El desafío económico digital
Paremos un momento, y pensemos por un instante en lo que nos rodea. Todo en nuestra existencia cotidiana se resume en algún género de aportación de las nuevas tecnologías comunicativas o informativas, que parten del mismo punto con diferentes resultados. El dinero, la gestión del trabajo, los estudios y sus posibilidades, el ocio, los viajes, los propios medios de comunicación masiva, el transporte, la conservación de productos y la explotación más eficaz de los servicios… todo absolutamente se resume en la puerta de entrada o en la de salida, esto es, en todo el itinerario del proceso -lo que se conoce actualmente como "trazabilidad"-, en un artilugio, sistema o modelo incardinado en las nuevas técnicas y tecnologías, y, por supuesto, en sus enormes posibilidades económicas y/o de desarrollo.
Estamos totalmente radiografiados, seguidos al milímetro, por unos modelos de trabajo y de convivencia que se han visto sustancialmente alterados en las últimas tres décadas (sobre todo, en la última), de modo que, si oteáramos lo que antes hacíamos y lo que ahora realizamos, con toda seguridad veríamos el impactante cambio que hemos llevado a término durante estos años, muy pocos en definitiva, con altas dosis de resultados y con otra utilización -más rentable, mucho más, al menos en teoría- de lo que más vale en una sociedad moderna, el tiempo, que ha de ser gestionado, también, por máquinas, de la mejor manera posible. Recordemos que pagamos un peaje por ello.
Evitar las brechas
El ritmo actual es imparable y demoledor, ingente. Además, las cifras económicas nos acompañan. Miles de millones de euros se gastan todos los días en crear, mantener y renovar el parque tecnológico, que crece de manera exponencial e imparable. Satélites, cableado por medio mundo, Internet con todas las prestaciones, búsquedas aceleradas e implacablemente perfectas, imágenes y televisiones por doquier, etc. Nada parece escapar al avance de una máquina que no siempre se define en su presencia, pero que casi siempre lo hace con sus actos. El 'Gran Hermano', el 'Big Brother', está en todas partes. Incluso la crisis padece golpear mucho menos en este ámbito, pues, en el peor de los escenarios, se ve como estratégico. De ahí que nadie quiera quedarse atrás.
El lado que debemos mirar sin perturbarnos en exceso es el de la brecha que se produce tanto en nuestro mal llamado primer mundo como en los mundos sucesivos que nos acompañan en este bello planeta azul denominado Tierra. Planteemos los desafíos como opciones salvables, necesariamente superadoras de la realidad, desde el objetivo común del desarrollo de todos y cada uno de los seres humanos que habitamos los diversos Continentes. La evolución, si no se basa en equilibrios, cae tras la cresta de la ola. Es lo mismo que ocurre cuando pensamos únicamente en las finanzas, que, tras el incremento, descienden. Son los ciclos de la vida. Recordemos que "no hay mirada más allá, si no miramos, previamente, más cerca". Quizá en los contemporáneos tiempos de crisis debemos mudar, pacientemente, los pronósticos y los objetivos, sobre todo cuando se entrecruza lo tecnológico y lo económico. Esperemos que la tormenta y las prisas no impidan que veamos de verdad lo que ocurre día a día.
Estamos totalmente radiografiados, seguidos al milímetro, por unos modelos de trabajo y de convivencia que se han visto sustancialmente alterados en las últimas tres décadas (sobre todo, en la última), de modo que, si oteáramos lo que antes hacíamos y lo que ahora realizamos, con toda seguridad veríamos el impactante cambio que hemos llevado a término durante estos años, muy pocos en definitiva, con altas dosis de resultados y con otra utilización -más rentable, mucho más, al menos en teoría- de lo que más vale en una sociedad moderna, el tiempo, que ha de ser gestionado, también, por máquinas, de la mejor manera posible. Recordemos que pagamos un peaje por ello.
Evitar las brechas
El ritmo actual es imparable y demoledor, ingente. Además, las cifras económicas nos acompañan. Miles de millones de euros se gastan todos los días en crear, mantener y renovar el parque tecnológico, que crece de manera exponencial e imparable. Satélites, cableado por medio mundo, Internet con todas las prestaciones, búsquedas aceleradas e implacablemente perfectas, imágenes y televisiones por doquier, etc. Nada parece escapar al avance de una máquina que no siempre se define en su presencia, pero que casi siempre lo hace con sus actos. El 'Gran Hermano', el 'Big Brother', está en todas partes. Incluso la crisis padece golpear mucho menos en este ámbito, pues, en el peor de los escenarios, se ve como estratégico. De ahí que nadie quiera quedarse atrás.
El lado que debemos mirar sin perturbarnos en exceso es el de la brecha que se produce tanto en nuestro mal llamado primer mundo como en los mundos sucesivos que nos acompañan en este bello planeta azul denominado Tierra. Planteemos los desafíos como opciones salvables, necesariamente superadoras de la realidad, desde el objetivo común del desarrollo de todos y cada uno de los seres humanos que habitamos los diversos Continentes. La evolución, si no se basa en equilibrios, cae tras la cresta de la ola. Es lo mismo que ocurre cuando pensamos únicamente en las finanzas, que, tras el incremento, descienden. Son los ciclos de la vida. Recordemos que "no hay mirada más allá, si no miramos, previamente, más cerca". Quizá en los contemporáneos tiempos de crisis debemos mudar, pacientemente, los pronósticos y los objetivos, sobre todo cuando se entrecruza lo tecnológico y lo económico. Esperemos que la tormenta y las prisas no impidan que veamos de verdad lo que ocurre día a día.





















