Sí hay que hacer respetar las instituciones
Independientemente del grado de desafección, escepticismo o directamente pereza intelectual que pudiera ofrecer el panorama político, suceden algunos eventos que no deben pasarnos inadvertidos, so pena de caer en un estadio aún peor que los anteriores, esto es, la indolencia que no deja de ser pasotismo, con cierto grado de elaboración.
Formamos parte -somos- la nación, encarnada por el Estado, y gestionada por el Gobierno. Y cualquier descrédito inmerecido; cualquiera actitud inapropiada con las personas, las instituciones en las que se ve representada la sociedad española, la nación, nos afecta, nos devalúa a todos.
Comenzando por esa campechana presentación del presidente de la Comisión Europea, Sr. Juncker, a nuestro reciente presidente del Gobierno, Sr. Sánchez: “Este es el chico nuevo”, que me recordaba la canción de Eagles, que recomiendo escuchar a los lectores más jóvenes, ‘New kid in town’. Entre las muy variadas posibilidades y formatos de presentación del reciente Presidente Sánchez, la empleada por el Sr. Juncker no sé, se aleja de los usos diplomáticos tradicionales. Es como si en Murcia, y haciéndolo con la mejor intención, se dijera “aquí está el zagal”. Y no lo digo con doble intención.
Pero es que acto seguido o paralelamente, una expedición gubernamental catalana nos pone, digamos, a parir en Washington equiparando al Estado español, a su nación, a su sociedad, con una dictadura siniestra, que encarcela a gente por sus ideas políticas. Esto es intolerable. Y lo han hecho a la primera que han podido tras el 155. Expedición, me imagino, financiada por los Presupuestos Generales del Estado. Excelente la actuación del embajador sr. Morenés, y excelente también el apoyo y posicionamiento del ministro de Asuntos Exteriores, sr. Borrell al representante en USA de nuestro Servicio Exterior.
Y prácticamente con la misma sincronía, el Jefe del Estado, el Rey Felipe VI tiene que entregar los Premios Princesa de Girona poco menos que en el reservado de un restaurante, porque ninguna institución pública de la ciudad ha accedido a poner a disposición de este relevante acto institucional ninguna dependencia oficial.
Añádasele a esto el nulo seny empleado para con las altas instituciones del Estado y del Gobierno de España con ocasión de los Juegos Mediterráneos en Tarragona y, directamente, se nos caen los palos del sombrajo. Huelga incidir de nuevo en la señalética republicana en distintas zonas del Estado.
Con la profusa producción legislativa y reglamentaria española, cuasi industrial, vamos a ver si encontramos un hueco para una Ley de defensa y protección de las Instituciones y los símbolos. Debemos tomarnos en serio esta cuestión.
Un instrumento que, sencillamente y por lo menos, proteja la dignidad de todos nosotros.
Haciendo que se respeten las Instituciones. Y que las Instituciones nos respeten.





















