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Rescatados por los amigos de Mariano

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El cuarenta de mayo del año de gracia de nuestro señor de dos mil y doce, amanecimos rescatados por los amigos del presidente del Gobierno español que le han prestado unos euros para salir del aprieto. Decir cien mil millones de euros es como decir nada porque no cabe en cabeza humana el número de reales que puede suponer tamaña cantidad. Y si es una cosa inabarcable mejor olvidarse de ello, que es lo que parece decirnos Mariano a mandíbula batiente a la vez que hace el signo de la victoria. Asunto resuelto, me voy a ver el partido de la roja. Un día de estos se dejará ver por las Ventas y más adelante se regalará una etapa de Le Tour de la France en primera línea de pedaleo. Somos así, para lo bueno y para lo malo, para el folklore y para el adviento, para lo cómico y para lo dramático. Aunque esto rima con el sainete.

Somos un país de excesos; por eso no podíamos ser menos que cualquiera otro país europeo en apuros: nosotros pedimos sólo cien  mil millones de euros, un poco de calderilla para pasar el verano que se presenta caluroso y tal y como se ha puesto la tarifa de la luz, puede que no nos llegue para el aire acondicionado y los helados. Con esa calderilla rescatamos a Portugal, Irlanda y parte de Grecia, pero nosotros nos lo gastaremos sólo en sanear la banca porque tiene un discreto ajuste contable, nada serio, algo de andar por casa pero que, por el qué dirán, conviene taparlo para el fin de semana porque van a venir los vecinos y no está bien que vean los desconchones en la salita no sea que den en pensar que no somos lo que parecemos. Gracias a Mariano y a De Guindos podemos darle un barniz de cierta solera a las paredes y a la fachada y después del verano ya veremos. La huelga de los mineros del Norte de España es un decorado perfecto sacado de los Episodios Nacionales para dar acomodo y relumbrón al éxito de nuestros patricios.

Vivimos en el país de los equívocos, de la sirte y la perífrasis, de los errores declarados y de los errores no reconocidos, porque aún no ha nacido político en este país que reconozca que no es infalible. Y sin embargo ni siquiera los políticos creen en sí mismos porque nadie practica el arte del entendimiento, la obligación de entenderse, la necesidad de convivir y la lógica de que si no hablamos no nos entenderemos.

Escribe el riojano Pérez-Orive que  los españoles cometemos cinco errores: confundimos  el orden con la organización, el trabajar con gente con trabajar en equipo, la lucha de clases con la paz social, que confundimos al líder con el liderazgo y la caridad con la filantropía. Y tiene razón, pero se queda corto. Hay podemos añadir otro error más: llamar préstamo a la necesidad de rescate de esa banca española tan generosa en la jubilación de los suyos y tan obsequiosa cuando se juega los dineros que no les pertenece. Es decir, confundir préstamo de amigos con rescate financiero por países terceros. Lamentablemente, esto también lo pagaremos entre todos los españoles mientras los políticos cuentan sus votos y los economistas sus dineros.

Sólo que los niños que han nacido hoy tienen empeñada media vida por los mercados y la otra media por los amigos de Mariano Rajoy a cuenta de esa calderilla que le han prestado.

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