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Opinión |
Miércoles, 10 de Julio de 2019

Un turista accidental en Corvera

[Img #64147]Aterricé en Murcia el 4 julio, a mediodía; una exorbitante luminosidad y un radiante sol, me dieron la bienvenida a la Costa Cálida. Y tan radiante como el astro rey me recibió un aeropuerto reluciente, deslumbrante, inconmensurable… Inconmensurablemente silencioso. Sus pasillos desiertos, la zona de embarque huérfana de pasajeros, la facturación sin apenas nada que facturar, la cafetería con sólo dos clientes (posiblemente dos empleados) sentados -frente a frente- en la misma mesa con aire cansino, espacios vacíos por doquier que hablaban por sí mismos... Una extraordinaria tranquilidad se apoderaba del entorno…  

 

[Img #64148]Para cerciorarme de que estaba despierto, anoté en mi agenda la fecha, hora y lugar del espectral encuentro: jueves, cuatro de julio de 2019, 11.30h, Aeropuerto de Corvera. A esa hora, los únicos que deambulaban por sus anchurosas dependencias, en gloriosas vísperas del primer fin de semana de julio, eran mis compañeros de vuelo, tan sorprendidos como este turista accidental al escuchar sus propias pisadas atronando en el cristalino pavimento; nuestro vuelo, al parecer una rara avis en el cielo corvereño, había roto de alguna manera la quietud del sosegado paraje.

 

Qué inmensa paz, no obstante, se respiraba en el ambiente, nada parecido al agobiante bullicio del ir y venir de nerviosos viajeros, que se apresuran de aquí para allá mientras escuchan el constante y atronador aterrizar y despegar de incesantes aeronaves, como ocurre -sin ir más lejos- en el aeródromo hermano de El Altet. En cambio, para los recién llegados a Murcia, constituye una valiosísima prebenda poder disfrutar, en pleno verano, del aeropuerto de la séptima capital de España, sin apreturas, sin prisas, sin estrés, sin nadie que les perturbe. En el fondo, nos sentíamos unos privilegiados.

 

[Img #64149]Así me hubiera sucedido a mí, seguramente ésa hubiese sido mi sensación (una sensación de placidez infinita), si este turista escribidor hubiera arribado en ese avión, único que tuve la dicha de ver en mi particular estancia corvereña de cerca de una hora. Pero yo sólo era un espectador de tan formidable espectáculo; un curioso solitario, perdido en la vacuidad del internacional aeropuerto.

 

En efecto, no había podido resistir la tentación; aquel día, cual juvenil reportero, me había acercado a contemplar in situ el despegue de la temporada estival de esta esplendorosa infraestructura aeroportuaria, para la que se habían vendido más de un millón de billetes de avión (Miras dixit). De esta suerte, esperaba encontrar salas repletas de turistas ansiosos, aviones surcando los cielos con intervalos cada vez más cortos, pasajeros apretujándose los unos a los otros, la cafetería a rebosar... En cambio, me topé de bruces con una calma sublime, digna del más exclusivo resort turístico de la tercera edad.

 

Empuñé mi teléfono móvil y, a través de una cámara que nunca dominaré, le dejé hablar por mí. Pero mi impericia fotográfica no impide que las imágenes, que acompañan a estas palabras, no reflejen palpablemente lo que mis aturdidos ojos vieron. Espero que ayuden a comprender mi perplejidad. Turista accidental o periodista aficionado, qué más da: el asombro es el mismo. Y asombrado y abrumado regresé a la capital, alejándome del frescor del oasis de Corvera, con un dejo de tristeza.

 

Desilusionado entré en el tórrido fragor urbano; dañada seriamente la imperecedera ingenuidad de este comunicador que se cree casi todo lo que le dicen. Si llegué a creerme la profecía ‘ramonluisiana’ que proclamaba a los cuatro vientos que este aeropuerto no iba a costar ni un euro, cómo no creerme lo del millón de billetes y lo de las más de 5.300 operaciones aéreas en este verano. Aun es más, todavía me lo creo. Seguramente me equivoqué de hora; y las restantes 23, Corvera estaría a pleno rendimiento. Como ha de estarlo en los próximos vacacionales días, en los que Murcia volverá a batir récords.

 

De cero a 554 millones
Pero para récord histórico la cifra que la Comunidad reclama a la anterior concesionaria, Aeromur (liderada por Sacyr), que asciende a 218,3 millones, incluyendo el dichoso aval del préstamo de los préstamos, probablemente el aval más célebre de nuestro pasado reciente. De esa cantidad, 36,3 millones de euros se exigen como compensación por los daños causados a la Región tras la no apertura de Corvera en 2012, tal y como se establecía en el contrato.

 

A su vez Sacyr pide más de 500 millones. Aquí por pedir que no quede. En concreto, 518 milloncejos por la liquidación del contrato. A tal efecto, Aeromur presentó en diciembre un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia, que contempla además de los presuntos perjuicios sufridos, los costes para la puesta en marcha de la infraestructura (que no llegaría nunca a hacerse efectiva) y el préstamo que la propia Comunidad le reclama. Si le dieran la razón, tras la tortuosa carrera judicial que se avecina, el aeropuerto que no iba a costar ni un céntimo, costaría al menos 554,3 millones de euros (los 518 millones que conseguiría Aeromur, más los 36,3 millones de indemnización que no recibiríamos).

 

Hermoso panorama, el que tenemos por delante; mientras tanto no dejan de aterrizar y despegar aviones en el aeropuerto de nuestros deseos. Ay, si Juan de la Cierva levantara la cabeza...

 

Más expectativas que tráfico
La realidad es tozuda, y a veces nos estropea el más halagüeño de los augurios. Esa fría realidad, que impide que mi loa a Corvera sea completa, dicta que, en los cinco primeros meses del año, se han evaporado en el cielo corvereño 69.000 pasajeros (353.304 frente a los 422.358 en San Javier); con los de junio,  se han perdido más de 70 mil usuarios. Ahora bien, en este verano pasaremos con creces del millón de viajeros. Esas son las previsiones.

 

Sin embargo, ya podemos volar desde Corvera a más de veinte destinos; aunque, entre ellos, se echen clamorosamente en falta vuelos a Madrid y Barcelona. Se insiste, a menudo, que se sigue negociando con varias compañías para fijar servicios con ambas urbes. E incluso se asegura que las conversaciones están bastante avanzadas. Mas, dígase lo que se diga, este verano continuaremos sin ave ni aviones que nos unan a las capitales más pobladas del Reino, que son los principales destinos de los vuelos internacionales que tanto añoramos.

 

No obstante, en cuestión de altos vuelos, nadie como nosotros, murcianos de dinamita. Seguimos siendo los verdaderos ‘campeones de lo inefable’, tanto que somos los únicos del orbe capaces de volar directamente a Manchester United o a Glasgow Rangers… Y si fuera preciso, también a Los Angeles Lakers. Al tiempo.

 

Linkedin: Hipólito Martínez

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