Apoyos públicos, dudas privadas
Las subidas por las que apostábamos al finalizar nuestro anterior comentario se han producido, efectivamente, en la más corta de lo habitual semana posterior a las vacaciones, pero no han sido suaves, sino bastante intensas. El Dow Jones subió en la semana un 2,5%, el S&P un 1,9%, el Nikkei un 1,7%, el Eurostoxx un 2,5%, y el Ibex un 2,7%. En Asia, sin embargo, excluido Japón, las cosas no fueron tan bien. El índice de Bombay (BSE 30) cayó un 2,4% en la semana, y el Shanghai Composite perdió un 3,3%, cerrando de nuevo la semana por debajo de los 3.000 puntos.
La clave de las subidas europeas y americanas ha estado, en parte, en los resultados empresariales, pero sobre todo hay que buscarla en los mensajes emitidos el miércoles por Ben Bernanke, presidente de la FED. El mensaje de Bernanke se puede resumir en la promesa de que no faltará el apoyo público a las Bolsas y a los mercados financieros y que ese apoyo será todo el necesario y durante todo el tiempo que sea necesario. Esa es la proposición simple pero clara y efectiva que Bernanke transmitió a los inversores el miércoles y por ello no es extraño que la respuesta de los inversores haya sido Bolsas al alza, oro subiendo fuertemente, y dólar derrumbándose.
El cuadro que nos dejan los mercados esta semana tiene, a nuestro juicio, una explicación básica que ya adelantábamos en nuestro comentario anterior: habrá más inflación para resolver el problema de la Gran Deuda. Esto impulsa a los activos no monetarios, entre ellos a las Bolsas. Se ha optado, en definitiva, por la política más "digerible" a nivel social, aunque no sea la política más ortodoxa.
El apoyo público parece así garantizado, pero la duda surge en la otra parte de la ecuación, en el dinero "privado". Y ahí las dudas siguen, y son más fuertes que nunca. La revisión a la baja del PIB americano, que solo ha crecido un 1,8% anualizado en el primer trimestre, y los problemas persistentes en la deuda europea, con los bonos griegos, irlandeses y portugueses en niveles de tipos de interés sencillamente insostenibles (el bono griego a dos años ha alcanzado un tipo del 25%) inquietan a los inversores serios. Igualmente el descalabro del dólar, que esta semana marcaba nuevos mínimos tras el discurso de Bernanke normalmente va a generar turbulencias en otros mercados.
En cierto modo, se está poniendo de manifiesto una paradoja que es ya evidente en la deuda periférica europea pero que podría extenderse a otros mercados. En la deuda griega o irlandesa hemos visto como al recibir esos países el dinero público de los rescates, los inversores privados exigen tipos de interés cada vez más altos para comprar bonos griegos o irlandeses, y además compran cada vez menos bonos, de forma que se va trasvasando financiación privada al sector público. Esa dinámica es no solo peligrosa, sino, además, llevada al extremo, insostenible, ya que no hay dinero público suficiente para suplir la sequía del mercado.
Lo mismo puede pasar en los mercados en general. Si los apoyos públicos, monetarios o fiscales, no se ven acompañados de la confianza privada, al final la cosa no funcionará, porque el apoyo público se agotará y si no hay relevo privado todo se caerá. Por eso es muy importante y a la vez muy delicada la actuación de los responsables de la política económica y monetaria. Lo que se haga no valdrá de nada si no inspira confianza a los agentes privados. No se puede de forma indefinida mantener artificialmente a los mercados.
Esta idea puede verse desde otro ángulo, al que apuntaba recientemente Nassim Taleb, el autor del "Cisne Negro". Decía Taleb que los sistemas en los que artificialmente se elimina la volatilidad tienden a provocar turbulencias a gran escala en algún momento, ya que al evitar los ajustes necesarios, esos ajustes se producen luego de golpe y de forma violenta.
Desde el punto de vista técnico, la gran noticia de la pasada semana es que el futuro del S&P ha roto de forma clara el nivel 1.335 y cerró el viernes en 1.360 puntos. Esto quiere decir que los 1.400 puntos o incluso 1.500 puntos que algunos pronosticaban para el S&P a fin de año ya están más cerca, alimentados por la enorme liquidez de apoyo y por los buenos resultados empresariales.
Sin embargo, en esta semana en la que conoceremos datos macro de cierta relevancia, entre otros los ISM de manufacturas y servicios y el informe de empleo de abril en la economía norteamericana, y en la que todavía hay algunos resultados empresariales importantes (BBVA, BNP, Siemens, Societé, BMW...) pero ya menos, nuestra posición es claramente de cautela, pese a haber roto al alza el S&P resistencias técnicas importantes.
