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ENTRE TÚ Y YO

Te deseo lo que mereces

Juan Vila Lunes, 01 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:

 

Empieza una nueva semana ni mejor ni peor, es un día normal en una semana más. Un día de esos que toca vivir en el confinamiento descafeinado, un día azul con amanecer en rojo y rosa.

 

Llevas días pensando que esto vivido es una película de algún cineasta americano. Con más presupuesto que el pueblo donde tú vives tu desconexión anual y no es por suerte de la buena o mala, no lo es.

 

Hoy es el primer día de un nuevo día, has dormido con más saltos o menos saltos y por hacerlo intenso, es lunes. Ese día de la semana que tiene la bala en la recámara de las nuevas proposiciones. Hoy lunes comienzo la dieta. ¡Hoy lunes comienzo a correr! ¡Hoy lunes voy a ir a mi primera clase...! Hoy, ¡hoy voy a tener un buen día! ¡Hoy voy a desearme lo que me merezco!

 

Cuando estás tomando ese primer “café” comienza a ser latente el eco de la canción de Viva Suecia: “Te deseo lo que mereces” y lo primero que piensas es en la intensidad de la letra, pero en algún momento ese eco es música y en otro es ruido… Te deseo lo que mereces. ¡TE DESEO LO QUE MERECES!

 

Hoy en tu día tienes visita de María, es frutera y se ha reinventado. Aunque siendo un poco cascarrabias, no deja de ser ella y tener un humor ajeno a tu realidad. No son pocos ni muchos los días que se lo agradeces cuando paras y lo saboreas. Más tarde viene Óscar, panadero de vocación. Es un tipo que no le gusta mucho el trato al público y viendo que su círculo necesitaba de él, se enfundó en una armadura para llevar el pan por las casas. Te podría hablar de la pescadera Carlota que te trae los mejores “pescaitos” y su energía llega dos minutos antes. Siempre viva, con una sonrisa que gana cualquier curva. O del carnicero José que te observa y viendo como tienes el día adapta vuestras conversaciones, pero siempre te da conversación. Lo que tienen en común todos ellos es que tienen miedo y son conscientes de su miedo y han decidido con su armadura protegerse para atacarlo con una sonrisa. O incluso sin armadura, alguna vez que otra.  Y juntos, casi sin ser conscientes, van en el camino para transformar el mundo porque “te deseo lo que mereces” …No han dejado de sonreír aun cuando notas que al darse la vuelta para irse de tu domicilio les atisba el cansancio, pero el ruido va perdiendo contra una melodía para ellos y para ti casi casi igual.

 

¿Cómo son capaces de venir y sonreírme si hace dos días yo no sabía si tenían nombre? Sin esperarlo ves la opción de empezar con pequeños cambios y sumarte a su ejemplo. Como hacen los grandes atletas o los pequeños, como si empezaras una dieta que será un hábito de vida. Comienzas por el principio de tu gran reinvención dando el pistoletazo de salida con pequeños detalles, sonriendo, llamando por su nombre y renaces al decir: “Gracias”.

 

Aunque quizás piensen que agradeces por hacer su trabajo. Todos sabemos que el verdadero motivo es por no haber sucumbido a una realidad paralela. La que se cruza con un despertar nuevo para muchos.  Y puedes ver que día a día es como una gota que va llenando un bonito recipiente, ese recipiente es la persona que eres y lo que generas en los demás, lo que generas en tu entorno o circulo o mundo…

 

Saboreas que el panadero, la frutera, la persona que te ha dejado pasar por la estrecha calle fresca. Al ser tratados como te gustaría a ti ser tratado, doblan su propia curva, esa que nace en la comisura de los labios y provoca relieves de experiencia cerca de las ventanas a su alma, sus ojos.

 

Así, empiezas el día, con una sonrisa, vienes motivado del finde y eres consciente de que los pequeños cambios pueden generar grandes acciones, una transformación. Y van llegando la frutera, el panadero… Te sorprende la respuesta, han sonreído y con educación mientras te hablan de un fin de semana con sabor a arena y sal con un breve paseo y te hace sentir que sigues con tus pasos en el nuevo habito y te vas después de desear que tengan un buen día y ¡gracias!

 

En esta nueva realidad que a veces nos sabe a efímera o volátil, en la que podemos creer que no ha pasado nada y solo han sido unos días grises, experimentamos una oportunidad grande o pequeña, bonita o fea, redonda o cuadrada, pero una oportunidad.

 

Quizás hayas andado el camino cuando mires atrás y veas que esos pequeños gestos fueron una cascada de cambios. Estás construyendo una nueva realidad. Una realidad donde vivirán los hábitos de un pasado y un presente con un sabor a futuro pretérito imperfecto.

Vives un montón de nuevas primeras veces, vives un nuevo festival con tu gemelier, vives un nuevo vaso de leche con cacao acompañado de tu “amistad espejo”. Vives lo que vives y al aceptar pequeños cambios en ti, generas grandes acciones y piensas:  “Voy a dejar el equipaje en la ribera…y quémalo” (Vetusta morla) y retomas “te deseo lo que mereces”, en tu mano queda.

 

Empieza un nuevo día, una nueva oportunidad, una nueva etapa en el camino y los primeros pasos son los que te van diciendo dónde pisas y cómo vas.

 

Gracias por leerme.

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