
En mi presentación me declare creyente de las segundas oportunidades, a pesar de su mala prensa. En muchas ocasiones hemos escuchado que “segundas partes nunca fueron buenas”, y aunque en términos generales se refiere a las relaciones sentimentales, yo también incluyo las prendas de vestir y los objetos.
Las primeras son de difícil solución si no se es capaz de reconocer los errores por los cuales se han producido esas rupturas emocionales. Ya sean de pareja, de amistades o familiares. Muchas veces exigimos mucho, más de lo que estamos dispuestos a dar. Solo hay una palabra mágica: cambiar. No es posible seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. La convicción total de no querer perder la relación con un ser querido nos obliga a un esfuerzo conjunto y un trabajo continuo. Eso sí, no todas las personas merecen la segunda oportunidad.
En el segundo caso, echo la vista atrás y recuerdo la época donde obligatoriamente heredabas la ropa de tus hermanos mayores y, cuando tenías la misma talla, la compartías. Éramos una generación de familias numerosas, donde lo normal era aprovechar los armarios y la oferta de tiendas de ropa era muy escasa. La llegada de los grandes almacenes fue un gran acontecimiento social, por el acercamiento de cantidad y variedad en prendas de vestir. Actualmente, es tanta la oferta y la demanda, que ha provocado un crecimiento desmesurado de compras compulsivas. La falta de objetividad a la hora de elegir vestuario hace que llenemos los armarios de prendas que no se adaptan a nuestro estilo, a nuestra talla, a las actividades que realizamos o al “por si acaso”. Mucha ni se estrena o queda amortizada con una puesta. Por todo esto, creo que las prendas deben circular en forma de reventa, customización, intercambio o donaciones. Ayudaría a dar una pequeña tregua a nuestro planeta. Eso sí, no todas las prendas merecen la segunda oportunidad.
Y, por último, los objetos. Venimos de la cultura de “amueblar una casa para toda la vida” a “licenciarnos en montar muebles”, con fecha de caducidad a muy corto plazo.
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Creo que, en el término medio, está la virtud. Debemos aprovechar esos muebles que pueden cambiar su aspecto y ofrecernos algo único. Hoy os presento unas sillas de madera antigua, hechas a mano, con asiento de anea en malas condiciones, que he cambiado radicalmente de color y textura, con cordón en un rosa chicle, dándole una segunda juventud espectacular. Impensable en el momento de su fabricación. Eso sí, no todos los objetos merecen una segunda oportunidad.
![[Img #71714]](https://murciaeconomia.com/upload/images/06_2020/4981_19jchona1ok.jpg)
Por eso hoy me despido planteando una pregunta: “¿Es posible que hayamos dado segundas oportunidades a personas o cosas que nunca se merecieron la primera?
Os dejo reflexionando, y espero otra oportunidad el próximo viernes... ¡feliz semana!