La situación de las divisas, la fortísima subida del petróleo y el oro, el desplome del dólar, los niveles mínimos de volatilidad, con el futuro del Vix en 16,7 al cierre del viernes, y la cada vez peor situación de la deuda periférica europea nos hacen ser cautelosos al empezar mayo tras un mes de abril que ha cerrado con fuertes subidas en las Bolsas.
La clave de las subidas europeas y americanas ha estado, en parte, en los resultados empresariales, pero sobre todo hay que buscarla en los mensajes emitidos el miércoles por Ben Bernanke, presidente de la FED. El mensaje de Bernanke se puede resumir en la promesa de que no faltará el apoyo público a las Bolsas y a los mercados financieros y que ese apoyo será todo el necesario y durante todo el tiempo que sea necesario. Esa es la proposición simple pero clara y efectiva que Bernanke transmitió a los inversores el miércoles y por ello no es extraño que la respuesta de los inversores haya sido Bolsas al alza, oro subiendo fuertemente, y dólar derrumbándose.
El cuadro que nos dejan los mercados esta semana tiene, a nuestro juicio, una explicación básica que ya adelantábamos en nuestro comentario anterior: habrá más inflación para resolver el problema de la Gran Deuda. Esto impulsa a los activos no monetarios, entre ellos a las Bolsas. Se ha optado, en definitiva, por la política más "digerible" a nivel social, aunque no sea la política más ortodoxa.
El apoyo público parece así garantizado, pero la duda surge en la otra parte de la ecuación, en el dinero "privado". Y ahí las dudas siguen, y son más fuertes que nunca. La revisión a la baja del PIB americano, que solo ha crecido un 1,8% anualizado en el primer trimestre, y los problemas persistentes en la deuda europea, con los bonos griegos, irlandeses y portugueses en niveles de tipos de interés sencillamente insostenibles (el bono griego a dos años ha alcanzado un tipo del 25%) inquietan a los inversores serios. Igualmente el descalabro del dólar, que esta semana marcaba nuevos mínimos tras el discurso de Bernanke normalmente va a generar turbulencias en otros mercados.
En cierto modo, se está poniendo de manifiesto una paradoja que es ya evidente en la deuda periférica europea pero que podría extenderse a otros mercados. En la deuda griega o irlandesa hemos visto como al recibir esos países el dinero público de los rescates, los inversores privados exigen tipos de interés cada vez más altos para comprar bonos griegos o irlandeses, y además compran cada vez menos bonos, de forma que se va trasvasando financiación privada al sector público. Esa dinámica es no solo peligrosa, sino, además, llevada al extremo, insostenible, ya que no hay dinero público suficiente para suplir la sequía del mercado.
Lo mismo puede pasar en los mercados en general. Si los apoyos públicos, monetarios o fiscales, no se ven acompañados de la confianza privada, al final la cosa no funcionará, porque el apoyo público se agotará y si no hay relevo privado todo se caerá. Por eso es muy importante y a la vez muy delicada la actuación de los responsables de la política económica y monetaria. Lo que se haga no valdrá de nada si no inspira confianza a los agentes privados. No se puede de forma indefinida mantener artificialmente a los mercados.
Esta idea puede verse desde otro ángulo, al que apuntaba recientemente Nassim Taleb, el autor del "Cisne Negro". Decía Taleb que los sistemas en los que artificialmente se elimina la volatilidad tienden a provocar turbulencias a gran escala en algún momento, ya que al evitar los ajustes necesarios, esos ajustes se producen luego de golpe y de forma violenta.
Desde el punto de vista técnico, la gran noticia de la pasada semana es que el futuro del S&P ha roto de forma clara el nivel 1.335 y cerró el viernes en 1.360 puntos. Esto quiere decir que los 1.400 puntos o incluso 1.500 puntos que algunos pronosticaban para el S&P a fin de año ya están más cerca, alimentados por la enorme liquidez de apoyo y por los buenos resultados empresariales.
Sin embargo, en esta semana en la que conoceremos datos macro de cierta relevancia, entre otros los ISM de manufacturas y servicios y el informe de empleo de abril en la economía norteamericana, y en la que todavía hay algunos resultados empresariales importantes (BBVA, BNP, Siemens, Societé, BMW...) pero ya menos, nuestra posición es claramente de cautela, pese a haber roto al alza el S&P resistencias técnicas importantes.
La situación de las divisas, la fortísima subida del petróleo y el oro, el desplome del dólar, los niveles mínimos de volatilidad, con el futuro del Vix en 16,7 al cierre del viernes, y la cada vez peor situación de la deuda periférica europea nos hacen ser cautelosos al empezar mayo tras un mes de abril que ha cerrado con fuertes subidas en las Bolsas.





















