Materia de estudio
Es posible que muchos de los niños que vinieron al mundo con un cheque-bebé firmado por Zapatero bajo el brazo estén incluídos en la nómina de los dos millones de chavales que, según el último informe de Unicef, viven en España por debajo o en el límite del umbral de la pobreza.
Lo cual no deja de ser una constatación más del largo camino que, en sentido inverso, hemos recorrido desde que aún creíamos que nadábamos en la abundancia hasta el actual momento procesal en el que nos ahogamos en la miseria. Si los recortes en la enseñanza pública se lo permiten, esta tropilla de tiernos infantes estudiará en el incierto futuro, con o sin bono-libro, con o sin beca universitaria, los motivos que abocaron a sus progenitores a reducirles el rancho diario y a hurtarles una infancia en la que se hicieron adultos de la noche a la mañana a base de asumir en sus carnes las frustraciones y limitaciones de los mayores.
Con un poco de suerte y mucha dedicación por parte de sus formadores, puede que obtengan respuesta a algunas de las preguntas que nos formulamos quienes peinamos canas, o ni eso. A lo mejor alcanzan a entender cómo es posible que un ex director general de una caja de ahorros, pongamos la CAM, se niegue a responder en sede parlamentaria a las interpelaciones de los diputados en la comisión de investigación creada para intentar averiguar las causas que condujeron a la entidad al desastre amparándose en que al estar inmerso en una investigación judicial no procede de momento dar explicaciones a la plebe. A estas alturas del drama sabíamos que la soberanía popular no reside en los parlamentos, pero ignorábamos que ocupara despacho en los juzgados.
No es descartable, incluso, que en su proceso de aprendizaje alguien les facilite los datos éticos y económicos necesarios para comprender cómo se puede estar al frente de una entidad cobrando fuertes sumas de dinero por ello y garantizándose el porvenir propio y el de su descendencia sin tener ninguna responsabilidad en la catástrofe, como hizo en Les Cortes la sucesora del anterior en el cargo. Es más, tal vez consigan asimilar los motivos objetivos, más allá del imperativo estatutario, que convierten en presidente en funciones de otra caja -un suponer, Bancaja- a un vicepresidente que también almacena cuitas pendientes con la Justicia. Y matrícula de honor tendrá garantizada la chiquillería actualmente sin horizonte en el caso de que consigan resolver un teorema que permite a un gobierno -el español, para abreviar- nombrar auditor del sistema financiero patrio a una sociedad evaluadora norteamericana "independiente" que eligió a un banco irlandés el mejor del mundo poco antes de que se fuera al garete por manirroto.
Dentro del amplio temario sobre el desbarajuste, la primera lección la dio el vicesecretario general del PP en el congreso regional celebrado en Alicante. Después de congratularse por todo lo que se había hecho en la Comunitad a lo largo de los últimos lustros -que ya son ganas de negar la mayor-, Esteban González Pons se situó por debajo del umbral de la miopía al afirmar que a lo mejor había faltado un pelín de vigilancia. Claro que también se dirigió a Fabra en plan ditirambo con un "!Oh capitán, mi capitan!" que nos remitió inmediatamente al Club de los Poetas Muertos.
Otros artículos de Jesús Alonso:
Lo cual no deja de ser una constatación más del largo camino que, en sentido inverso, hemos recorrido desde que aún creíamos que nadábamos en la abundancia hasta el actual momento procesal en el que nos ahogamos en la miseria. Si los recortes en la enseñanza pública se lo permiten, esta tropilla de tiernos infantes estudiará en el incierto futuro, con o sin bono-libro, con o sin beca universitaria, los motivos que abocaron a sus progenitores a reducirles el rancho diario y a hurtarles una infancia en la que se hicieron adultos de la noche a la mañana a base de asumir en sus carnes las frustraciones y limitaciones de los mayores.
Con un poco de suerte y mucha dedicación por parte de sus formadores, puede que obtengan respuesta a algunas de las preguntas que nos formulamos quienes peinamos canas, o ni eso. A lo mejor alcanzan a entender cómo es posible que un ex director general de una caja de ahorros, pongamos la CAM, se niegue a responder en sede parlamentaria a las interpelaciones de los diputados en la comisión de investigación creada para intentar averiguar las causas que condujeron a la entidad al desastre amparándose en que al estar inmerso en una investigación judicial no procede de momento dar explicaciones a la plebe. A estas alturas del drama sabíamos que la soberanía popular no reside en los parlamentos, pero ignorábamos que ocupara despacho en los juzgados.
No es descartable, incluso, que en su proceso de aprendizaje alguien les facilite los datos éticos y económicos necesarios para comprender cómo se puede estar al frente de una entidad cobrando fuertes sumas de dinero por ello y garantizándose el porvenir propio y el de su descendencia sin tener ninguna responsabilidad en la catástrofe, como hizo en Les Cortes la sucesora del anterior en el cargo. Es más, tal vez consigan asimilar los motivos objetivos, más allá del imperativo estatutario, que convierten en presidente en funciones de otra caja -un suponer, Bancaja- a un vicepresidente que también almacena cuitas pendientes con la Justicia. Y matrícula de honor tendrá garantizada la chiquillería actualmente sin horizonte en el caso de que consigan resolver un teorema que permite a un gobierno -el español, para abreviar- nombrar auditor del sistema financiero patrio a una sociedad evaluadora norteamericana "independiente" que eligió a un banco irlandés el mejor del mundo poco antes de que se fuera al garete por manirroto.
Dentro del amplio temario sobre el desbarajuste, la primera lección la dio el vicesecretario general del PP en el congreso regional celebrado en Alicante. Después de congratularse por todo lo que se había hecho en la Comunitad a lo largo de los últimos lustros -que ya son ganas de negar la mayor-, Esteban González Pons se situó por debajo del umbral de la miopía al afirmar que a lo mejor había faltado un pelín de vigilancia. Claro que también se dirigió a Fabra en plan ditirambo con un "!Oh capitán, mi capitan!" que nos remitió inmediatamente al Club de los Poetas Muertos.
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