El sector calcula que cada año se consumen en Europa productos falsificados por valor de 505 millones de euros
Con motivo de la celebración, mañana día 7 de junio, del Día Mundial Antifalsificaciones, la Confederación Española de Comercio ha instado al Gobierno a que ejecute medidas con carácter de urgencia que dinamicen el sector incidiendo en aquellos problemas que verdaderamente afectan a la supervivencia del pequeño y mediano comercio. Según afirman los comerciantes, la venta de productos falsificados y la competencia desleal son uno de ellos, dado el grave perjuicio que ocasionan este tipo de prácticas sobre el comercio, el empleo, y la economía de nuestro país sin olvidar el grave riesgo que conlleva para la salud y la seguridad de los consumidores.
En este sentido, el presidente de la CEC, Manuel García-Izquierdo, alerta que de seguir proliferando la venta de falsificaciones el pequeño y mediano comercio sufrirá una importante pérdida de competitividad y de empleo. “El impacto negativo que este negocio ilícito tiene para nuestro sector es evidente y se va a traducir, si no se pone freno al mismo, a que en los próximos años miles de comercios se vean abocados al cierre, comercios que por su parte sí cumplen con las garantías de trazabilidad y calidad de sus productos y pagan sus impuestos contribuyendo a generar riqueza, empleo y bienestar social.”
En contra de lo que muchos consumidores piensan, este delito afecta no solo a las grandes compañías de lujo sino también a muchas pequeñas y medianas empresas que tienen en la marca uno de los activos más valiosos de su negocio.
Según el Estudio “El consumidor ante las falsificaciones. 2010” elaborado a instancias de la Asociación Nacional para la Defensa de la Marca (ANDEMA), cabe estimar en 505 millones de euros el consumo de productos falsificados por parte del consumidor de forma voluntaria y desde Europa, se estima que las falsificaciones hacen que se deje de ingresar cerca de 60.000 millones de euros. Además, este comercio ilegítimo supone un importante foco de economía sumergida y sus beneficios se destinan en muchas ocasiones a financiar la explotación laboral, el terrorismo y la corrupción, afirma ANDEMA.
“ La competencia desleal –continúa García Izquierdo- que supone la venta de este tipo de productos no sólo va a implicar la desaparición de parte de nuestro tejido comercial sino un deterioro de la imagen de nuestras ciudades y, por supuesto, una clara pérdida económica y social”.
Además conviene prestar atención a la proliferación de la venta de productos falsificados en Internet. “El comercio electrónico, señala el Presidente de la CEC, se ha incrementado considerablemente en el último año y a pesar de sus ventajas, también genera peligros. Se trata de vigilar este nuevo canal y establecer sanciones proporcionales para evitar un mayor perjuicio para el comercio tradicional que cumple con las garantías que exige la legalidad”.
En este sentido, el presidente de la CEC, Manuel García-Izquierdo, alerta que de seguir proliferando la venta de falsificaciones el pequeño y mediano comercio sufrirá una importante pérdida de competitividad y de empleo. “El impacto negativo que este negocio ilícito tiene para nuestro sector es evidente y se va a traducir, si no se pone freno al mismo, a que en los próximos años miles de comercios se vean abocados al cierre, comercios que por su parte sí cumplen con las garantías de trazabilidad y calidad de sus productos y pagan sus impuestos contribuyendo a generar riqueza, empleo y bienestar social.”
En contra de lo que muchos consumidores piensan, este delito afecta no solo a las grandes compañías de lujo sino también a muchas pequeñas y medianas empresas que tienen en la marca uno de los activos más valiosos de su negocio.
Según el Estudio “El consumidor ante las falsificaciones. 2010” elaborado a instancias de la Asociación Nacional para la Defensa de la Marca (ANDEMA), cabe estimar en 505 millones de euros el consumo de productos falsificados por parte del consumidor de forma voluntaria y desde Europa, se estima que las falsificaciones hacen que se deje de ingresar cerca de 60.000 millones de euros. Además, este comercio ilegítimo supone un importante foco de economía sumergida y sus beneficios se destinan en muchas ocasiones a financiar la explotación laboral, el terrorismo y la corrupción, afirma ANDEMA.
“ La competencia desleal –continúa García Izquierdo- que supone la venta de este tipo de productos no sólo va a implicar la desaparición de parte de nuestro tejido comercial sino un deterioro de la imagen de nuestras ciudades y, por supuesto, una clara pérdida económica y social”.
Además conviene prestar atención a la proliferación de la venta de productos falsificados en Internet. “El comercio electrónico, señala el Presidente de la CEC, se ha incrementado considerablemente en el último año y a pesar de sus ventajas, también genera peligros. Se trata de vigilar este nuevo canal y establecer sanciones proporcionales para evitar un mayor perjuicio para el comercio tradicional que cumple con las garantías que exige la legalidad”.


