencia pública en la economía excesiva, sino, sobre todo, porque, a diferencia de Italia o España, Francia no ha reconocido nunca la necesidad de hacer cambios profundos en su modelo. Ninguno de los candidatos maneja un lenguaje de reformas profundas, ni del sector público francés, ni del modelo de protección social, ni del sector bancario, pese a que la deuda pública francesa no es pequeña tras muchos años seguidos de déficit público y pese a que los Bancos franceses estuvieron en el epicentro de la crisis del pasado verano y otoño tras los comentarios de la antes Ministra de Finanzas francesa y ahora Directora del FMI, Christine Lagarde.
Lo que está sucediendo en la Bolsa francesa nos recuerda a lo que comentábamos la semana pasada sobre los mercados de la zona euro a mediados de marzo, antes de que se desatase la turbulencia de abril. Hay factores de riesgo que están a la vista de todos, pero nadie quiere fijarse en ellos ni los da ninguna importancia por el momento. Es como si todo estuviese bien.
Por eso es importante seguir lo que pase en Francia en las dos próximas semanas, ya que en el debate de las elecciones los ciudadanos franceses van a tener que pronunciarse sobre temas de fondo. Temas que son relevantes para resolver la crisis de la eurozona. En la variante electoral que parece ganadora se ve, en cierto modo, el paradigma de una forma de entender la salida a la crisis que a nuestro juicio está justamente en las antípodas de lo que de verdad hace falta. Una forma de salir de la crisis que propone ampliar el Estado en lugar de reducirlo, incrementar la burocracia, multiplicar la regulación como si más normas equivaliesen a mejores normas, mantener aparatos y empresas por el mero hecho de que están ahí, y considerar sagrados los numerosos compromisos presupuestarios creados al calor de la burbuja de la deuda pública de las dos últimas décadas. Compromisos que se visten bajo la apelación a un teórico "estado del bienestar" que, en realidad, hace tiempo ha dejado de ser sinónimo de protección a los más débiles o necesitados, para convertirse en el coto de quienes saben aprovecharlo porque conocen bien sus recovecos.
Todo esto no es gratis, sino que ataca la competitividad, y hace daño a la economía productiva. Supone más impuestos, más trabas a la empresa, y menos competitividad. Supone succionar crédito disponible para pagar aparatos administrativos que sobran o para subvencionar gastos que se disfrazan de "sociales" cuando no lo son. De nada vale que, tras esas políticas, se gaste tiempo y esfuerzo en el famoso y estéril debate sobre el "modelo productivo".
Habrá que ver como se posiciona Francia ante todo esto en la segunda vuelta de las francesas, el 6 de mayo, que coincide con las elecciones en Grecia y con las regionales en Schleswig-Holstein, Alemania. Casi a continuación, el 31 de mayo, es el referéndum irlandés para aprobar el pacto fiscal de la zona euro. Un calendario político endiablado que puede dar lugar a nuevas turbulencias.
La pregunta, decíamos antes, es si los mercados van a tener impulso para subir. Ese impulso podría venir o de los resultados empresariales o de buenos datos económicos.
Esta semana hay muchos resultados importantes y también datos macro como el PIB americano del primer trimestre o datos de confianza tanto en EEUU como en la zona euro. La semana pasada vimos resultados en los Bancos americanos, como Citi, Morgan Stanley o Bank of America, que batieron previsiones, y también en Microsoft, McDonalds y Coca Cola. Los buenos resultados empresariales y el acuerdo del G 20 para reforzar con más de 400.000 millones de dólares al FMI deberían dar cierto soporte a las Bolsas a corto plazo.
Pero, dado el calendario electoral mencionado y dado que algunos índices, como el S&P o el Dax, no están baratos pese a los recientes recortes, preferimos ser defensivos. Nos atrevemos a tomar posiciones sólo en valores o índices muy castigados, como el español y en el resto preferimos esperar oportunidades. Para tomar una posición más agresiva nos gustaría ver de verdad el S&P es capaz de volver a superar con fuerza los 1.400 puntos.
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