
Hablando por videoconferencia con mi amiga Paloma, una niña preciosa de 5 años, compruebo que no ha tenido el virus que da fiebre y tos, pero sí tiene el virus del ‘NO’ y lo noto porque está nerviosa, protesta, llora, se queja, va en contra de lo que dice mamá, incluso durante la conexión, estuvo poseida como la niña del exorcista, dando cabezazos contra el cojín. Y le digo: “Tú lo que tienes es el CoroNOvirus”. El bichito del ‘no’ que aparece cuando estamos irritados, descolocados, no vemos a los amiguitos y no hacemos las mismas cosas.
Al igual que a Paloma, en otras casas se viven guiones parecidos: “Levántate ya”, “ponte a hacer los deberes”, “vístete”, “ordena”. Al día siguiente, “levántate”, “ordena”, “deberes”, “conéctate a la clase online” … Atrapados en el tiempo como la película del día de la marmota. Y se repiten y combinan los gritos, los reproches y amenazas de los padres para activar la parte adulta del hijo que no sabe planificarse todavía, con la desgana, desmotivación del hijo que no puede procesar la situación de trabajar en vacaciones mentales. Y no se saldrá del bucle hasta que nos organicemos de otra manera, entre otras cosas porque los niños no están haciendo deberes en casa, los niños están haciendo tareas escolares, aprendiendo multiplicaciones con llevadas, tablas de multiplicar, poliedros y el verbo como acción.
Hablando de acción, me centro en la vuelta a otra realidad social y familiar. La pandemia continúa, la economía se reactiva, pero la educación y la sanidad llevan otro ritmo. Y entonces, nos toca convertirnos en padres todoterrenos, con estrés negativo, llamado distrés, para poder conciliar el teletrabajo, con el telecolegio, con las teleactividades y todo revuelto con rutinas locas. Ahí es donde se cuela el virus del ‘NO’, con todos sus síntomas molestos de protestas, quejas, “me aburro”, “después”, “no quiero”.
Hay remedios caseros con fecha de caducidad para intentar conciliar o reducir los síntomas virales del negativismo como dejar aparcados a los niños delante de las tecnologías, ocio general o hacer todo por ellos, pero la verdadera vacuna para el virus del ‘NO’ consiste en establecer rutinas regulares, límites claros y firmes de tareas académicas y familiares. Los padres seguimos siendo padres con o sin pandemia, con o sin trabajo, con o sin tiempo y debemos adaptarnos a las necesidades y realidades con nuevas fórmulas, intentando ser para nuestros hijos unas manos fuertes, cariñosas, sabias y presentes. Y si dejando todo claro, normas y consecuencias, hay trampas en el juego, nos toca hacer cumplir los límites establecidos, callando previamente el ruido interno que suena con música de tiburón que no nos deja actuar con claridad. Ese ruido nos hace olvidar las necesidades de nuestros hijos de orden y tranquilidad en momentos de caos emocional; ese ruido suma síntomas molestos que contagia más a la familia.
Como le decía a Paloma y a su madre, llenar vuestras mochilas invisibles de pompas y no de piedras, cuento extraído del libro “De mayor quiero ser… feliz”. Como antídoto del coroNOvirus, si en vez de negarme a hacer las cosas y en vez de gritar porque no se hacen, nos damos un tiempo para relajarnos y hablar con amabilidad, se pueden calmar ansiedades y reducir el malestar de la situación. Esta vacuna obviamente no está en ningún laboratorio, está en la cocina, en el salón y en la habitación de cada casa.
Hasta la próxima semana queridos lectores de MurciaEconomía.



