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Opinión | Emprendedor global
Miércoles, 25 de Septiembre de 2019
Pablo Cantero y Paco Méndez

Australia en la guerra comercial entre EE UU-China

 

En el año 2012, muchos analistas pensaban que Australia tenía una posición estratégica para aprovechar los cambios económicos en la región Asia-Pacífico liderados por China, de tal manera que el país podría gozar de una privilegiada situación con dos grandes socios: China y EE UU.

 

Siete años después, las cosas comienzan a parecer mucho más complicadas y Australia debe decidir hacia qué potencia orientarse, pues la guerra comercial de Donald Trump con China amenaza con desmantelar la economía global y la posición privilegiada de Australia.

 

Sin embargo, lo más curioso es que la clase política de EE UU tiene una rara unidad con respecto a China, con un apoyo bipartidista para tomar medidas duras sobre comercio, propiedad intelectual y defensa. Australia corre el riesgo de verse acorralada y obligada a elegir entre su aliado estratégico más importante, Estados Unidos, y su socio comercial más importante, China. Podría reducirse a una elección entre democracia y ganancias.

 

Andrew Walter, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Melbourne, dice que el impacto a corto plazo de la guerra comercial no es mucho de qué preocuparse en Australia, pero las preguntas a largo plazo sobre la posición estratégica son mucho más serias y debe equilibrar su dependencia económica de China con su dependencia estratégica de los Estados Unidos.

 

De acuerdo con este experto, si las relaciones entre EE UU y China continúan deteriorándose, Australia se situará en una posición muy difícil a largo plazo, pues no puede mantenerse al margen de las disputas comerciales indefinidamente, ni tampoco resistir la presión comercial ni política sin tomar una decisión en un sentido u otro.


Cuando la disputa comercial comenzó hace 18 meses por los aranceles al acero y al aluminio, no parecía ser una situación que fuese a afectar a largo plazo, pero desde entonces, Trump ha aumentado constantemente la presión hasta el punto en que ha señalado que se aplicarán aranceles a casi todas las importaciones chinas a los EE UU, e incluso ha ordenado a las empresas estadounidenses que comiencen a salir de China, a lo que Pekín ha respondido con gravámenes que afectan principalmente a la importación de alimentos.

 

Incluso entonces, la disputa comercial no ha sido mala para Australia, hasta ahora. La exportación a China de productos industriales como el mineral de hierro y el carbón son la base de su superávit comercial y ha ido progresivamente al alza. Además, las exportaciones de gas natural licuado se han disparado gracias a los aranceles del 25% sobre las exportaciones estadounidenses a China y tambié hay oportunidades para el sector agrícola.


Por ejemplo, hay más compradores chinos de algodón australiano, frutas y nueces, ya que se aplicaron aranceles a los productos estadounidenses. El valor de las exportaciones de almendras a China aumentó un 107% en 2018-19. Por otro lado, los aranceles chinos también significan que los productos estadounidenses, como el aceite de canola, una vez destinados a China, ahora buscan nuevos compradores y compiten con las exportaciones australianas a Europa. Lo mismo está sucediendo con las exportaciones de carne australiana a Japón.

 

La economía australiana también podría beneficiarse si un patrón de patrón similar se repitiera en las industrias de servicios. La educación, en forma de estudiantes chinos que acuden a estudiar a este país, es la cuarta exportación en valor monetario de Australia después del carbón y el hierro. Si la situación política entre EE UU y China continúa deteriorándose, Pekín puede alentar a los estudiantes a no estudiar en universidades estadounidenses y optar por una educación en Australia. Lo mismo ocurre con el turismo, aunque el número de visitantes chinos a Australia, que sigue al alza.

 

En los últimos meses, EE UU ha estado presionando a sus aliados para que dificulten la entrada de empresas chinas a mercados estratégicos y, de hecho, ha conseguido que Reino Unido no suscriba contratos públicos con el gigante Huawai, por lo que indudablemente Australia tendrá que demostrar qué prefiere: apostar por su mejor cliente, China, o por su aliado estratégico, EE UU.

 

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