
Quiero comenzar este primer día con un agradecimiento a MurciaEconomía por darme la oportunidad de acercarme a sus lectores de esta manera tan de tú a tú, en esta sección llamada “Entre tú y yo” en la que cada semana miraremos, reflexionaremos y analizaremos desde una perspectiva curiosa la vida pasar.
Me presento, me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. No sé qué me ha pasado, ahora lo veo todo desde otra dimensión. Ayer al salir de casa, no tuve que abrir la puerta, la atravesé y me sentí poderosa, podía escuchar todas las conversaciones sin que nadie me viera y sacar mis conclusiones desde el más allá...¡Habrá que aprovecharlo! -pensé- creo que me he quedado en una especie de limbo y que aún tengo cosas que hacer por aquí, en el mundo de los humanos. Me resulta divertido.
Al pasar el umbral, me encontré con dos vecinos (que no me vieron, claro) y pude escucharlos salvando el mundo cada uno con sus teorías sobre el miedo. Comentaba uno de ellos que tenía que tomar una decisión que lo estaba paralizando y que debido a ello, estaba entrando en pánico, que necesitaba ayuda inmediata y que no sabía qué hacer. Jorge, que era el inquilino del ático, le respondía con una reflexión que me hizo aplaudir desde mi cuerpo ahora invisible, aplausos sin sonido ni picor de manos. Me sentí muy identificada con lo que dijo:
- Querido amigo, el miedo es esa sensación de peligro que nos invade en ocasiones y nos paraliza ante determinadas elecciones, frente a esas decisiones que tienen que afrontarse sí o sí. ¿Quién no ha sentido esa emoción básica que nos protege cuando se siente en su justa medida, pero nos paraliza cuando supera el límite entre el equilibrio y el exceso? Pues ese miedo que sentimos y que a veces nos produce emociones desmedidas, está a un clic de esfumarse si lo miramos de frente y le plantamos cara. Pedro, todo está en la mente y lo importante es reconocerlo y afrontarlo.
- Pero, ¿cómo lo hago Jorge?
- Pues dándole miedo al miedo. Cuando estamos en esa paralización ante la decisión de nuestra vida, no vemos más allá de esa espiral en la que estamos inmersos, pero depende de nosotros dejar de alimentarla y frenar en seco. La mente no es capaz de sentir dos emociones contrarias al mismo tiempo así es que cuando ante una decisión importante sentimos mucho miedo lo que debemos hacer es ese clic que nos permita convertir el miedo en valor, el pánico en coraje, y las decisiones en amigas. ¡Démosle la vuelta a la tortilla, amigo!
- Menudo psicólogo estás hecho Jorge, yo que te tenía por el musculitos del ático…
La verdad es que yo también he tenido siempre esa percepción de Jorge, de que era un chico frívolo e indiferente y ahora tras escucharle me doy cuenta de que a veces nos equivocamos, ciñéndonos a esquemas mentales que solo obedecen a los prejuicios y gracias a lo que he podido oír, desde mi condición etérea, he entendido que debo confesar a los míos que soy un fantasma. Aquí, en el lugar en el que me encuentro (aunque realmente no sé muy bien donde estoy), percibo que no existe el miedo porque siento que nada me puede dañar y eso me produce felicidad. Ojalá pudiera transmitirle a Pedro que el secreto para no sentir miedo es vivir como si cada día fuera el último e infundirle también la valentía necesaria para tomar sus decisiones libres de cualquier obstáculo y de cargas emocionales repletitas de complejos y frustraciones. De alguna forma lo haré...
Los dos vecinos se despidieron de manera amistosa y me quedé con una placentera sensación al pensar que este sería el primer encuentro de muchos de los que tendré la oportunidad de presenciar y quién sabe si en alguno de ellos podré participar.
Feliz Viernes.



