Letra menuda
Tan complicado debe de ser hacer lo contrario de lo que se dice como decir lo opuesto a lo que se piensa. El presidente del Gobierno se ha instalado en esa dinámica y unas veces forzado por la herencia recibida que figura en la base de datos del PP como cortafuegos, y otras debido a la furia de los elementos endógenos y exógenos, no cesa de derrapar con la estridencia propia de un turismo tuneado con media docena de bacaladeros a bordo en un rally urbano.
Lo que empieza a fallarle a Mariano Rajoy es la medida del tiempo. Porque una cosa es prometer en noviembre que no subirá los impuestos e incrementarlos en enero, o garantizar que no se va a meter la tijera en sanidad y educación en diciembre y descalabrar el sistema en abril con la complicidad de las autonomías afines, o asegurar que la reforma laboral no abaratará el despido y dejarlo reducido a un saldo unos meses después, por ejemplo, y otra bien distinta afirmar a las once de la mañana de un lunes que no tiene intención de inyectar dinero público a la banca para aliviarla -aunque como es habitual en él dejando a renglón seguido la puerta abierta a dicha posibilidad- y que cuando todavía el eco de sus palabras no se ha apagado nos enteremos de que hay un plan en marcha con una dotación milmillonaria para salvar a Bankia de los efectos tóxicos causados por la exposición al ladrillo del conglomerado fusionado.
Como parece imposible que semejante bandazo sea producto de la improvisación, habrá que convenir en que su discurso posee una letra menuda que no lee en público si no tiene las bifocales sobre la nariz. En cualquier caso, e independientemente de las bondades que la medida pueda reportar de cara al saneamiento del sistema financiero, el jefe del Ejecutivo corre el riesgo de acabar padeciendo una tartamudez similar a la de aquellos niños zurdos a los que en el colegio se les obligaba a escribir con la mano derecha atándoles la izquierda a la espalda. Aunque de momento los daños de su contradictoria actitud solo se estén traduciendo físicamente en la aceleración de la pérdida capilar de su coronilla, no es descartable que acaben afectando al hemisferio cerebral que rige su sistema motriz. Vamos, igual que ha afectado a la sensibilidad del personal recordar que el sustituto de Rodrigo Rato al frente de la entidad es un técnico que se prejubiló del BBVA con un suculento fondo de pensiones y una sabrosa indemnización y cuyo apellido, para más inri, es tan impronunciable como el nombre del volcán islandés que hace un año y pico puso patas arriba el tráfico aéreo mundial.
Legal todo, faltaría más. Como probablemente era ajustado a la tradición interna, oral o escrita, que el expresidente de la CAM Modesto Crespo cobrara dietas de 300.000 euros de una sociedad vinculada a la caja. En la foto de portada de este peiródico, Crespo comprobaba el bruñido de las uñas o reparaba en una cutícula pertinaz, vaya usted a saber, mientras echaba balones fuera en la comisión de investigación de las Cortes Valencianas. "Mi papel no era ejecutivo", dijo durante el interrogatorio para autoexculparse. Pues claro: su papel era papel moneda. Y de esos polvos vienen estos lodos que nos bloquean la tráquea y nos impiden respirar.
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Lo que empieza a fallarle a Mariano Rajoy es la medida del tiempo. Porque una cosa es prometer en noviembre que no subirá los impuestos e incrementarlos en enero, o garantizar que no se va a meter la tijera en sanidad y educación en diciembre y descalabrar el sistema en abril con la complicidad de las autonomías afines, o asegurar que la reforma laboral no abaratará el despido y dejarlo reducido a un saldo unos meses después, por ejemplo, y otra bien distinta afirmar a las once de la mañana de un lunes que no tiene intención de inyectar dinero público a la banca para aliviarla -aunque como es habitual en él dejando a renglón seguido la puerta abierta a dicha posibilidad- y que cuando todavía el eco de sus palabras no se ha apagado nos enteremos de que hay un plan en marcha con una dotación milmillonaria para salvar a Bankia de los efectos tóxicos causados por la exposición al ladrillo del conglomerado fusionado.
Como parece imposible que semejante bandazo sea producto de la improvisación, habrá que convenir en que su discurso posee una letra menuda que no lee en público si no tiene las bifocales sobre la nariz. En cualquier caso, e independientemente de las bondades que la medida pueda reportar de cara al saneamiento del sistema financiero, el jefe del Ejecutivo corre el riesgo de acabar padeciendo una tartamudez similar a la de aquellos niños zurdos a los que en el colegio se les obligaba a escribir con la mano derecha atándoles la izquierda a la espalda. Aunque de momento los daños de su contradictoria actitud solo se estén traduciendo físicamente en la aceleración de la pérdida capilar de su coronilla, no es descartable que acaben afectando al hemisferio cerebral que rige su sistema motriz. Vamos, igual que ha afectado a la sensibilidad del personal recordar que el sustituto de Rodrigo Rato al frente de la entidad es un técnico que se prejubiló del BBVA con un suculento fondo de pensiones y una sabrosa indemnización y cuyo apellido, para más inri, es tan impronunciable como el nombre del volcán islandés que hace un año y pico puso patas arriba el tráfico aéreo mundial.
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