Imagen: El Eco de Jumilla
Con la vendimia ya comenzada, los productores de uva ya hablan de ruina total. No tanto por la cantidad o calidad de la uva, si no por los precios que marcan los bodegueros. En cuanto a la cantidad, la falta de lluvias ha mermado el rendimiento de las viñas hasta en un 30 por ciento, que se contrarresta con una calidad superior: más azúcares y mayor grado de alcohol. Por tanto, ahí no estaría el principal problema, si no en la falta de rentabilidad económica, con unos precios impuestos que en el mejor de los casos alcanzará los 36 céntimos de euro por kilo para una graduación media de 12 grados de alcohol en las variedades que se cultivan en los campos de la Región.
Las organizaciones agrarias denuncian un año más cómo los agricultores llevan sus cosechas a las bodegas sin saber cuánto van a recibir por su trabajo. La única excepción son aquellos que tuvieran contrato previo con bodegas concretas para elaborar vinos concretos, pero son los menos. La mayoría de la producción de la Región se destina a la elaboración de vino de mesa y en un porcentaje muy alto, precisamente para la exportación a granel.
Otro problema añadido para los viticultores es el exceso de stock acumulado por los bodegueros de la pasada cosecha, lo que provoca que la demanda sea inferior a la alcanzada en años anteriores y ante una ley de oferta y demanda, los precios aún son hasta un 15% más bajos que anteriores campañas.
Con estas perspectivas, desde las organizaciones agrarias que cada año son más los agricultores que deciden arrancar viñas y optar por otros cultivos más rentables como la almendra, cuyo precio se ha revalorizado en los últimos años.

