
Con el cambio de estación, todos nos ponemos manos a la obra para sacar la ropa que corresponde con el calendario. Ardua tarea y más con el cambio climático y los tiempos actuales tan anómalos donde el único complemento indispensable es una mascarilla.
Me pongo manos a la obra y enseguida me encuentro mi baúl de los tesoros. Era la maleta oficial que mi abuelo paterno llevaba para embarcar en su submarino. Nunca lo conocí, pero mi abuela me contó muchas de sus vivencias. Con esa maleta estuvo destinado en Guinea Ecuatorial cuando pertenecía a España y también protegió la bahía de la Concha, en San Sebastián, cuando los Reyes de España pasaban allí sus veranos. Me apasionaban sus relatos e imaginaba que había vivido aventuras parecidas al Capitán Langstrump, el padre de Pippi Calzaslargas, mis libros de cabecera.
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Le tengo tanto cariño, por lo que significa y la cantidad de periplos que ha pasado antes de llegar a mis manos, que decidí guardar en ella todos esos objetos que uso o simplemente guardo porque han significado algo en mi vida.
Cuando quiero encontrar algo especial, siempre acudo a él y encuentro lo que necesito.
Busco y rebusco y me decido a enseñaros o recordaros un juguete instructivo que disfruté mucho en mi infancia, el Model flor de la Srta Pepis, uno de mi Top 10.
Era una caja llena de chapas de doble cara, doradas y plateadas y con los ganchos correspondientes para ir uniéndolas y crear diferentes prendas de vestir.
Lo volví a encontrar en uno de esos hallazgos inesperados en algún mercadillo de la costa. Era de ley reencontrarnos.
Echas la vista atrás y te das cuenta de cómo cambian los tiempos. La variedad de juguetes es incomparable, ahora las revistas de juguetes parecen las antiguas guías telefónicas y la era digital ha copado todos los campos.
Recuerdo, no sin nostalgia, aquellos maravillosos Reyes Magos, donde no se recibían más de tres o cuatro regalos y te pasabas doce meses pensando en ellos.
Actualmente todo se ha desfasado, en los cumpleaños se reciben más regalos que en Reyes y en las comuniones, más que en las bodas.
Más no es mejor.
Aunque no me guste comparar generaciones, pues cada cual vive el momento que le toca, simplemente me apetecía refrescar la memoria de aquellos tiempos. Sigo recordando la emoción de descubrir, después de romper el papel que lo envolvía con las manos temblorosas y una sonrisa nerviosa, el juguete que esperabas tanto tiempo. No puedo olvidar algunos de ellos que marcaron y me acompañaron en mi infancia. La Nancy, con su armario, el cine sin fin, Cinexin, Juegos reunidos Jeyper, el dulcecotón, la familia Hogarin, Magia Borrás, la Tricotosa, también de la Srta. Pepis y sin duda, el regalo estrella, y equivalente a la PlayStation en estos momentos... la ansiada bicicleta BH.
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Después de entretenerme un rato con las chapas, crear un top de lo más vintage y posmoderno que nada tiene que envidiar a un diseño del mismísimo Paco Rabanne y hacer un recorrido emocional por mi feliz infancia, vuelvo a cerrar el baúl de mi abuelo con todos mis “tesoros”. Y no puedo evitar pensar que nada me gustaría más que transmitir mi esencia, gustos e inquietudes, cuando alguien descubra su contenido.
Lo importante es saber de dónde vienes para saber mejor adónde vas.
¡Os espero, con muchas ganas, el próximo viernes!



