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ENTRE TÚ Y YO

El valor del miedo

Juan Vila Lunes, 15 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:

Hace unos meses -en realidad son años, aunque sigue teniendo un sabor a meses y es así por lo intenso, divertido y cuánto aprendí- era luchador. Llámese luchador a esa persona que se ponía un kimono y recibía tanto como daba y buscaba intentos tras intentos de llaves para “finalizar”, hablando el idioma que se decía en el combate.

 

Era verano y un amigo del barrio, se había apuntado a un deporte con uniforme al que llamaba kimono, no tenía ni idea de lo que era y como era. Solo fui y sentí. Siguiendo sus pasos descubrí un nuevo concepto de mi cuerpo, aprendiendo a ser consciente de él. No, no es que me mirara en un espejo y me dijera: ¡Oh! ¡Vaya bíceps que te salen compañero! Consciente de mi cuerpo: brazos, manos, rodillas, piernas… como me podía llegar a desarrollar en ese deporte marcial tan nuevo.

 

Dedicaba horas y horas, días y días, meses y meses a entrenar, a aprender, a luchar y a luchar con mayor o menor soltura. En eso de darlo todo éramos un club reducido, formado por un grupo variopinto de personas y personajes que componían un cuadro de Picasso por sus físicos, mentes y filosofías de vivir. Mi amigo ‘L’ era el que más respeto te podría hacer llegar, aunque ‘R’ era de los más grandes. ‘L’ era y sigo diciendo, es de las personas que más respeto inconsciente debería darnos, es una persona con una fisionomía estilizada y pensando que el tamaño o la fuerza podrían con él. Llegaba y te daba una cura de humildad. Te hacía ser consciente de ti, de tus carencias y de tus limitaciones…Y a su vez, tú eras consciente de lo que podrías crear al ser esponja y sumar habilidades nuevas, nuevas llaves, nuevos ataques como nuevas defensas y el miedo… el miedo, ¿qué pasa con él?

 

Recuerdo un combate en un europeo, Lisboa. Era mi primera vez y el miedo, un oxígeno que se respira. Tanta gente en las gradas, esos tatamis que solo veía por la caja tonta... tanto luchador y luchadora, dar el peso, luego estar en la zona de calentamiento y esperar el turno. Categoría “pesados”. Me llevan -llevan o ¿llaman?- en un idioma que no termino de oír, menos escuchar por lo que nunca entendí cómo me veía en un cuadrado amarillo frente a un gigante saudí… La siguiente imagen que recuerdo fue volar contra la mesa del juez y romperla. El miedo había dominado, me había perdido el respeto y no fuimos socios.

 

No es que tenga una vida marcial llena de combates que no son peleas, pero según iba avanzando iba viviendo otros miedos. Ya no tenía miedo a que me “derribaran o proyectaran”, llámese “derribo o proyectar”. Al momento en el que te ves volando por los aires en contra de tu intención. O ya no sientes miedo al primer agarre, ese que va a ser el mensajero de cómo va a ser la lucha…Todo era, es y será experiencia y con miedo debemos saborear lo que nos da miedo. Lo que te hace centrar todo tu intelecto o psiquis o llámalo ‘X’ en un solo momento; saltamos en el tiempo a un campeonato de Andalucía, el miedo y yo habíamos hablado, nos habíamos comunicado más y mejor y disfrutamos. Esta vez no había mesa rota.

 

El miedo está como siempre ha estado y estará.  Llámalo respeto o etiquétalo a tu gusto.  Te ayuda a regular en algunas situaciones, pero ayudarte no es darte la solución.  Porque si lo alimentas demasiado, él te llevará de la mano sin permitirte ver por dónde pisas.

 

El miedo cambia al ser consciente de él, escúchate… Sí, tengo miedo. Tengo miedo, pero soy consciente de él y se lo que puedo hacer con él, puedo ser quien soy. Soy mi propio artista marcial y aprendo a vivir con miedo.

 

Olvidemos por un momento esta atípica primavera, resetea tu mente, quien te ha robado el mes de abril. Tienes guardado en un recipiente un montón de besos, saludos, muestras de afecto y en una bolsita de terciopelo rojo guardas abrazos. Piensa en cómo es hablar con los ojos a la persona que te nace ver, sin el filtro de las pantallas.

 

Sientes miedo y es normal. Al menos para uno que vive esta columna fuera de su zona cómoda. A quien le gustaría seguir en mi sillón viendo un paisaje de colores al atardecer… Tienes miedo de salir a verte con un grupo de personas de las que no sabes de donde vienen y saber a dónde van algo siembra en tu responsabilidad.

 

No… no me puedo permitir eso. No puedo dejar que el miedo sea mi árbitro, juez, entrenador y sí mi compañero de lucha. Tengo una lucha con él… Él es como ‘L’, no le subestimes porque siendo el más atlético, el que menos peso daba en el juez bascula es quien más respeto daba dentro y fuera del tatami…pero es eso, respeto, responsabilidad, sentido común, pero nunca miedo.

 

En algún momento has salido y has compartido un poco de tu tiempo con otra persona, disfrutas con sentido común y a tu ritmo. Al miedo puedes hablarle, llegar a un acuerdo, elaborar un plan con él. Así que no te invito a no tener miedo, te invito a vivirlo, a sentirlo y a dejar que hable con el resto de ti. Que en tu cabeza no solo viva el miedo, vivan emociones de colores.

 

Si me preguntas si tengo miedo, mi respuesta sería un rotundo y conciso sí. Y al sentarme con él y tomarnos un rooibo hablamos y vimos un sendero por donde ir… Usar el sentido común, recuperar hábitos saludables con su respeto y cariño. Aceptar con su pausa y temple lo que va llegando. Hemos vivido un tiempo parados y estamos todos como locos por salir para recuperar el tiempo perdido y no toca tener prisa. Toca recuperar hábitos.

 

El futuro es del optimista, no del feliz con ceguera. El optimista sabe que han pasado días grises con nubarrones, la realidad ha pasado por nuestra vida como una apisonadora. Apetecen muchas cosas cada día y toca ir ordenando, no sería saludable no tener miedo y si, es una opción ser consciente de él.

 

MIEDO existe y nos regula, nos recuerda el sabor de la arena en el cielo de nuestra boca, la tensión en nuestro esqueleto, la concentración en punto infinito.

 

Recuerda, los miedos existen. Pero hay que saber trabajarlos para superarlos.

 

Feliz Lunes, lectores de MurciaEconomía.

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