
Aunque soy animal de costumbres, cuando voy a trabajar siempre intento cambiar el trayecto. Dependiendo si es la ida o la vuelta recorro diferentes calles céntricas de Murcia para hacerlo menos monótono. Hace algunos días tuve la suerte de encontrarme con un escaparate que me detuvo frente a él.
Allí estaba la catedral de Murcia en forma de cuadro, retratada de una manera que antes nunca había visto. Su fachada no estaba plasmada al completo y la gran torre -capaz de verse desde cualquier punto céntrico de la ciudad- dejaba un enorme vacío en el lienzo. Aun así, sus colores cítricos, su forma diluida y su diseño hicieron quedarme ensimismada tras el cristal que separaba la calle de lo que aquello era la Galería de Arte Babel.
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El arte me erizó y desde fuera, pude ver algunos de los ejemplares de la obra tras el escaparate. Detrás de esta exposición, que tiene el nombre de ‘Existencias’, se encuentra el artista Fernando Arribillaga (Alicante, 1984) que dedica su obra completa a la persona que le hizo adentrarse en este bonito oficio, su suegro, José Bartolomé Muñoz Martínez, fallecido el pasado 14 de mayo. El artista quiere rendirle homenaje, no solo por animarle a formar parte del mundo del arte, sino por su “grandísimo espíritu emprendedor en el trabajo responsable e incansable”. Arribillaga asegura que desde el principio confió en su estilo de pintura y le ayudó a crear un espacio para dedicarle tiempo: “Todos los cuadros le encantaban y venía a ver el progreso de cada uno de ellos. Gracias a su confianza y apoyo, decidí dedicarme profesionalmente a la pintura. Ha dejado un gran vacío, pero siempre tendré presente su recuerdo y como ejemplo, sus valores y su forma de vivir”.
De esta manera Arribillaga rinde homenaje al que para él fue, sin duda, un gran hombre y lo hace con esta exposición a la que le ha dado nombre de ‘Existencias’ que indaga en la ciudad como retrato de sus constructores; acercándose al conflicto del paso del tiempo y de las tensiones que soportan estos, mostrando la urbe como imagen de su proceso de existencia. El artista afirma que la construcción de una población nunca se termina de manera definitiva, sino que sus momentos se encadenan unos a otros y vuelven a empezar manteniéndose siempre vivos.
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Fernando se inició en este mundo cuando apenas era un niño e iba a clases de pintura. De pequeño confiesa que ya solía pintar en las cajas de madera de tabaco de sus padres, pero esto cambió y tras su adolescencia se dedicó a la arquitectura donde empezó a estudiar en la Universidad de Alicante. Aun así, unos años más tarde y con la carrera sin finalizar, el artista dejó la arquitectura aparcada para dedicarse de lleno a lo que realmente le hacía feliz: “Mi hija hizo cambiar mi camino. La presenté a un concurso de dibujo y a raíz de ahí decidí dedicarme plenamente al arte. Ahora, que de esto hace ya casi seis años, creo que dejar la arquitectura fue una gran decisión”.
Además, Arribillaga asegura que lo mejor de dedicarse al arte de pintar es poder crear sin tener barreras ni restricciones.
Con esta exposición, que estará vigente en la Galería de Arte Babel hasta el 4 de julio, el artista pretende que el ciudadano pueda recorrer la arquitectura murciana, como si de un cuadro en movimiento se tratara. En definitiva, construye una visión realista de la ciudad; la metrópolis vista como escenarios vacíos donde se ocultan a sus verdaderos protagonistas, las personas.
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La Catedral de Murcia, la plaza de la Cruz, la plaza de los Apóstoles o el Ayuntamiento de Cartagena son algunos de los edificios más emblemáticos que aparecen en esta exposición. Algunos de los cuadros están dibujados desde una perspectiva de picado donde el artista es capaz de mostrar estos lugares como croquis enigmáticos que se convierten en laberintos.
Ser partícipe de la creación en lienzo de edificios como estos fue todo un reto para Fernando, quien confiesa el significado que quiere transmitir con sus obras: “La catedral está pintada en muchos colores, los tonos azules representan el frío del invierno que fue la época en la que empecé a desarrollarlo. También hay tonos rosas y amarillos para representar la alegría y el júbilo de la fiesta que tiene Murcia”.
Y es que los tonos empleados para cada obra varían según la estación del año que está presente mientras se pintan e, incluso, por el estado de ánimo del propio autor, quien busca que en sus cuadros se evoque el recuerdo como en esa foto antigua en blanco y negro que todos tenemos en casa.
Una exposición compuesta por un total de nueve cuadros que te envuelven y te introducen de lleno en la arquitectura regional. Y es que como él mismo se pregunta: “¿Es esta maraña de calles la representación más precisa del alma humana?”.
![[Img #71926]](https://murciaeconomia.com/upload/images/06_2020/4225_foto-2.jpg)
Viniendo del alma o no, el espectador se pasea por el caos de sus lienzos y tras observarlo le devuelve de nuevo al mismo punto de partida; a nosotros mismos, a los creadores y, en definitiva, nos devuelve a la realidad de la ciudad.

