
El Gobierno ha vuelto a lograr el apoyo de la quinta la prórroga del estado de alarma que estará vigente hasta las 00.00 horas del 7 de junio. Pedro Sánchez ha comprobado este miércoles en el Congreso cómo varios de los socios que hicieron posible su investidura se alejan de él por pactar de nuevo con Ciudadanos para sacar adelante esta votación.
No sólo los portavoces de ambas formaciones, Gabriel Rufián y Joan Baldoví, sino también otros como el de Más País, Íñigo Errejon, que sí que apoya la prórroga, o los de Bildu y BNG, que se abstienen, han coincidido en advertir a Sánchez de los peligros de acercarse a Ciudadanos en lugar de afianzar sus alianzas más tradicionales.
Sánchez, que ha instado a todos a apoyar la prórroga para "no derrochar" lo conseguido estas semanas de confinamiento, ha recalcado que Ciudadanos no es su socio de Gobierno y ha subrayado que mantiene todos sus compromisos de investidura.
Sánchez ha llegado a este debate con un discurso muy similar al de otras prórrogas, insistiendo en que el estado de alarma es el único instrumento constitucional posible para seguir limitando la movilidad.
Pero también ha sido más incisivo que en ocasiones anteriores en sus advertencias sobre los riesgos que se correrían si no se aprueba esta prorroga para que la desescalada sea ordenada, y la "irresponsabilidad" en la que incurrirían los partidos si ocurriera.
En esta ocasión, no obstante, los reproches más duros para Sánchez han venido de sus hasta ahora socios.
Gabriel Rufián ha acusado a Sánchez de "llevarse por delante, quizá de forma irremediable, el espíritu de la investidura". Un espíritu que, ha dicho, no sólo era "palanca para el progresismo" sino también "un dique de contención al fascismo".



