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ENTRE TÚ Y YO

Sombras y oscuridad

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 19 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:

A primera hora de la mañana aparecen los pensamientos más absurdos. Se disparan de una manera tan directa que es muy fácil caer en sus redes. El alma bulle, analiza, sentencia, duda, crea un paréntesis continuo que sacude todo el ser, con el peligro de aferrarse demasiado a un ideal que no existe fuera de ese instante y esa situación todavía de ensueño. Pero, ¿qué ideal es ese que impulsa a la no normalidad?

 

En ella es todo trascendental, su vida es el resultado aparentemente pacífico de una vida interior sana: se ve encerrada en sí misma, ha desconectado los cables que la mantienen unida al radiante y hedonista Mundo. Pero la corriente se mantiene por la energía natural de la que no es tan fácil despegarse; coger las diferencias y… echar a correr. Una endeble señal inmutable, casi imperceptible, la enreda más en su solitario rincón. La gente vive; camina sin aparente sufrimiento, y ella siente un único dolor; el que le provoca el exterior implacable, diario. Un propósito: dejarse seducir si es posible sin empeñarse en la sinrazón individual de su espíritu. Solo se le ocurre entonces permanecer en la vida, ir hacia delante, y, a pesar de todo, mirar con consentimiento lo que observa, y enterrar el contenido que ha percibido en su espacio de maduración interior.

 

No sé si he conseguido reflejar, aunque sea un poco a mi personaje. Representa la naturalidad y la sencillez, la vida familiar estable, lo opuesto a la mujer fatal. De hecho, podría ser prototipo de los valores, la sensatez y la cultura, fuera del bullicio y los brillos. Venida del frío y el silencio, pero también lúcida ante el futuro incierto que le espera… me llama la atención su tristeza, su ausencia, la equivocación de un amor lleno de contradicciones.  

 

“Si necesita una actriz sueca, que habla el inglés perfectamente, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés y que del italiano solo sabe decir TI AMO, estoy dispuesta  a acudir para hacer una película con usted”. Con esta austera carta Ingrid Bergman se dirige al director de cine muy en boga en ese momento, como trampolín para Hollywood, que le contesta: “Acabo de recibir su carta con gran emoción, ciertamente he soñado con hacer una película con usted y me esforzaré en que sea posible. Roberto Rosellini estaba preparando el rodaje de Strómboli. Para la actriz empieza la ruptura con su vida anterior, entregada a una pasión que la aparta de todo, aunque para Rosellini, auténtico narcisista, será otra relación más; muy compleja más allá de su sentimiento amoroso. Una serie de incomodidades familiares, celos, amantes, violencias, impide no se consiga la estabilidad. Pero el flechazo debió ser espectacular.

 

Ingrid Bergman, con tres premios Óscar y cinco Globos de Oro, fue un mito del séptimo arte, una de las actrices más prolíficas del siglo XX, desarrolló su carrera en cinco idiomas. El mismo día de sus 67 años falleció después de librar una dura batalla contra el cáncer de mama que no la pudo separar de su arte. Podía ser la más dulce, la actriz con la mirada más serena del cine a la vez que la más perturbadora de las mujeres. Bellísima, elegante, enigmática, inexpresiva; sus primeros planos, casi me atrevería a decir, delatan su introspección, traslucen su trauma interior. Una mujer impenetrable. Siempre. La actriz favorita de mi madre. A mí me gustaba por esa misma razón, y porque yo amaba Suecia ya desde niña.

 

Cuando se escribe ficción siempre está presente algún personaje a quien darle salida, para que resulte creíble la aventura de crear, por el mero encanto del invento. Y recupero a la protagonista de la película RECUERDA de Hitchcock, la doctora Constance Peterson (Ingrid Bergman), que se caracteriza por ser fría y distante, un personaje frágil y valiente que se convierte en una obstinada ayuda hacia su compañero, el doctor Edwards (Gregory Peck), del que se enamora perdidamente cuando intenta que rescate su pasado. El argumento, a partir de una neurosis, crea una intriga criminal que no hubiera sido posible resolver sin esa atracción que se produce a una velocidad tan rápida como el disparo de la flecha, y que supone un arma de investigación para encontrar la verdad. Un juego de puro entretenimiento; donde la emoción, el amor y el suspense se debaten dentro de la influencia de Freud. Y con un Dalí que en su desmedida actualidad aportó el diseño del sueño del protagonista; la solución al rompecabezas que debe solucionar en la escena más importante de la película con una duración de 20 minutos. En esta película el fantástico Hitchcock, el mayor mentiroso de la historia del cine, nos crea una lógica que puede irse al traste si no la adorna de realidad inteligente.

 

¡¡Nos vemos pronto!!

Ángeles Hernández-Gil

           

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