Hay una mayoría silenciosa
No es un concepto nuevo, pero que es necesaria su existencia y, más aún, su visualización en momentos como los que vivimos. Momentos en los que todos aquellos que pierden privilegios o poder en la necesaria remodelación del Estado están tratando de paralizarla por todos los medios disponibles a su alcance.
Salidas a la calle, manifestaciones, insumisión de comunidades autónomas, recursos ante el Tribunal Constitucional, etc., etc., toda una serie de medidas, unidas a una demagogia cínica e interesada, a través de las cuales se atacan las medidas que hay que tomar, por doble vía: calificándolas de innecesarias y nefastas y desprestigiando, a su vez, al gobierno que las está tomando.
No voy a recordar aquí cuales son las causas de “nuestra crisis”, son harto conocidas, pero creo útil reflexionar sobre tanta oposición y tanta protesta salida a la luz, que están dificultando nuestra recuperación económica, política y democrática.
La demagogia ataca medidas secundarias y marginales, de pequeño contenido económico, pero que son proclives a ser titulares de prensa. El aborto, negar asistencia corriente – no las urgencias – a los sin papeles, hacer que profesores amplíen algo sus horarios, subir las tasas por estudios universitarios, etc., etc., son el chocolate del loro de unas reformas de mucho mayor calado e importancia, como cortar privilegios de la clase política, la reforma de la administración incluido el funcionariado, la reforma de la estructura del Estado, donde deben privar austeridad y eficacia en aras de menor coste para el administrado y mayor rapidez en la resolución de solicitudes y problemas del ciudadano, la ley electoral, etc.
Aquí, en esta segunda parte es donde duele. ¿Creen ustedes que los sindicatos salen a la calle para defender a los funcionarios- incluido profesores –degradados y disminuidos en sus nóminas?, ni yo, ni ellos se lo creen. Salen tratando de perpetuar sus privilegios, sus horas libres y lo bien tratados que están por el Estado. Igual ocurre con esas comunidades insumisas, o con la leal oposición e incluso la de dentro del partido del gobierno, que se las han llevado de mil maneras y que ven peligrar las bolsas de fraude barato, los fondos reservados y los privilegios que ellos mismos se aprueban.
Ahí es donde duele. Ahí, que es donde hay que reformar realmente, donde el Gobierno ha declarado que va a profundizar hasta corregir los errores pasados, donde va a meter tijera en competencias dobles, empresas y entidades sin contenido – solo para crear puestos de trabajo a dedo – en duplicidades sin cuento, y en todo aquello, senado, consejeros asesores, ayuntamientos irreales, etc., etc., que están de más en un país que no se merece el trato que le hemos dado.
Y, por lo expuesto, viene el título de estas letras. Todo y todos los que tenían que protestar ya lo ha hecho. Son rápidos, tienen una buena estructura, quieren pasar página, y volver al poder. Pero ya han dado todos la cara y son los que son y ni uno más. Ahora somos los demás lo que hemos de dar la cara de forma más activa y de forma más visible, es la gran mayoría silenciosa, la que trabaja, la que no le gusta a veces lo que hace el gobierno, pero aplaude lo que está haciendo, la que no está de acuerdo con que se toque el sueldo a funcionario pero quiere que el funcionario profesional trabaje sus horas, y atienda sin demoras, y cumpla, y que el político no derroche y que se reforme todo lo que haya que reformar incluido el Código Penal y la Constitución si fuera necesario.
Esta mayoría silenciosa debe estar dispuesta a salir a la calle si es preciso, no convocada por partidos, sindicatos, iglesia, etc., sino por la necesidad de las profundas reformas que pide la sociedad civil.
Más artículos de Eugenio Pedreño en su blog del Círculo de Economía
Salidas a la calle, manifestaciones, insumisión de comunidades autónomas, recursos ante el Tribunal Constitucional, etc., etc., toda una serie de medidas, unidas a una demagogia cínica e interesada, a través de las cuales se atacan las medidas que hay que tomar, por doble vía: calificándolas de innecesarias y nefastas y desprestigiando, a su vez, al gobierno que las está tomando.
No voy a recordar aquí cuales son las causas de “nuestra crisis”, son harto conocidas, pero creo útil reflexionar sobre tanta oposición y tanta protesta salida a la luz, que están dificultando nuestra recuperación económica, política y democrática.
La demagogia ataca medidas secundarias y marginales, de pequeño contenido económico, pero que son proclives a ser titulares de prensa. El aborto, negar asistencia corriente – no las urgencias – a los sin papeles, hacer que profesores amplíen algo sus horarios, subir las tasas por estudios universitarios, etc., etc., son el chocolate del loro de unas reformas de mucho mayor calado e importancia, como cortar privilegios de la clase política, la reforma de la administración incluido el funcionariado, la reforma de la estructura del Estado, donde deben privar austeridad y eficacia en aras de menor coste para el administrado y mayor rapidez en la resolución de solicitudes y problemas del ciudadano, la ley electoral, etc.
Aquí, en esta segunda parte es donde duele. ¿Creen ustedes que los sindicatos salen a la calle para defender a los funcionarios- incluido profesores –degradados y disminuidos en sus nóminas?, ni yo, ni ellos se lo creen. Salen tratando de perpetuar sus privilegios, sus horas libres y lo bien tratados que están por el Estado. Igual ocurre con esas comunidades insumisas, o con la leal oposición e incluso la de dentro del partido del gobierno, que se las han llevado de mil maneras y que ven peligrar las bolsas de fraude barato, los fondos reservados y los privilegios que ellos mismos se aprueban.
Ahí es donde duele. Ahí, que es donde hay que reformar realmente, donde el Gobierno ha declarado que va a profundizar hasta corregir los errores pasados, donde va a meter tijera en competencias dobles, empresas y entidades sin contenido – solo para crear puestos de trabajo a dedo – en duplicidades sin cuento, y en todo aquello, senado, consejeros asesores, ayuntamientos irreales, etc., etc., que están de más en un país que no se merece el trato que le hemos dado.
Y, por lo expuesto, viene el título de estas letras. Todo y todos los que tenían que protestar ya lo ha hecho. Son rápidos, tienen una buena estructura, quieren pasar página, y volver al poder. Pero ya han dado todos la cara y son los que son y ni uno más. Ahora somos los demás lo que hemos de dar la cara de forma más activa y de forma más visible, es la gran mayoría silenciosa, la que trabaja, la que no le gusta a veces lo que hace el gobierno, pero aplaude lo que está haciendo, la que no está de acuerdo con que se toque el sueldo a funcionario pero quiere que el funcionario profesional trabaje sus horas, y atienda sin demoras, y cumpla, y que el político no derroche y que se reforme todo lo que haya que reformar incluido el Código Penal y la Constitución si fuera necesario.
Esta mayoría silenciosa debe estar dispuesta a salir a la calle si es preciso, no convocada por partidos, sindicatos, iglesia, etc., sino por la necesidad de las profundas reformas que pide la sociedad civil.
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