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Opinión |
Miércoles, 16 de Mayo de 2012

Los vicepresidentes de la CAM estaban In albis

Los tres ex vicepresidentes de la CAM dejaron claro durante su comparecencia ante la comisión de investigación de Las Cortes Valencianas que vivían en la inopia. Estar en el organigrama, estaban, pero, al parecer, como "okupas". Lo cual no impedía que su función de papadores de moscas les reportara pingües ingresos y una posición de relevancia social nada desdeñable dentro del capítulo reservado a los intangibles. Eran testigos presenciales que se limitaban a asentir sobre todo aquello que los máximos responsables de la caja les ponían frente a las narices en la mesa del consejo de administración. O sea que su presunta responsabilidad en la deriva que condujo a la entidad a la quiebra, a la intervención por parte de un Banco de España que tampoco estuvo fino en su misión de vigía y timonel y a la venta al módico precio de un euro -irrigación dineraria mediante a través de esa especie de eructo que pronunciamos FROB- únicamente tiene un atenuante avalado por el refranero: "ojos que no ven, corazón que no siente". ¿Cómo iban a ser conscientes los pobres del cenagal en el que estaban metidos si los líderes no solo les hurtaban información sino que además les mentían descaradamente?

El candor que el ex triunvirato esgrimió para convencer a sus señorías de que el reparto de culpas no casa con la redistribución de beneficios movería a risa si no fuera por el contexto. En un ambiente de depresión económica y social generalizado, en el que ya tenemos una idea bastante aproximada de quiénes son los auténticos muñidores de la crisis, donde las medidas que nos iban a salvar de la debacle se muestran inoperantes cinco meses después de que los populares lanzaran su magistral órdago a la grande, y en el que se imponen sacrificios insoportables a los sujetos que deberían ser el principal objetivo del rescate, la risa y la sonrisa se han convertido en un bien escaso al que se aferran el ministro Luis de Guindos y su homólogo Cristóbal Montoro para intentar transmitir confianza a falta de otros argumentos más sólidos.

La austeridad proclamada por el Gobierno central y por los autonómicos chirría en medio de declaraciones como las efectuadas por los ex vicepresidentes. Igual que chirrían, más si cabe, los desfiles en los tribunales de la cuadrilla de conseguidores involucrados en el caso Gürtel, o los detalles del entramado en el que está involucrado el yerno del Rey Iñaki Urdangarín, cuyo plebeyo nombre era un talismán que bastaba como garantía para que sus empresas recibieran dinero público y privado a manos llenas. Como decía una oyente en una emisora de radio en un debate a propósito del aniversario del 15-M, la austeridad es no tener nada que llevar a la mesa a la hora de comer. Los altos cargos de la CAM, aparte de prebendas, por no llevarse ni siquiera se llevaban trabajo a casa para comprobar que todo estaba en orden. Aunque seguramente no nos encontremos ante una cuestión legal, sino moral, alguien debería recordarles que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Por si lo captan.

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